Del piloto del HMS Invincible al escándalo Epstein

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El expríncipe Andrés, hermano del rey Carlos III, vuelve a quedar bajo la lupa pública, aunque esta vez lejos de los gritos de guerra que lo convirtieron en objetivo simbólico durante el conflicto del Atlántico Sur. A comienzos de los años 80, el entonces duque de York se desempeñó como piloto de helicóptero en el portaaviones HMS Invincible, uno de los buques insignia de la flota británica en la Guerra de Malvinas.
En aquellos días, su nombre resonaba con tono desafiante en los mandos militares argentinos. El gobernador militar de las islas, Mario Benjamín Menéndez, llegó a lanzar la frase que quedó en la memoria colectiva: “Que traigan al principito”, en referencia al joven miembro de la realeza británica. En pleno clima de chauvinismo y propaganda bélica, Andrés fue presentado como un trofeo simbólico en la confrontación con el Reino Unido.
El contexto interno no era menor. Mientras en el frente austral se desarrollaban las operaciones, en Buenos Aires el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri pronunciaba su recordado desafío: “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”. El término “principito” se popularizó entonces como una forma de marcar a Andrés como objetivo militar, en una guerra en la que jóvenes conscriptos argentinos, en su mayoría clase 1963, combatieron mal equipados, con escasa preparación y graves carencias logísticas.
Del Invincible a los tribunales: la caída del hijo de Isabel II
Más de cuatro décadas después, el lugar de Andrés en la escena internacional es radicalmente distinto. El expríncipe quedó envuelto en las investigaciones vinculadas al caso Jeffrey Epstein, escándalo que lo transformó en un paria dentro de la propia Casa Real británica. Su hermano, el rey Carlos III, terminó por retirarle títulos y honores, marcando un antes y un después en la imagen del hijo de la fallecida reina Isabel II.
Su trayectoria refleja el amplio arco que va desde la exposición pública de un joven oficial de la Marina Real durante el conflicto de Malvinas hasta el descrédito actual, atravesado por causas judiciales y cuestionamientos éticos. De símbolo militar pasó a ser símbolo de la crisis de reputación de la monarquía en tiempos de escrutinio global.
Qué fue del HMS Invincible en la Guerra de Malvinas
El HMS Invincible, donde operaba Andrés, fue uno de los pilares de la estrategia británica en 1982. Como portaaviones ligero, resultó fundamental para sostener la superioridad aérea en la zona de conflicto mediante el despliegue de los cazas Sea Harrier, según recogen los archivos históricos y registros de la Marina Real.
El 30 de mayo de 1982, la nave se convirtió en blanco de un ambicioso ataque aeronaval conjunto argentino que involucró aviones Super Étendard y A-4C Skyhawk, equipados con misiles Exocet y bombas convencionales. Desde el lado argentino se informó entonces que se había observado humo saliendo de la cubierta del buque, lo que alimentó versiones sobre posibles daños.
- El Reino Unido, bajo el gobierno de Margaret Thatcher, nunca reconoció oficialmente impactos significativos en el Invincible.
- En la memoria argentina, el ataque quedó asociado a uno de los golpes más audaces contra la flota británica.
Thatcher fue apodada “La dama de hierro” por la prensa internacional y “La hiena inglesa” por sectores de los medios argentinos de la época, en un clima de fuerte confrontación política y simbólica.
Hoy, mientras el debate histórico sobre el verdadero alcance de aquel ataque al HMS Invincible persiste entre analistas y veteranos, la figura del expríncipe Andrés se resignifica a la luz de sus actuales problemas judiciales. De ícono militar de la flota británica, perseguido retóricamente por la jerarquía argentina, pasó a personificar uno de los capítulos más incómodos para la monarquía en el siglo XXI.

