El Ministerio de Salud confirmó que la cifra de víctimas fatales ascendió a 1.430 y que hay 3.238 heridos, mientras cerca de 70.000 personas continúan desaparecidas. El desastre ya supera ampliamente al sismo venezolano de 1967 y vuelve a poner el foco sobre la actividad sísmica en la región.

El saldo humano del devastador terremoto que sacudió el miércoles la costa norte de Venezuela y la ciudad de Caracas continúa agravándose. Según el último reporte difundido por el Ministerio de Salud venezolano, el número de muertos aumentó a 1.430, mientras que los heridos ya suman al menos 3.238. Además, cerca de 70.000 personas permanecen desaparecidas, en medio de las tareas de búsqueda y rescate que continúan en las zonas más afectadas.
Las autoridades mantienen desplegados equipos de emergencia para remover escombros y asistir a miles de damnificados, mientras los organismos oficiales continúan actualizando el balance de víctimas. El nuevo registro convierte al episodio en el terremoto más mortífero de la historia moderna de Venezuela.
Hasta ahora, ese lugar lo ocupaba el terremoto ocurrido en 1967, que dejó 240 víctimas fatales. La magnitud de la tragedia actual supera ampliamente aquel antecedente y representa uno de los mayores desastres naturales registrados en el país.
De acuerdo con Reuters, América Latina concentra una larga historia de terremotos destructivos debido a la compleja interacción de placas tectónicas que caracteriza gran parte del continente, especialmente sobre el denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica del planeta.
Los terremotos más mortíferos de la región
Aunque el desastre venezolano todavía se encuentra lejos de los episodios con mayor cantidad de víctimas registrados en América Latina, ya se ubica entre los eventos sísmicos de mayor impacto humano del continente.
El terremoto más mortífero de la historia latinoamericana continúa siendo el ocurrido en Haití el 12 de enero de 2010. Con una magnitud de 7,0, provocó alrededor de 316.000 muertes, pese a no tratarse del sismo más potente registrado. La elevada densidad poblacional de Puerto Príncipe, la fragilidad de las construcciones y la escasa infraestructura para responder a una emergencia explican gran parte de la magnitud del desastre, según datos recopilados por Reuters a partir de organismos internacionales.
El segundo lugar corresponde a la serie de terremotos que afectó a Ecuador y Colombia en 1868. El movimiento principal, de magnitud 7,7, destruyó numerosas ciudades y dejó alrededor de 70.000 muertos entre ambos países.
En tercer lugar aparece el terremoto de Áncash, Perú, ocurrido en 1970. El sismo de magnitud 7,9 desencadenó el deslizamiento de tierra más letal registrado hasta hoy, cuando una enorme masa de hielo y rocas descendió desde el nevado Huascarán y sepultó ciudades como Yungay y Ranrahirca. El desastre dejó cerca de 66.800 víctimas fatales y alrededor de un millón de personas sin hogar.
La lista continúa con el terremoto de Riobamba, Ecuador, de 1797, que causó unas 40.000 muertes; el de Chillán, Chile, en 1939, con aproximadamente 30.000 fallecidos; el terremoto de Caracas de 1812, que dejó unos 26.000 muertos; el sismo de Arica de 1868, con alrededor de 25.000 víctimas; el terremoto de Guatemala de 1976, con 23.000 fallecidos; el de Cumaná, Venezuela, en 1797, con unas 16.000 muertes; y el terremoto de Mendoza de 1861, que provocó alrededor de 14.000 víctimas fatales.
Los terremotos más potentes registrados en América Latina
La cantidad de víctimas no siempre guarda relación directa con la magnitud del terremoto. En muchos casos, factores como la densidad poblacional, la calidad de las construcciones, la profundidad del sismo y la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia determinan el impacto final.
El terremoto más potente jamás registrado en el planeta ocurrió en Valdivia, Chile, el 22 de mayo de 1960. Alcanzó una magnitud de 9,5 y generó un tsunami que atravesó todo el océano Pacífico.
Entre los eventos de mayor energía liberada también figuran el terremoto de Arica de 1868, estimado en magnitud 9,0; el de Lima y Callao de 1746, también de magnitud 9,0; el de Maule, Chile, en 2010, con magnitud 8,8; y el terremoto frente a las costas de Ecuador y Colombia en 1906, igualmente de magnitud 8,8.
La nómina se completa con los terremotos de Valparaíso de 1730 (8,7), Oaxaca, México, en 1787 (8,6 estimada), Atacama en 1922 (8,5), Chillán en 1939 (8,3) y el terremoto de Ecuador de 1797, también estimado en magnitud 8,3.
En el caso argentino, el terremoto más devastador de la historia ocurrió en Mendoza el 20 de marzo de 1861. Según registros históricos recopilados por Wikipedia, el movimiento alcanzó una magnitud estimada de 7,2, destruyó gran parte de la ciudad y provocó incendios de gran magnitud debido a las lámparas de gas utilizadas en la época. El desastre dejó aproximadamente 14.000 muertos y marcó uno de los episodios naturales más trágicos registrados en el país.

