El nicoleño Juan Manuel Gorosito se volvió viral tras compartir que su primer sueldo como arquitecto había llegado: “Se terminó la etapa de repartidor. Fueron dos años donde esa mochila me ayudó a cumplir el sueño de recibirme”.

Carolina Mitriani
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Juan Manuel Gorosito es nicoleño y arquitecto. Tiene 32 años y miles de kilómetros que lo condujeron a ese sueño profesional. Para poder recibirse, transitó un camino de rectas y curvas, las que miles de jóvenes argentinos deben atravesar por la situación socio-económica que signa a esa etapa en particular. “Solamente me tocó ser viral, creo que historias como la mía hay un montón porque muchos se rompen el alma para salir adelante”, valoró en diálogo con EL NORTE.
El posteo en la red social Twitter, que recorrió el país, rezaba: “Después de cobrar el primer sueldo en mi nuevo trabajo puedo declarar oficialmente que se terminó la etapa de repartidor. Fueron dos años donde esa mochila me ayudó a cumplir el sueño de recibirme”. Su paso por la ciudad de Rosario mientras estudiaba contó con búsquedas de todo tipo para amortizar gastos: dormir en un garaje prestado, con un amigo, en una pensión y luego el tan ansiado departamento alquilado.
Camino en ascenso
El momento en el que notó que el trayecto para el título de arquitecto no iba a ser sencillo desde el plano económico fue en los años 2016-17: “Trabajaba en el gobierno de la Provincia de Santa Fe y también salí a buscar otra opción. Así que trabajaba medio tiempo en una constructora de Rosario y en el Gobierno. Ese momento fue bastante complejo. Ahí empecé a darme cuenta de que iba a ser más o menos así con el tiempo la cosa”.
Además, otras actividades ocupaban espacio en su agenda, ya que era presidente de la Federación Universitaria de la Universidad Nacional del Rosario, donde estudiaba. ”Tenía esos dos trabajos y una militancia muy activa, así que hacia 27 cosas por día pero con mucho orgullo”, recordó.
Pedido a bordo
Cuando empezó a trabajar en la cadena internacional de repartos, identificada por la mochila roja, recién comenzaba la pandemia de COVID-19, en marzo del 2020. “Obvio que cada día que salía sabía que el esfuerzo que estaba haciendo era aportar al objetivo principal: recibirme. Sabía que iba a ser un trabajo temporal. Se estiró un poco más de lo pensado, porque trabajé dos años y 4 meses, hasta octubre de este año. Pero era siempre pensar que el objetivo era otro y que esto era una herramienta que tenía”, señaló sobre aquellas largas horas manejando para entregar pedidos y en medio de la emergencia sanitaria.
Durante prácticamente toda la carrera “mechaba” estudio y trabajo. Generalmente estudiaba a la noche porque era el único momento libre, además de concentrarse más por tener menos distracciones. De aquellas largas jornadas señaló que se “pasaba las noches dibujando y en el día trabajaba”.
Su primer trabajo como arquitecto llegó justamente de la mano de la cadeteria, cuando hace apenas unas semanas se encontraba esperando en la puerta de un bar para salir con un envío de comida y observó tareas en la calle.
Ese día en el centro nicoleño, contó, “estaban haciendo la obra de la manda peatón y le pregunté a uno de los obreros si había algún jefe, alguien para hablar. Justo estaba el jefe de obra, Saúl. Le comenté mi situación, que me recibí en febrero y estaba buscando trabajo. Le mande mi curriculum a mitad de octubre y al poquito tiempo tuve la entrevista para en noviembre empezar a trabajar”.
Ese puesto, en una constructora de la ciudad, lo tiene abocado al área de obras de gas, haciendo el seguimiento de la oficina técnica, compras de materiales, presupuestos y cómputos métricos.

Vocación
Su interés por la arquitectura estaba marcado desde su infancia: “Creo que el primer paso fue que siempre me gustó dibujar. De chiquito dibujaba mucho. Mi vieja me alentaba mucho porque a ella también le gustaba dibujar. Después fui a la PF, en Somisa, y ahí tenía materias como dibujo técnico que me acercaron más a la profesión. Fue la primera carrera y la única que estudié”, repasó.
El último examen tuvo un tono especial, ya que era el primer examen presencial que se volvía a tomar en la facultad después de las restricciones de la pandemia. El nicoleño lo preparó “muy tranquilo. No le había dicho a nadie porque quería que sea una sorpresa para mi familia. Me fui a rendir solo y después en la facultad me encontré con gente amiga, con los que festejé. El examen fue lindo, me saque un 10. Fue un lindo cierre”.
Apenas se recibió pudo realizar un posgrado organizado por la Universidad Politécnica de Catalunya sobre urbanismo, que es un área que le interesa mucho. “Fue una experiencia hermosa con 45 personas de todo el país, organizado por el Ministerio de Educación de la Nación”, contó Juan Manuel.
Divino tesoro
Su historia, insiste Juan Manuel, no es única porque entiende que hay bastantes dificultades para los jóvenes que quieren estudiar, especializarse y hacer un trabajo que les guste.
“La realidad económica no es sencilla y dedicar tiempo al estudio inevitablemente hace que uno no pueda trabajar. Si hace las dos cosas en paralelo, generalmente el estudio se retrasa un poco. Dentro de todo, nuestro país tiene una excelente calidad en la universidad pública; que no sea arancelada de alguna manera permite que más lleguemos pero lamentablemente no el 100% que quisiera estudiar lo puede hacer”, marcó.
Una pieza fundamental para poder culminar el camino lo enmarca en sus seres queridos: “Por supuesto el camino lo hizo uno, pero sin el apoyo de mis viejos nada hubiese sido posible. Desde el minuto cero me incentivaron a estudiar, hacer lo que me gusta y apostar. Después de que me robaron la moto que me había comprado mi mamá para que pudiera cadetear, también me prestó la suya para que pueda seguir trabajando”, valoró con aprecio.

