El riesgo país cede levemente pero sigue arriba de 700

El indicador clave de la desconfianza hacia la deuda argentina

Panel de cotizaciones financieras en Buenos Aires

NewsITe

En una jornada marcada por la volatilidad global, el riesgo país argentino mostró una tenue descompresión y se ubicó en torno a los 710 puntos básicos, aunque continúa por encima de la barrera de los 700 y en niveles máximos del año. El movimiento se da en medio de un contexto internacional más adverso y reflejando la persistente incertidumbre sobre la economía local.

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De acuerdo con el indicador elaborado por JP Morgan, el riesgo país llegó a rozar los 717 puntos durante las operaciones de este viernes, para luego recortar levemente y cerrar cerca de los 710. Más allá de la baja intradiaria, el nivel actual se consolida como uno de los más elevados desde las semanas previas a las elecciones legislativas de medio término, cuando la percepción de riesgo sobre la Argentina también se había disparado.

La escalada del riesgo está estrechamente asociada al deterioro en la cotización de los bonos soberanos en dólares. En las últimas ruedas volvieron a registrarse caídas de hasta 1,1% en los títulos más castigados, un desempeño que se suma a pérdidas acumuladas y que encarece el financiamiento para el país. Este retroceso no sólo impacta sobre la deuda argentina, sino que se enmarca en una ola de ventas que golpea a varios mercados emergentes.

Presión externa: petróleo caro y conflicto en Medio Oriente

Un factor central detrás del mayor nerviosismo financiero global es el repunte del precio internacional del petróleo. El barril de Brent superó los 117 dólares, impulsado por la falta de una solución clara al conflicto en Medio Oriente y por el temor a eventuales interrupciones en el suministro energético mundial. Este encarecimiento de la energía eleva los costos de producción y alimenta expectativas de inflación más persistente en las principales economías.

En este escenario, los activos de países considerados riesgosos suelen ser los primeros en sufrir desarmes de posiciones por parte de los inversores internacionales. La Argentina, con una deuda reestructurada recientemente y necesidades de financiamiento todavía elevadas, queda especialmente expuesta a estos cambios de humor en los mercados.

Factores locales: actividad débil e incertidumbre económica

A la presión externa se le suma un cuadro doméstico frágil. Los últimos datos de actividad económica y consumo mostraron señales de estancamiento, con sectores clave afectados por la inflación alta, la pérdida de poder adquisitivo y la falta de crédito. Estas variables refuerzan la percepción de que al país le costará sostener un sendero de crecimiento que permita mejorar su capacidad de pago.

En lo que va de octubre, el riesgo país acumula un avance cercano al 17%, mientras que en el año la suba supera el 24%, luego de haber tocado mínimos históricos meses atrás. El cambio de tendencia refleja cómo se fue enfriando el optimismo inicial de los mercados y ganaron terreno las dudas sobre la consistencia del programa económico y la estabilidad política.

Bolsas y ADRs: señales mixtas en el mercado accionario

A contramano del deterioro en los bonos, algunas acciones argentinas muestran un desempeño más firme. En Wall Street, los ADRs de empresas locales operan con mayoría de subas, destacándose los papeles de Banco Supervielle, con avances en torno al 5%; Cresud, con alzas cercanas al 4,8%; y Transportadora de Gas del Sur, que ronda el 4,6%.

En la plaza doméstica, el índice Merval registra una mejora cercana al 3,5% y la Bolsa porteña opera con casi todas sus acciones en terreno positivo. Entre las más destacadas se ubican nuevamente Transportadora de Gas del Sur, con subas en torno al 5,5%; Aluar, cerca del 5%; y Grupo Galicia, alrededor del 4,6%. Estas variaciones sugieren que parte de los inversores se vuelca a apuestas más tácticas y de corto plazo en renta variable, aun en un contexto de alta volatilidad.

El comportamiento del riesgo país vuelve a exponer la fragilidad de la deuda argentina ante cualquier shock externo y la necesidad de consolidar un rumbo económico previsible que reduzca la percepción de riesgo.

Mientras tanto, el Gobierno y el mercado miran de cerca la evolución del conflicto en Medio Oriente, la trayectoria del precio del petróleo y los próximos datos de actividad interna. De su combinación dependerá si la actual descompresión del riesgo país se convierte en un respiro duradero o en apenas una pausa dentro de una tendencia más preocupante.

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