El Día de la Lealtad encontrará al justicialismo dividido entre el armado de Axel Kicillof, la movilización del kirchnerismo en respaldo a Cristina Fernández de Kirchner y los intendentes que buscan preservar su propio espacio. La falta de una convocatoria unificada anticipa una interna que tendrá como horizonte las elecciones de 2027.

El peronismo se prepara para conmemorar el próximo 17 de octubre una de las fechas más emblemáticas de su historia en un escenario atravesado por las diferencias internas, las disputas por el liderazgo y la ausencia de una estrategia compartida. A 81 años de la movilización obrera que marcó el nacimiento del movimiento como fuerza política de masas, el justicialismo bonaerense llegará al Día de la Lealtad con una agenda fragmentada y varios escenarios de celebración.
Lejos de una convocatoria capaz de reunir a sus principales referentes, los distintos sectores del Partido Justicialista (PJ) avanzan con actividades propias. La división tiene como trasfondo la tensión entre el gobernador bonaerense Axel Kicillof y el espacio que responde a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, aunque también intervienen intendentes, dirigentes sindicales y referentes que buscan evitar un alineamiento definitivo.
La mirada está puesta, además, en 2027. La discusión sobre quién conducirá al peronismo y quién estará en condiciones de encabezar una eventual candidatura presidencial atraviesa cada movimiento de sus principales dirigentes.
Tres escenarios para una misma fecha
En la provincia de Buenos Aires, uno de los actos centrales será encabezado por Kicillof en el polideportivo Juan Domingo Perón, en González Catán, partido de La Matanza. La convocatoria reunirá a dirigentes, intendentes, legisladores y representantes sindicales cercanos al gobernador, en una actividad que tendrá un marcado perfil provincial.
La fecha representa una oportunidad para que el mandatario fortalezca el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el espacio con el que busca ampliar su construcción política más allá de la administración bonaerense. Aunque el acto estará centrado en la conmemoración histórica, el mensaje de Kicillof será seguido de cerca dentro del PJ por las señales que pueda ofrecer sobre su proyecto nacional.
En paralelo, La Cámpora y otros sectores del kirchnerismo preparan una movilización hacia San José 1111, donde Cristina Kirchner cumple prisión domiciliaria. La consigna del espacio apunta a reivindicar el liderazgo de la exmandataria y reclamar por sus derechos políticos, con el lema “Cristina Libre, Cristina Presidenta”.
La actividad volverá a poner en primer plano una de las principales diferencias que atraviesan al peronismo: el lugar que debe ocupar Cristina Kirchner en la reorganización del movimiento y el margen de autonomía que pretende construir el gobernador bonaerense.
El tercer punto de encuentro podría estar en la Quinta de San Vicente, donde un sector de intendentes bonaerenses nucleados en La Liga prepara una actividad de menor escala. La iniciativa busca sostener un espacio propio en medio de la disputa entre el kirchnerismo y el kicillofismo, aunque todavía no está definida la participación de todos los dirigentes.
La coexistencia de estos actos muestra que las diferencias no se limitan a una discusión de nombres. También expresan distintas estrategias para reorganizar el partido, establecer prioridades y definir cómo enfrentar al gobierno de Javier Milei.
La pelea por el liderazgo y el horizonte electoral
La relación entre Kicillof y el kirchnerismo se convirtió en uno de los principales focos de tensión del espacio. Mientras el gobernador busca consolidar una estructura política propia y proyectarse hacia una candidatura presidencial, dirigentes cercanos a Cristina Kirchner cuestionan sus decisiones y reclaman mayor reconocimiento al papel de la expresidenta en la historia reciente del movimiento.
En ese contexto, cada convocatoria adquiere una dimensión que excede el calendario partidario. La cantidad de dirigentes que acompañen a cada sector, las ausencias y el contenido de los discursos serán interpretados como señales de fuerza de cara a las definiciones electorales.
La disputa también alcanza a los intendentes, que deben administrar sus vínculos con las distintas corrientes del peronismo sin perder capacidad de decisión en sus distritos. Algunos acompañan al gobernador, otros mantienen su alineamiento con el kirchnerismo y un tercer grupo intenta conservar autonomía para negociar su posición en la etapa que viene.
A esa trama se suma Máximo Kirchner, quien tiene previsto viajar a Chaco para compartir actividades con el exgobernador Jorge Capitanich. Su agenda por fuera de Buenos Aires alimenta las interpretaciones sobre la posibilidad de construir una alternativa nacional propia, en un escenario en el que el liderazgo de Cristina Kirchner y las aspiraciones de Kicillof siguen sin encontrar un punto de equilibrio.
Por su parte, Sergio Massa todavía no definió una participación en los actos del sábado, mientras que otros dirigentes nacionales mantienen agendas separadas. La falta de una convocatoria común vuelve más difícil transmitir una imagen de cohesión frente a un electorado que será decisivo para las aspiraciones del peronismo.
Los sindicatos también buscan su lugar
La fragmentación no se limita a la dirigencia política. La Confederación General del Trabajo (CGT) resolvió realizar sus propias actividades el viernes 16, con un acto institucional en su sede de Azopardo y un festival cultural en la Ciudad de Buenos Aires.
La decisión de celebrar por separado refleja las diferencias que existen dentro del sindicalismo sobre el rumbo político del peronismo y el papel que debe desempeñar el movimiento obrero en la construcción de una alternativa electoral.
Mientras algunos dirigentes gremiales respaldan el proyecto de Kicillof, otros prefieren evitar un apoyo institucional a alguno de los sectores enfrentados y mantener abiertas distintas opciones de cara a 2027. También persiste el reclamo sindical por una mayor participación en las decisiones estratégicas del PJ.
La agenda propia de la CGT constituye, así, otra expresión de una interna que atraviesa a los principales actores del movimiento y que todavía no encuentra mecanismos de resolución.

