Un informe de The Economist ubicó a la Copa del Mundo de Estados Unidos, México y Canadá como el evento cultural más caro de la historia en términos de acceso. Las tarifas, la reventa y el nuevo sistema aplicado por la FIFA abrieron un debate sobre el costo de asistir a los partidos.

Asistir al Mundial 2026 ya implica un desembolso sin antecedentes para miles de fanáticos alrededor del mundo. Según un análisis publicado por The Economist, los precios de las entradas para la Copa del Mundo que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá alcanzaron niveles récord y superan ampliamente los valores registrados en ediciones anteriores.
El fenómeno afecta especialmente a quienes buscan seguir de cerca a selecciones favoritas como Argentina. De acuerdo con el informe, los boletos para partidos de la fase de grupos promediaron los 200 dólares, mientras que la entrada más económica para la final llegó a los 2.030 dólares.
El trabajo del medio británico sostiene que, considerando el costo de acceso para el público, el Mundial 2026 ya se convirtió en el evento cultural más caro de la historia.
El nuevo sistema de venta que disparó los valores
Una de las principales diferencias respecto de otros mundiales aparece en la política de comercialización adoptada por la FIFA.
Por primera vez, el organismo controló completamente el sistema de ticketing, desplazó a operadores locales y aplicó un esquema de precios dinámicos. Bajo esta modalidad, los valores suben a medida que crece la demanda.
La federación también habilitó un mercado oficial de reventa y fijó una comisión del 15% tanto para compradores como para vendedores.
Según The Economist, esta estrategia provocó un salto considerable en los precios. Incluso ajustados por inflación, los boletos del Mundial 2026 cuestan más del doble que en Qatar 2022 y cerca de cuatro veces más que en el Mundial de 1994, también organizado en territorio estadounidense.
La escalada se reflejó especialmente en el mercado secundario. Algunas localidades para la final llegaron a relistarse por hasta dos millones de dólares.
El fenómeno también quedó expuesto en los costos estimados para seguir selecciones específicas. Para hinchas de Brasil, presenciar los tres partidos de la fase de grupos representaba un gasto cercano a los 3.800 dólares en reventa, mientras que seguidores de Cabo Verde —que disputará su primer Mundial— enfrentaban desembolsos próximos a los 1.000 dólares.
Menos demanda y preocupación en el sector turístico
El esquema impulsado por la FIFA comenzó a mostrar consecuencias que, según distintos informes, no estaban previstas inicialmente.
Históricamente, los mundiales agotaban entradas con mucha anticipación mediante sorteos y políticas orientadas a facilitar el acceso popular. Sin embargo, el informe de The Economist señala que la edición 2026 priorizó maximizar ingresos directos por espectador.
Ese cambio coincidió con señales de desaceleración en la demanda.
Según informó Newsweek, los precios en canales oficiales y plataformas de reventa comenzaron a caer en las semanas previas al torneo. El partido inaugural entre Estados Unidos y Paraguay registró una baja superior al 30% durante el último mes.
En promedio, los encuentros disputados en suelo estadounidense mostraron reducciones del 24%, con casos que superaron el 50%.
La plataforma Ticketdata.com verificó descensos similares. Entre ellos aparecen caídas del 46% para el partido entre Estados Unidos y Turquía y reducciones superiores al 50% en otros encuentros del calendario.
Hoteles con menos reservas y dudas sobre la estrategia
La menor demanda también impactó sobre el sector turístico y hotelero.
Representantes de la industria consultados por Newsweek señalaron que las reservas avanzaban por debajo de lo esperado pese a las inversiones realizadas para recibir visitantes.
La American Hotel and Lodging Association estimó que alrededor del 80% de los operadores estadounidenses reconoció niveles inferiores a sus proyecciones iniciales. En ciudades como Kansas City, ese porcentaje osciló entre el 85% y el 90%.
En Nueva York, el presidente de la Hotel Association of New York City, Vijay Dandapani, sostuvo que casi la mitad de los hoteles no percibió un incremento importante asociado al Mundial y calculó pérdidas superiores a los 100 millones de dólares en ingresos por habitaciones.
Michael Bellisario, analista senior de Baird Equity Research, explicó que las previsiones de crecimiento para el sector hotelero también debieron ajustarse a la baja debido a la menor llegada de turistas extranjeros y al efecto desalentador de los altos costos.
El debate sobre el ambiente en los estadios
El impacto del modelo no se limita a la economía.
The Economist advirtió que la masificación de precios premium modifica el perfil del público que asiste a los encuentros y puede afectar la atmósfera tradicional del fútbol.
Diversos estudios citados por la publicación sostienen que espectadores con mayor poder adquisitivo suelen generar ambientes menos ruidosos y menos apasionados que los asociados históricamente a grandes torneos internacionales.
La comparación con otros espectáculos estadounidenses aparece como una referencia constante. Mientras el Super Bowl raramente ofrece entradas por debajo de los 900 dólares y la mayoría supera los 6.000, en Europa la final de la Champions League mantiene boletos accesibles cercanos a los 200 dólares.
En ese escenario, especialistas consultados por Newsweek atribuyen parte del problema a una sobreestimación de la demanda por parte de la FIFA.
Scott Friedman, conductor del programa Ticket Talk, fue contundente: “FIFA sobrestimó la demanda y esto les está costando caro. Los precios fueron demasiado altos en los 104 partidos, fue un desastre completo, y se verán obligados a bajarlos mucho en los próximos 30 días”.
Pese a las caídas registradas y las dudas del mercado, la FIFA continúa ofreciendo remanentes a través de su sitio oficial y mantiene expectativas positivas. Tanto la federación como las asociaciones hoteleras sostienen que los estadios terminarán llenándose cuando el Mundial 2026 entre en su etapa decisiva.

