El festival de rock previsto para este sábado en la costa de Ramallo reaviva el debate por el uso de recursos municipales

Aunque la organización corresponde a una productora privada, el Municipio tendrá un rol central en la logística del festival, lo que generó cuestionamientos por la utilización de recursos públicos.

El festival de rock previsto para este sábado en la costa de Ramallo reaviva el debate por el uso de recursos municipales.

Este sábado, la costa de Ramallo será escenario de un festival de rock con entrada gratuita y presencia de bandas nacionales, anunciado como uno de los principales atractivos culturales del verano. Sin embargo, lejos de generar consenso, el evento abrió un fuerte debate público por el papel que asumirá el Estado municipal en su realización, el uso de recursos públicos y la ausencia de información clara sobre los costos involucrados.

Si bien la organización formal del espectáculo corresponde a una productora privada, desde el propio Municipio se confirmó que áreas clave como la seguridad, el mantenimiento del predio, la limpieza posterior y el dispositivo de emergencias estarán a cargo del Estado local. Esto implica la utilización de personal municipal, móviles, insumos y horas de trabajo financiadas con fondos públicos, en un contexto económico marcado por la recesión y las dificultades presupuestarias.

Hasta el momento, no se brindaron precisiones oficiales sobre cuánto demandará el operativo ni qué monto deberá afrontar el Municipio para garantizar el desarrollo del evento. Tampoco se informó si existe algún tipo de convenio, canon o compensación económica por el uso de un espacio público estratégico como la zona del Parador Municipal. La falta de datos concretos alimenta las sospechas y genera malestar entre vecinos y sectores que reclaman mayor austeridad y control del gasto.

Las críticas se concentran en la gestión del intendente Mauro Poletti y del director de Cultura, Martín Paccioni, a quienes se les cuestiona la forma en que se comunicó el anuncio. No hubo explicaciones detalladas ni un esquema de costos transparentado, pese a que se trata de una actividad que compromete recursos del erario público. En tiempos donde la rendición de cuentas se vuelve una demanda central de la sociedad, el silencio oficial resulta llamativo.

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Otro de los puntos que genera inquietud es la oportunidad elegida para asumir este tipo de compromisos. Mientras se multiplican los reclamos por mejoras en servicios esenciales, mantenimiento urbano y asistencia social, el Municipio destina esfuerzos y recursos a un evento recreativo cuyo impacto económico real no fue debidamente explicado. La gratuidad para el público no elimina el hecho de que alguien debe afrontar los costos, y en este caso todo indica que será, al menos en parte, el Estado local.

Desde distintos sectores advierten que la promoción cultural y turística no puede estar desligada de la realidad económica ni desarrollarse sin reglas claras. La cultura es una inversión, sostienen, pero debe planificarse con responsabilidad, transparencia y criterios de prioridad, especialmente cuando se utilizan fondos públicos y se trabaja con operadores privados.

El festival promete música, convocatoria y movimiento en la costa, pero deja al descubierto una forma de gestión que vuelve a ser cuestionada. Más allá del atractivo artístico, el eje del debate pasa hoy por la falta de información, la indefinición sobre los gastos y el rol que asume el Municipio en un escenario económico adverso.

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