El reclamo del empresario detrás del origen del Movistar Arena

El creador del proyecto original del estadio rompe el silencio

El empresario Luis Mancini, uno de los impulsores del estadio cubierto levantado en terrenos del Club Atlético Atlanta y que años más tarde se transformó en el actual Movistar Arena, hizo público su malestar con el Grupo La Nación por el desenlace del proyecto y la falta de reconocimiento a quienes lo iniciaron.

En una extensa carta, Mancini reconstruyó la génesis de la obra, recordó a su padre, Miguel Mancini, y describió el impacto personal que le produjo ver cómo el emprendimiento que consideraba el sueño de su vida terminaba en manos de otros accionistas. Allí reveló que, antes del traspaso de la sociedad, pidió quedarse con el 1% del estadio como participación simbólica, pero su planteo fue rechazado.

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“Conseguir un lugar para hacer un estadio en el medio de la ciudad, en un lugar histórico y tan querido como el Club Atlanta, y hacer el 40% de la obra. Era el sueño de mi vida y nunca lo voy a superar”, sostuvo Mancini al repasar aquellos años en los que la estructura comenzó a tomar forma en el barrio porteño de Villa Crespo.

El proyecto fue desarrollado en un comienzo por la firma Lugones Center S.A., integrada por Miguel José y Luis Miguel Mancini. En abril de 2017, Atlanta informó oficialmente que la empresa había recibido un crédito de 120 millones de pesos del Banco Ciudad, fondos que —según el club— estaban volcados a una obra con entre el 40% y el 45% de avance, auditada por el propio banco público porteño.

Del sueño familiar al negocio de los grandes jugadores

Mancini también repasó el vínculo afectivo que construyó con Atlanta durante aquellos años. Criado en clubes como Obras Sanitarias, afirmó que lo social lo “llena el alma” y que, en ese marco, se ofreció a coordinar el básquet del club, disciplina que en ese momento no estaba activa. “Fui tan feliz de empezar con esa actividad”, escribió, al agradecer al entonces presidente Gabriel Greco y a la comunidad bohemia.

En su carta, el empresario reconoce errores en el desarrollo del emprendimiento pero defiende el uso de los fondos: asegura que el dinero del Banco Ciudad otorgado a su padre se volcó efectivamente a la obra del estadio, en línea con lo que la propia institución de Villa Crespo había comunicado en 2017.

Uno de los pasajes más sensibles del texto se centra en el traspaso de la sociedad. Mancini relata que la operación se firmó en las oficinas de los abogados de la familia Saguier, dueña del diario La Nación, y que allí pidió a Natalia, CEO del grupo, conservar apenas el 1% del emprendimiento como gesto simbólico por la historia familiar detrás del proyecto. “No Luis, La Nación no hace sociedades con nadie”, habría sido la respuesta.

Con el paso del tiempo, aquel estadio inconcluso terminó reconvertido en el Movistar Arena, inaugurado en 2019 y hoy uno de los principales espacios de espectáculos de la Ciudad de Buenos Aires. En junio de 2026, la multinacional Live Nation Entertainment adquirió la participación mayoritaria, mientras que La Nación, hasta entonces accionista principal, se mantuvo en el paquete societario.

Críticas a La Nación: “Exitosos, millonarios, pero cero corazón”

Mancini sostiene que su reclamo no es solo económico, sino fundamentalmente emocional. Plantea que nunca recibió un reconocimiento formal por haber conseguido el predio y haber impulsado casi la mitad de la obra. A modo de ejemplo, afirma que él, en la situación inversa, hubiera dejado a la familia pionera un cupo de entradas para cada recital, algo que hoy ni siquiera puede conseguir.

“Son exitosos, millonarios, pero cero corazón”, dispara en uno de los párrafos más duros del texto. También admite que no logra superar lo ocurrido: “Voy por la vida pensando que no todo es plata y que el amor es lo más lindo del mundo, pero esto no lo puedo superar y, como dije antes, era el sueño de mi vida”.

“Era el sueño de mi vida y nunca lo voy a superar”, escribió Luis Mancini sobre el estadio que imaginó y hoy ve consagrado como el Movistar Arena.

El cierre de la carta está dedicado a Atlanta y a su gente, a quienes agradece por el cariño recibido desde el primer día. Mientras el Movistar Arena sigue consolidado como uno de los mayores polos de espectáculos de la capital, la historia de su origen suma ahora la voz de uno de sus protagonistas iniciales, que reclama memoria, reconocimiento y humanidad en un negocio multimillonario.

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