Cuando la garra guaraní puso en jaque al futuro campeón

NewsITe
El 28 de junio de 1998, en el Estadio Félix Bollaert de Lens, Francia se asomó al abismo. En los octavos de final del Mundial, el seleccionado local, que meses más tarde levantaría la Copa del Mundo, estuvo a apenas unos minutos de quedar eliminado frente a una Paraguay heroica, sostenida por la figura imponente de José Luis Chilavert.
Lejos de ser un mero trámite para el anfitrión, aquel duelo se transformó en una de las batallas defensivas más recordadas de los mundiales. Sin Zinédine Zidane, suspendido, los dirigidos por Aimé Jacquet se toparon con un muro guaraní diseñado por el técnico Paulo César Carpegiani, que plantó una defensa férrea liderada por Celso Ayala, Carlos Gamarra y Francisco “Chiqui” Arce.
Durante los 90 minutos reglamentarios, Francia buscó una y otra vez con Thierry Henry, David Trezeguet y Yuri Djorkaeff, pero siempre se estrelló contra la seguridad de Chilavert. El arquero paraguayo, voz de mando y símbolo de carácter, manejó los tiempos del partido, ordenó a la defensa y desesperó al público local, que no podía creer la resistencia sudamericana.
El drama del Gol de Oro y el minuto 114
Con el empate 0 a 0, el encuentro se estiró al tiempo suplementario, bajo la entonces novedosa regla del “Gol de Oro”: el primer equipo en marcar se llevaba la clasificación de manera inmediata. Esa condición convirtió cada ataque en una jugada de vida o muerte para ambos seleccionados.
Paraguay, exhausta pero firme, apostaba a llegar a los penales, donde Chilavert se sentía en su hábitat natural. El desgaste físico era extremo: Gamarra, símbolo de la zaga, jugó gran parte del partido con un hombro dislocado, reflejo del sacrificio colectivo de la Albirroja para sostener la igualdad.
Cuando faltaban apenas seis minutos para alcanzar los penales, llegó el golpe definitivo. A los 114, Robert Pirès desbordó y lanzó un centro al área paraguaya. Trezeguet la bajó de cabeza hacia el punto penal y, como un improvisado delantero, el defensor Laurent Blanc apareció para fusilar a Chilavert. El balón besó la red, el árbitro señaló el centro y, por la regla del Gol de Oro, el partido terminó en ese mismo instante: clasificada Francia, eliminada Paraguay.
El consuelo de Chilavert y una imagen para la historia
La escena posterior al gol fue tan impactante como el desarrollo del partido. Varios jugadores paraguayos se desplomaron en el césped, quebrados por la frustración de haber quedado tan cerca de la hazaña. En medio de esa desolación emergió la figura de Chilavert, quien, lejos de hundirse, se encargó de levantar uno por uno a sus compañeros.
Con el pecho inflado y la mirada desafiante, el capitán les exigió salir con la frente en alto, consciente de que el mundo entero había sido testigo de su gesta. Esa imagen, la del arquero consolando y erigiendo a los suyos, quedó grabada como una postal imborrable del Mundial de Francia 1998.
- Paraguay llevó al límite al futuro campeón del mundo.
- El partido marcó el primer Gol de Oro decisivo en una Copa del Mundo.
- La actuación de Chilavert consolidó su leyenda como referente del arco sudamericano.
“Estuvimos a minutos de eliminar al anfitrión. Nos vamos con la cabeza alta”, repetía Chilavert mientras guiaba a sus compañeros fuera del campo, símbolo máximo de la garra guaraní.
Francia siguió su camino hacia el título y completó su cuento de hadas en casa. Pero, para muchos amantes del fútbol, aquel choque ante Paraguay representa el verdadero punto de inflexión del torneo: la noche en la que la valentía de un equipo sudamericano puso en jaque al futuro campeón y dejó una lección imborrable de dignidad deportiva.

