La medición que realizara Prefectura Naval ayer lunes arrojó un registro de 0,01mts sobre el nivel del mar, tras cerrar el 2021 con una altura por debajo del cero. El sábado hubo un repunte en el nivel de agua, pero en las 48 horas siguientes se perdieron 20 cm de altura. Especialistas aseguran que la bajante empeorará en este inicio de 2022. “Las tendencias climáticas no aportan motivos para ser optimistas”, señalaron desde el INA.

De la redacción de EL NORTE
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La primera medición de altura del río Paraná correspondiente a ayer lunes confirmó los pronósticos de los especialistas: el escenario hídrico no mejorará demasiado en los primeros meses del nuevo año.
El registro tomado por Prefectura Naval en cercanías de la zona del puerto de San Nicolás arrojó una marca de 0,01mts sobre el nivel del mar, una altura 10cm inferior a la del día anterior (0,11) y 20cm menor a la del primer día del año (0,21). La situación es crítica, y marca una continuidad de lo que sucediera durante 2021. De hecho, el último día de ese año el nivel del Paraná estuvo por debajo del cero en San Nicolás (-0,06).
“Las tendencias climáticas no aportan motivos para ser optimistas”, señalaron desde el Instituto Nacional del Agua y el Servicio Meteorológico Nacional
Se presume que la bajante del río Paraná para este año continuará. Y el análisis se da a través de declaraciones realizadas desde el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y el Instituto Nacional del Agua (INA), cuyos especialistas coincidieron que “se podría pensar que el río va a bajar un poco más durante este 2022”.
Sin cambios
“No hay vistas de cambio sobre lo que venimos viendo desde marzo del año pasado. Se hizo una reunión mensual en el Servicio Meteorológico Nacional en donde se analizan las tendencias climáticas y no hay motivos para ser optimista”, confió el subgerente de alerta hidrológico del INA, Juan Borús.
“El nivel de la escala de Corrientes, que es donde entra el río Paraná en territorio argentino es la más baja desde que empezó la bajante. Inclusive deberíamos pensar que va a bajar un poco más de lo que está ahora en todas las escalas a lo largo del río”, afirmó el especialista.
Partiendo desde la visión del experto del INA, el hecho que el río Paraná pueda comenzar a repuntar a mediano plazo “dependerá de dónde se dan las lluvias y la frecuencia, de manera que el patrón de precipitaciones sobre la alta cuenca del Paraná, la alta cuenca del Paraguay y la alta cuenca del río Iguazú se vaya normalizando”.
“Una vez que eso ocurra hay que esperar que la condición de humedad de suelos en general también vaya normalizándose y a partir de ese momento se podría pensar que los afluentes menores del Paraná aportarán un caudal mayor y va a ir creciendo”, continuó Borús.
Desde que comenzó la bajante, el INA se mantiene en permanente contacto con Cancillería y países vecinos que comparten la cuenca del río Paraná. Durante 2020 y 2021 los embalses de la alta cuenca del Paraná en Brasil tenían reservas con las que se pudo atenuar los efectos de la bajante en tres oportunidades, pero Borús sostuvo que “la persistencia de la sequía es tal que hace que las reservas ya no sean las mismas, están muy bajos los niveles. Y al suceder esto tampoco podremos contar con esa ayuda a futuro”.
La bajante histórica del Paraná comenzó en marzo del 2021 y provocó cambios en la vida ambiental, económica, productiva y social de ciudades que están en la ribera. Hay que remontarse a 1944 para registrar una situación peor que la actual.
Las consecuencias
La bajante del agua afectó la fauna íctica; produjo inconvenientes en el riego de cultivos y complicó las producciones industriales que necesitan captar agua. También acrecentó los problemas de incendios en las islas, ya que en otras situaciones el agua funcionaba como cortafuego natural; y los de contaminación del agua, ya que se redujo la capacidad del río de dilución de los afluentes crudos o industriales.
La bajante impactó fuertemente en acopiadores, fileteadores, transportistas y más de 3.000 familias de pescadores. En ese sentido, las barcazas comerciales tuvieron que adecuarse a transportar mucha menor cantidad y eso ralentizó la navegación y encareció enormemente el transporte fluvial.

