Despedida a un referente del periodismo argentino

NewsITe
La muerte de Samuel “Chiche” Gelblung, a los 82 años, provocó una profunda conmoción en el mundo del periodismo argentino. Entre las voces que salieron a recordarlo se destacó la de Baby Etchecopar, conductor de Radio Rivadavia, quien lo despidió con palabras cargadas de afecto y nostalgia, y lo definió como un “amigo entrañable” más allá de las cámaras y los micrófonos.
Gelblung falleció en la mañana del 9 de septiembre en el Sanatorio Los Arcos, en el barrio porteño de Palermo, tras una complicación en su cuadro respiratorio. Su partida cierra una extensa trayectoria ligada a la radio, la televisión y el periodismo gráfico, donde se transformó en una figura tan popular como polémica, pionero en formatos que marcaron época en la televisión argentina.
En diálogo con Débora Plager por la pantalla de La Nación +, Etchecopar se corrió del personaje público para rescatar al hombre de los pasillos y las sobremesas compartidas. “Nosotros podemos hablar del Chiche amigo. El Chiche de comer juntos, el de las jodas en la radio permanente, el de estar presente en conversaciones completamente alejadas de la profesión. Yo siento que se va ese amigo entrañable de tantos momentos”, expresó, visiblemente conmovido.
Baby también se ocupó de desarmar el mito del Chiche “difícil” en el trato laboral. Lo describió como un hombre tierno, marcado por carencias afectivas en su infancia, pero generoso con quienes trabajaban a su lado. Según relató, entender ese trasfondo era clave para vincularse con él y descubrir a una persona mucho más cálida que la imagen áspera que muchas veces devolvía la pantalla.
Un periodista todo terreno y un “animal de trabajo”
Etchecopar reivindicó además la versatilidad profesional de Gelblung frente a quienes lo cuestionaban como periodista. Recordó que podía pasar de una entrevista profunda a una nota liviana de espectáculos, abordar temas de farándula o de política internacional, y entrevistar tanto a personajes extravagantes como a presidentes latinoamericanos, siempre con el mismo olfato para captar la atención del público.
“A cada uno que nos tocó trabajar con él, nos dio un diploma de periodismo”, señaló Baby, al destacar la escuela que significó acompañarlo en estudios de radio y televisión. Lo definió como un “animal de trabajo”, alguien que eligió permanecer activo hasta el final. Gelblung estuvo al aire hasta un día antes de su muerte, fiel a esa lógica de periodistas “de raza” que, como dijo Etchecopar, nunca se terminan de retirar de la profesión.
“Murió como él quiso, murió trabajando un día antes. Era un hombre del medio, un hombre amante de la profesión. Esto para llegar cuesta mucho y una vez que estás, no lo querés dejar nunca más”, resumió Baby Etchecopar.
Además de su capacidad para conducir programas y entrevistar a figuras de todos los ámbitos, Etchecopar destacó su visión para el negocio periodístico: “Era muy vivo para vender la nota, muy vivo para venderte la tapa, era un genio para copetear”. Con su muerte, el periodismo argentino despide a un protagonista que dejó huella en generaciones de profesionales y en la memoria de una audiencia que lo siguió durante décadas.

