El plástico, un enemigo silencioso del planeta: alertan sobre su impacto global y nuevas investigaciones en Argentina

El ingeniero ambiental Iván Colangelo advirtió sobre la gravedad de la contaminación por plásticos y destacó los avances científicos nacionales que revelan la presencia de microplásticos en especies marinas del país.

Según datos internacionales, más de ocho millones de toneladas de residuos plásticos llegan cada año a los océanos.

El residuo plástico se consolidó como uno de los problemas ambientales más urgentes del siglo XXI. Su producción crece a un ritmo que supera ampliamente la capacidad del planeta para gestionarlo, generando efectos devastadores sobre la biodiversidad, los océanos y la salud humana. El ingeniero ambiental Iván Colangelo alertó sobre la magnitud del fenómeno y remarcó que “es necesario reducir el consumo y aumentar los sistemas de recuperación y reciclado en todos los niveles de consumo”.

Desde su invención hace poco más de un siglo, el plástico transformó la vida moderna por su versatilidad, bajo costo y durabilidad. Sin embargo, esa misma resistencia lo convirtió en una amenaza silenciosa: los plásticos de un solo uso, como envoltorios y botellas, representan el 40% de toda la producción global y pueden tardar hasta 400 años en degradarse. “El problema no es el material en sí, sino la cultura del descarte que se instaló en la sociedad”, advirtió Colangelo.

Según datos internacionales, más de ocho millones de toneladas de residuos plásticos llegan cada año a los océanos, equivalente a arrojar cinco bolsas de basura por metro de costa en todo el mundo. En este contexto, la ONU impulsa desde 2022 un tratado global para frenar la contaminación plástica, aunque las negociaciones se encuentran estancadas por la falta de consenso entre los países productores y las naciones más afectadas.

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En Argentina, la preocupación se amplifica por nuevos hallazgos científicos. Un estudio de la Universidad Nacional de Río Negro, junto a la Universidad Nacional del Sur y la Universidad Nacional de Córdoba, detectó microplásticos en el 93% de los ejemplares del bagre marino Genidens barbus, una especie costera de alto valor ecológico y pesquero. “El nivel de contaminación que encontramos es comparable con los estudios más críticos del hemisferio norte”, explicó la licenciada Aimé Funes, una de las investigadoras.

La investigación, publicada en la revista internacional Regional Studies in Marine Science, reveló que las partículas, en su mayoría fibras de PET, polipropileno y resinas, provienen de efluentes urbanos no tratados y residuos de pesca. “En Viedma, la principal fuente son los desagües; en Bahía San Blas, los restos de líneas de pesca”, detalló Funes.

El trabajo, pionero en el país, permite dimensionar el impacto de la contaminación plástica en los ecosistemas marinos argentinos y abre la puerta a futuras políticas públicas. “Esta investigación representa una línea de base. Nos permite medir por primera vez el efecto de nuestras actividades sobre la fauna marina”, agregó la especialista.

Colangelo celebró este tipo de avances y destacó que “en Argentina se está progresando en la gestión de envases plásticos del sector agrícola a través de la Asociación Campo Limpio, que impulsa un sistema formal de recolección y reciclaje de envases fitosanitarios”. Sin embargo, advirtió que “el cambio más profundo debe venir de la conciencia ciudadana y la educación ambiental temprana”.

“El problema del plástico ya no es solo ambiental, es social y sanitario. Así como ocurre con el cambio climático, requiere de un compromiso global. Cada acción, desde el consumo responsable hasta la correcta disposición, cuenta para revertir este flagelo”, concluyó el ingeniero.

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