El fenómeno climático que desordena la economía mundial

NewsITe
El avance del fenómeno de El Niño, catalogado ya como “fuerte” y con proyección a tornarse “extraordinario” entre noviembre de 2026 y enero de 2027, encendió luces de alarma entre especialistas y organismos internacionales. Más allá del impacto climático, el evento amenaza con desestabilizar economías, agravar la pobreza y profundizar la inseguridad alimentaria, especialmente en América Latina y el Caribe.
El climatólogo chileno Patricio González Colville, máster en climatología e integrante del Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología de la Universidad de Talca, advirtió que El Niño “afecta a la globalidad de la economía” al alterar en forma extrema las lluvias y las temperaturas. Inundaciones, sequías prolongadas y olas de calor con marcas superiores a los 38 grados durante varios días se combinan para golpear de lleno a las actividades productivas.
La agricultura de frutales y cereales, altamente dependiente de condiciones meteorológicas moderadas, se ubica entre los sectores más vulnerables. Según González Colville, el impacto se sentirá tanto en la agricultura familiar como en el acceso al agua. Menores cosechas implican menos alimentos disponibles para el consumo local, menor capacidad de venta de excedentes y, en consecuencia, más pobreza y desempleo en comunidades rurales que dependen casi exclusivamente del trabajo agrícola.
Eventos de El Niño cada vez más intensos
Desde que se registran datos sistemáticos de la temperatura superficial del mar en el área 3.4 del Pacífico ecuatorial central —región clave para medir El Niño y La Niña— solo se contabilizan cuatro eventos calificados como “extraordinarios”: 1982, 1997, 2015 y el actual episodio de 2026. La novedad, remarcan los expertos, es que este evento alcanzó los 29,5 grados Celsius en agosto, un valor que en anteriores ocasiones recién se registraba entre noviembre y diciembre.
Esa precocidad en el calentamiento del océano se traduce en un escenario más severo en superficie. Centroamérica ya enfrenta un panorama “complejo”, en especial en el denominado “corredor seco” que atraviesa el sur de México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y parte de Costa Rica. Allí, El Niño suele disparar sequías extremas que dejan a millones de personas con acceso restringido al agua y ponen en riesgo cultivos básicos como el maíz y el frijol.
Impacto social, alimentario y ambiental en la región
Se estima que unas 11 millones de personas en el corredor seco dependen casi exclusivamente de la agricultura familiar, lo que las vuelve especialmente vulnerables frente a la pérdida de cosechas. A eso se suman los 43 millones de habitantes subalimentados en América Latina y el Caribe, cifra que podría incrementarse si se profundizan las sequías y las olas de calor en países como Colombia, donde la economía agraria representa un pilar central.
- Caída en la producción agrícola y suba de precios de alimentos básicos.
- Reducción de contratos laborales en el sector rural y aumento del desempleo.
- Mayor presión sobre los sistemas de riego y el acceso al agua potable.
- Riesgo de incendios forestales incontrolables, especialmente en la Amazonia brasileña.
En el caso de Brasil, González Colville alertó que la combinación entre sequías prolongadas y escasez hídrica podría favorecer incendios de gran magnitud en la Amazonia, el llamado “pulmón de oxígeno del planeta”. El daño ambiental, advierten especialistas, tendría efectos de largo plazo sobre la biodiversidad y sobre la capacidad del bosque tropical de absorber dióxido de carbono.
“Todo indica que el planeta ya pasó el punto de no retorno en cuanto a esta nueva fase en la cual la ‘normalidad’ dejó de ser un concepto climático permanente”, sostuvo el climatólogo chileno, al destacar la sinergia entre El Niño y el cambio climático.
El experto recordó que, desde el año 2000, la temperatura global de la Tierra superó en varios meses el umbral de 1,5 grados por encima del promedio preindustrial (1850-1900). Cada vez que se combinan eventos cálidos de El Niño con una atmósfera más caliente, se amplifican los impactos económicos, sociales y ambientales. Para América Latina, donde gran parte de las divisas dependen de exportaciones agropecuarias, las proyecciones obligan a planificar políticas de adaptación, gestión del agua y protección social para mitigar los efectos de este fenómeno que ya dejó de ser excepcional.

