En un tiempo signado por la pandemia, las crisis y sintomatologías de angustia se han incrementado notoriamente. Durante el período 2020-2021 el 62% de las atenciones por intentos de suicidios y autolesiones se dieron en mayores de 16 años. En lo que respecta a infancias y juventudes, la demanda del dispositivo interdisciplinario del hospital San Felipe supera las 200 consultas mensuales, además de la supervisión de 70 pacientes.

Carolina Mitriani
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La alta demanda de atención en salud mental en San Nicolás ha llevado a que el Ministerio de Salud de la Nación realice una vigilancia durante el año 2021. “En el hospital -desde agosto del 2020- la dirección nos convocó a un grupo de profesionales para dar apoyo a lo que se venía haciendo ya en las escuelas”, relató el Dr. Fernando Alonso. La atención está dirigida a los problemas de aprendizaje, problemas conductuales y emocionales que tomaban a cargo los equipos de orientación de las escuelas; sitios que habían también reforzado sus planteles en vistas del gran número de pacientes a abordar. El psiquiatra retrató que estos “necesitaban un equipo de segundo nivel, donde trabajamos de manera interdisciplinaria para poder localizar un diagnóstico del problema y proponer un tratamiento”.
Este equipo da cuenta del incremento en el número de consultas por síntomas relacionados con problemas psicológicos, sociales, dificultades del aprendizaje y problemas de relaciones interpersonales.
Covid-19
La irrupción de la pandemia ha afectado de manera sensible las estructuras que estaban consolidadas o parecían estarlo. El Dr. Alonso interpreta que “este virus ha provocado que el ser humano se entere de golpe que no es perfecto, que todo no se puede, que no tiene todo bajo control”. A su vez, analiza que “nos hace enterar de una realidad que ya estaba, pero por ahí sumergida en cierta ilusión de que todo podía ser resuelto”.
Para el especialista, la vacuna da una buena señal pero el mundo se ha conmovido a partir del Covid-19 “y San Nicolás no es la excepción a estos síntomas”. El sector poblacional de las infancias y juventudes ha sido fuertemente afectado, en principio por la ruptura de vínculos y la interrupción de instituciones que alojaban a los niños y adolescentes. El psiquiatra advierte que “hay mucha resistencia a volver a iniciar esos lazos institucionales y lo que significa relacionarse uno a uno, con los demás, especialmente en período de adolescencia”.
Esto, en la mirada del Dr. Alonso, “nos va a dejar secuelas físicas pero la gran secuela que está dejando y, de alguna manera está silenciada, es el impacto en salud mental que está produciendo en niños, niñas, adolescentes, adultos y un grupo muy vulnerable como los ancianos”.
Salida de emergencia
Las alarmas suenan fuerte cuando los pacientes llegan en instancias de gravedad, dando cuenta de las carencias de atenciones profesionales a término. El hospital San Felipe ha reflejado una fuerte suba en atenciones por intentos de suicidio o lesiones auto-infligidas en mayores de 16 años: en el período que va del año 2018 al 2019 esto representó un 41% de la agenda, creciendo un 21% hacia el tramo 2020-2021, llegando al 62%.
El referente en psiquiatría expresó que “han aumentado mucho los casosde niños y adolescentes que encuentran como modo de manifestar su malestar lastimarse. A veces tienen que ver con autolesiones, que ellos mismos dicen «Me lastimo porque siento alivio de la angustia»”. En 5 meses de tareas, el equipo de salud del hospital recibió a 5 pacientes menores de 16 años con lesiones auto-infligidas o intentos de quitarse la vida.
Esta salida de emergencia se plantea como «lo más fácil» frente a escenarios abrumadores. “Ellos mismos lo dicen: lastimarse y curar una herida es más fácil que resolver una herida provocado por lo social. Por ejemplo, si un amigo te dejó, si un novio te engaño, si tenes dificultades con tus padres, esas heridas son más difíciles. Entonces, encuentran en las heridas la salida lastimándose, en búsqueda del «placer» provocado por este tipo de acciones”, refirió el Dr. Alonso.
También juegan un rol central las redes sociales, a las que el especialista pone en paralelo con el consumo de tóxicos, siendo “una salida fácil para tratar de resolver lo que no se puede resolver en la vida real. Esa ficción, esa ilusión, por supuesto que al poquito tiempo se cae. Al caerse, sienten una tremenda frustración y un gran vacío. Entonces, el pasaje al acto (lastimarse o buscar la muerte) son manifestaciones que estamos viendo, como también la violencia cuando no se tolera la frustración”.
Otras llegadas frecuentes al San Felipe están marcadas por “niños que sienten un vacío existencial, que sienten que no hay futuro, que no tienen herramientas para afrontar la realidad”. Esto, según analiza su referente, está dado porque “salir de la niñez y entrar a jugar en la vida real, con las dificultades y frustraciones que la vida naturalmente nos va a presentar, necesita de un entrenamiento. Y a los jóvenes de este siglo les cuesta asumir que no todo va a ser como quieren”.

