El parador carnívoro que marca la llegada a Villa Gesell

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En la entrada misma de Villa Gesell, sobre la Avenida Buenos Aires al 2300, se alza El Encuentro, un asador criollo que se ganó, con fuego lento y constancia, el título de parada obligada para los amantes del buen asado. Lejos de las modas pasajeras y las cartas de autor, este templo carnívoro se sostiene en una premisa simple: respetar la tradición argentina del fuego y la abundancia.
Al cruzar la puerta, el primer impacto no viene del salón sino del humo fragante del quebracho y el espinillo. Allí, a la vista, se despliegan las cruces y los asadores donde las piezas se cocinan durante horas, al calor parejo de las brasas. Es el ritual del asado a la cruz, una técnica de campo que en las ciudades costeras suele perderse, pero que en El Encuentro se practica como se hacía antes, con paciencia y oficio.
Juan, el anfitrión y alma del lugar, supervisa cada costillar y cada cordero con un ojo experto. No hay atajos ni apuro: el punto justo se logra a fuerza de tiempo, experiencia y respeto por la materia prima. Esa filosofía se traslada al ambiente: un salón amplio, de estética rústica, mesas generosas y un clima de bodegón familiar donde el lujo está en el plato y en la atención cercana.
Los imperdibles de la parrilla y la experiencia completa
La carta funciona como una declaración de principios del asador criollo. Entre los cortes que se llevan todas las miradas se destacan:
- Costillar y vacío: verdaderos emblemas de la casa, cocidos lentamente hasta que la carne se desprende sola del hueso, con una textura tierna y jugosa.
- Cordero patagónico y chivito: opciones difíciles de encontrar con esta autenticidad en la costa atlántica. Son las elecciones de los habitués que viajan sabiendo que acá los esperan estos clásicos de campo.
- Los “mimos” de la casa: antes de que lleguen las fuentes, el comensal es recibido con una empanada de cortesía y berenjenas en escabeche, gestos que anticipan el clima cálido y distendido del servicio.
Las porciones de guarniciones, especialmente las papas fritas, honran la tradición del bodegón: abundantes, pensadas para compartir y acompañar largas sobremesas. El sonido de copas, cubiertos y charlas familiares completa la escena de un lugar donde las vacaciones se viven también alrededor de la mesa.
En tiempos de platos minimalistas, El Encuentro resiste como bastión de la abundancia, el sabor criollo y el ritual del asado compartido.
El cierre de la comida también tiene sello propio: no es raro que la velada concluya con un digestivo o un limoncello de cortesía, detalle que muchos turistas recuerdan tanto como el punto de la carne. Por ubicación estratégica, propuesta gastronómica y calidez en el trato, El Encuentro se consolida como una elección ideal para esa cena de despedida de las vacaciones o para refugiarse en un mediodía fresco frente a una parrilla que honra la tradición argentina.

