Una versión que circula desde hace décadas sostiene que los restos del Libertador no descansan en posición horizontal dentro de su mausoleo en la Catedral Metropolitana. Un supuesto error de cálculo y una teoría vinculada con la masonería aparecen entre las explicaciones, aunque los documentos históricos plantean dudas sobre ambas.

La tumba de José de San Martín en la Catedral Metropolitana conserva un interrogante que atravesó generaciones: ¿su féretro está realmente inclinado y, en caso de ser así, por qué fue colocado de esa manera? La historia dio lugar a distintas versiones que combinan testimonios, documentos y leyendas alrededor de los restos del Libertador.
San Martín murió el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer, Francia. Tres décadas después, sus restos fueron repatriados y el 27 de agosto de 1880 quedaron depositados en el monumento construido en su honor dentro de la Catedral Metropolitana.
El acta oficial elaborada por el Cabildo Eclesiástico no registró ningún inconveniente durante la colocación del ataúd ni hizo referencia a una posición particular. Sin embargo, décadas más tarde comenzó a tomar fuerza la versión de que el féretro había quedado inclinado dentro del sepulcro.
Un supuesto error en las dimensiones
Una de las explicaciones más difundidas sostiene que quienes construyeron el monumento desconocían las dimensiones reales del féretro. El cuerpo embalsamado de San Martín se encontraba dentro de cuatro ataúdes, dos metálicos y dos de madera, y esa particularidad habría provocado un error de cálculo.
Según esta versión, al momento de colocar los restos descubrieron que la cavidad era demasiado pequeña y tuvieron que introducir el féretro inclinado.
Sin embargo, algunos antecedentes ponen en duda esa explicación. El monumento había sido encargado en Francia bajo la supervisión de Mariano Balcarce, yerno de San Martín, quien tenía acceso al féretro. Además, los constructores en Buenos Aires estuvieron en contacto con el ataúd durante los tres meses anteriores a su ubicación definitiva.
El testimonio que apareció casi 70 años después
La primera referencia escrita conocida sobre la supuesta inclinación apareció en 1947, casi siete décadas después de la repatriación.
La revista San Martín, publicada por el Instituto Nacional Sanmartiniano, difundió entonces un relato de su presidente, el coronel Bartolomé Descalzo. Allí citó el testimonio de Juan Manuel Terrero, sobrino de Manuelita Rosas y testigo del traslado.
Según aquel relato, la cavidad construida para recibir los restos resultó más corta de lo necesario y el féretro debió colocarse inclinado. Terrero incluso habría donado una maqueta que representaba la disposición del ataúd.
El relato, sin embargo, presenta algunas inconsistencias. Descalzo indicó que los restos habían sido depositados el 29 de mayo de 1880, cuando la colocación definitiva ocurrió el 27 de agosto. También mencionó autoridades que no estuvieron presentes durante la ceremonia.
Pese a esas imprecisiones, registros de los actos patrióticos de aquella época mencionan a Terrero como maestro de ceremonias, un dato que respalda la posibilidad de que haya presenciado el procedimiento.
Otra referencia apareció ese mismo año. El cardenal Santiago Luis Copello envió una carta a la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos en la que, sobre la base del relato de un testigo, señaló que el féretro estaba orientado de norte a sur, con la cabeza hacia el altar mayor y una inclinación aproximada de 15 grados.
No obstante, no existe una constancia documental contemporánea a la colocación de los restos que confirme esa descripción.
¿Una disposición relacionada con la masonería?
Con los años surgió otra teoría que atribuyó la supuesta inclinación a la relación de San Martín con la masonería.
Alcibíades Lappas difundió esta hipótesis en un libro publicado en 1966. La versión sostiene que la Iglesia habría rechazado que los restos de un masón descansaran en terreno consagrado y habría aceptado ubicarlos en un mausoleo anexo, con el féretro inclinado hacia el suelo como señal de condenación.
Los antecedentes históricos, sin embargo, contradicen puntos centrales de esa explicación. La Capilla Nuestra Señora de la Paz, donde se encuentra el mausoleo, se levantó sobre terrenos pertenecientes a la Catedral desde sus orígenes. El lugar había albergado incluso el antiguo cementerio consagrado hasta 1822.
Tampoco existen registros que documenten un conflicto entre las autoridades eclesiásticas y los responsables de la repatriación por el ingreso de los restos de San Martín al templo.
Así, la eventual inclinación del féretro y las razones que podrían explicarla permanecen rodeadas de interrogantes. La ausencia de referencias en los documentos de 1880 y la aparición de los primeros testimonios escritos varias décadas después dificultan establecer con certeza qué ocurrió.
Más de un siglo después de la llegada definitiva de sus restos a la Argentina, la historia continúa formando parte de las leyendas que rodean la figura de José de San Martín y su mausoleo en la Catedral Metropolitana.

