El Lotus de Raikkonen que casi funde a un equipo, en manos de Colapinto

Colapinto hizo rugir en Buenos Aires al mítico Lotus E20 de Raikkonen

Franco Colapinto manejando el Lotus E20 de Fórmula 1 en Buenos Aires

NewsITe

Buenos Aires vivió una postal histórica del automovilismo mundial cuando Franco Colapinto se subió al mítico Lotus E20 de Fórmula 1 y lo hizo rugir por las calles de la Ciudad. El monoplaza, recordado por su sorprendente rendimiento en la temporada 2012, también es protagonista de una de las historias económicas más insólitas de la máxima categoría: estuvo a punto de llevar a la quiebra a la escudería que lo creó.

– Publicidad –

El origen de esta novela se remonta a la llegada del finlandés Kimi Raikkonen a Lotus para el campeonato 2012. La estructura británica, que no atravesaba su mejor momento deportivo ni financiero, decidió tentar al campeón del mundo 2007 con una cláusula explosiva en su contrato: pagarle 50 mil dólares por cada punto que sumara a lo largo del año. En los papeles, la apuesta parecía controlada: se esperaba que el equipo peleara por algunos puntos esporádicos y poco más.

Lejos de ese escenario modesto, Raikkonen encontró en el Lotus E20 –el mismo chasis que ahora condujo Colapinto, aunque luciendo colores de Alpine– un auto competitivo y confiable. El finlandés volvió a su mejor versión tras su paso por el Mundial de Rally y protagonizó una campaña brillante en 2012: acumuló 207 puntos y terminó tercero en el campeonato de pilotos, solo detrás del tricampeón Sebastian Vettel y del español Fernando Alonso, en uno de los certámenes más disputados de los últimos años.

La matemática fue implacable. Con la cláusula de 50 mil dólares por punto, Lotus se vio obligada a desembolsar 10.350.000 dólares solo por el rendimiento de Raikkonen en su primera temporada. Lo que comenzó como un incentivo se transformó rápidamente en una pesadilla contable para la escudería, que ya arrastraba dificultades financieras.

En 2013 la situación se agravó. Con el nuevo modelo E21, el finlandés volvió a mostrarse competitivo y sumó otros 183 puntos, finalizando quinto en el campeonato. Eso implicaba otros 9,15 millones de dólares en concepto de premio, elevando la deuda potencial de Lotus con su piloto a una cifra cercana a los 19,45 millones de dólares por las dos temporadas.

Las tensiones no tardaron en aparecer. La escudería comenzó a retrasarse en los pagos y la relación con Raikkonen se deterioró. El piloto, aquejado además por un problema en la espalda, decidió no disputar las últimas dos carreras de 2013. Poco después, cerró su regreso a Ferrari, mientras en los despachos se discutía cómo saldar la millonaria deuda que amenazaba con hundir económicamente al equipo británico.

Si bien el finlandés no perdonó completamente lo adeudado, sí decidió retirar las acciones legales por impagos para evitar la quiebra definitiva de Lotus. Ese gesto permitió que la estructura respirara, aunque la crisis marcó para siempre la historia del equipo. El Lotus E20 quedó así asociado no solo a grandes actuaciones en pista, sino también a una de las cláusulas contractuales más caras y riesgosas de la F1 moderna.

Un Fórmula 1 legendario por las calles porteñas

Más de una década después de aquella epopeya, el mismo chasis volvió a ser protagonista, esta vez lejos de los circuitos europeos. En un evento promocional que convocó a miles de fanáticos, Franco Colapinto manejó el E20 por las calles de Buenos Aires, en un trazado urbano especialmente preparado para la ocasión. El monoplaza lució la decoración de Alpine, heredera deportiva de aquella Lotus que deslumbró entre 2012 y 2013.

  • El Lotus E20 fue el auto con el que Raikkonen ganó el Gran Premio de Abu Dhabi 2012.
  • Con él, el finlandés consiguió siete podios en esa temporada y se mantuvo en la pelea por el título hasta las últimas fechas.

“Es emocionante manejar un auto que forma parte de la historia de la Fórmula 1 y que usó un campeón del mundo como Kimi”, expresó Colapinto ante los fanáticos que se acercaron a verlo.

El rugido del V8 volvió a escucharse, esta vez entre edificios y veredas colmadas, y acercó al público argentino a la experiencia de la Fórmula 1 moderna. Para Colapinto, que transita su camino hacia la máxima categoría, la exhibición representó un guiño al futuro; para Lotus –y ahora Alpine–, fue una nueva oportunidad de mostrar un auto que combinó resultados deportivos brillantes con una historia económica tan increíble como aleccionadora.

- Publicidad -
- Publicidad -
- Publicidad -