El símbolo sanmartiniano que inicia una nueva etapa

NewsITe
El histórico sable corvo de José de San Martín, una de las piezas más emblemáticas de la independencia sudamericana, inició una nueva etapa en su extensa y agitada trayectoria. Tras permanecer en exhibición en el Museo Histórico Nacional desde 2015, el arma fue trasladada al Regimiento de Granaderos a Caballo, en el Cuartel de Palermo, para quedar nuevamente bajo custodia militar, de acuerdo con lo dispuesto por el Decreto 88/2026.
Según pudo saber Noticias Argentinas, el público podrá visitar la reliquia a partir del domingo 8 de febrero en la sede histórica de los Granaderos, en el barrio porteño de Palermo. La decisión, sin embargo, no está exenta de polémica: la donación original realizada por los herederos del sable fue específicamente a favor del Museo Histórico Nacional, lo que abre un interrogante jurídico sobre si el cambio de destino podría implicar el retorno de la propiedad a la familia. La Justicia aún no se pronunció sobre este punto.
Un arma de combate forjada para la campaña libertadora
San Martín adquirió el sable en Londres en 1811, poco antes de embarcarse hacia Sudamérica para sumarse a la revolución rioplatense. No se trata de un objeto de lujo, sino de un arma de guerra pensada para el combate cuerpo a cuerpo, similar a la que utilizaban algunos oficiales napoleónicos tras la campaña de Egipto.
Estudios metalográficos modernos permitieron determinar que se trata de un shamsir de acero de Damasco, forjado en Oriente Medio mediante una técnica preindustrial que le otorga gran resistencia y flexibilidad. Esa investigación descartó la hipótesis de un origen europeo para la hoja.
- Sencillez y funcionalidad: carece de incrustaciones costosas o adornos ostentosos.
- Diseño curvo: su hoja alfanjada lo hacía especialmente eficaz para las cargas de caballería.
- Modelo elegido para Granaderos: San Martín ordenó armar con este tipo de sable a los Granaderos a Caballo, convencido de su superioridad táctica.
Con el tiempo, el sable se convirtió en un objeto cargado de simbolismo patriótico, asociado no sólo al genio militar del Libertador sino también a la construcción del Estado nacional.
Del legado a Rosas a la llegada al Museo Histórico
En su testamento, San Martín legó el sable a Juan Manuel de Rosas como prueba de reconocimiento por “la firmeza con que ha sostenido el honor de la república contra las injustas pretensiones de los extranjeros”. Tras la muerte de Rosas en el exilio inglés, el arma pasó a manos de su amigo Juan Nepomuceno Terrero y, luego, a la familia política de éste.
Recién en 1897 el sable retornó oficialmente al país. A partir de una gestión del entonces director del Museo Histórico Nacional, Adolfo Carranza, la familia Terrero Rosas accedió a donar la pieza al Estado argentino. El arma llegó al puerto de La Plata el 28 de febrero de ese año y fue depositada en el museo, donde comenzó a ser exhibida como “la espada redentora”.
Robos, militancia peronista y disputas por el símbolo
La aparente calma del museo se quebró el 12 de agosto de 1963, cuando un grupo de la Juventud Peronista, encabezado por Osvaldo Agosto, robó el sable corvo. La operación formó parte de un clima de alta tensión política, con el peronismo proscripto y fuertes restricciones a su participación electoral.
- Objetivo político: los autores señalaron que buscaban “poner en ridículo al régimen” y a las Fuerzas Armadas, además de “levantar el ánimo de los muchachos” tras sucesivas derrotas políticas.
- Destino frustrado: la intención inicial era trasladar el sable a Madrid para entregárselo a Juan Domingo Perón en su exilio.
Sin embargo, las negociaciones internas dentro de la resistencia peronista redefinieron los planes. Finalmente se acordó devolver el arma al Ejército, a cambio de morigerar la persecución política sobre militantes y simpatizantes del movimiento.
El sable fue nuevamente robado en 1965 y recuperado un año más tarde. A partir de entonces, y en medio de la inestabilidad institucional de la década, el arma pasó a la custodia del Regimiento de Granaderos a Caballo, exhibida en un templete blindado. Ese esquema se mantuvo hasta 2015, cuando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ordenó su regreso al Museo Histórico Nacional.
Hoy, el nuevo traslado al Cuartel de Palermo reabre un viejo debate: quién debe custodiar los grandes símbolos de la historia argentina y bajo qué condiciones legales.
Mientras se espera una eventual definición judicial sobre la titularidad del sable, la reliquia vuelve a estar vinculada de manera directa con el cuerpo creado por San Martín. Entre vitrinas, decretos y disputas políticas, el recorrido del arma refleja, en miniatura, las tensiones y continuidades de la memoria nacional.

