El chipá gana la playa y disputa el trono del churro

El boom del chipá en Mar del Plata: la nueva estrella de la playa

Vendedor de chipá ofreciendo roscas en la playa de Mar del Plata

NewsITe

El verano 2026 en Mar del Plata tiene un nuevo protagonista gastronómico sobre la arena: el chipá. Lo que durante años fue un clásico del Litoral y de la cultura guaraní hoy se convirtió en la vedette de los carritos y vendedores ambulantes que recorren las playas del norte y del centro de la ciudad, desafiando el histórico reinado del churro y los bizcochitos de grasa.

Las bandejas se observan a la distancia. Los vendedores avanzan con las roscas doradas sobre la cabeza, al mejor estilo de las baianas de Brasil, y las porciones se agotan en pocas horas. El dato distintivo que explica el furor: se trata de un producto elaborado sin trigo, avena, cebada ni centeno, es decir, apto para celíacos y buscado por quienes eligen opciones sin gluten.

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A diferencia de los pequeños bollitos que se consiguen en panaderías y cafeterías urbanas, la versión playera apunta a un formato contundente y rendidor para compartir en familia o entre amigos. Cada chipá se vende en formato de rosca de unos 200 gramos, recién salido del horno y mantenido caliente en conservadoras especiales, lo que refuerza su atractivo frente a otras propuestas dulces y saladas de la costa.

Precios, promociones y demanda en la arena

En los paradores marplatenses, la rosca de chipá se ofrece a un precio de referencia de $5.000 por unidad. Para quienes buscan ahorrar, muchos vendedores incluyen una promoción de 2 por $8.000, lo que impulsa la compra grupal y la idea de picada sobre la toalla. Según relatan los propios trabajadores de playa, en un día de sol “tranqui” se vende sin dificultad una bandeja de 50 unidades.

La ecuación cierra: es un producto rendidor, con buena conservación y que responde a una demanda creciente de alimentos sin TACC. De este modo, el chipá se posiciona como alternativa directa a los clásicos churros de dulce de leche o crema pastelera y a los bizcochitos de grasa, íconos de las temporadas pasadas.

La clave del éxito: boom del “sin TACC”

La etiqueta “SIN TACC” es hoy un poderoso imán comercial. Muchos vendedores lucen remeras y carteles con el logo bien visible para dejar claro que el chipá que ofrecen es apto para celíacos. Esa certificación informal, sumada a la percepción de producto “más liviano” que una fritura, atrae a un público amplio.

“Las principales compradoras son señoras y chicas que se cuidan; por supuesto que también quienes tienen celiaquía”, cuenta Emiliano, vendedor de la zona norte de Mar del Plata. El testimonio se repite en distintos balnearios, donde señalan que la clientela se multiplicó respecto de años anteriores.

Del mar a la ciudad: locales especializados y nuevas versiones

El éxito en la arena impulsó la expansión del chipá hacia distintos barrios de Mar del Plata. En los últimos meses abrieron locales dedicados exclusivamente a este producto, con propuestas como “Los Chipa de la Tía”, “Chipancito Argentino” o “Bakeme Chipa”, que ofrecen desde la clásica rosca hasta porciones individuales para llevar.

  • Presentaciones tradicionales y en formato rosca para compartir.
  • Versiones saborizadas con hierbas, quesos intensos y rellenos.
  • Creaciones nuevas como el “chipandwich”, un sándwich armado con tapas de chipá.

Estas variantes buscan captar tanto al turismo como al público local, que empieza a adoptar al chipá como una opción cotidiana para el desayuno, la merienda o la picada previa a la cena. El producto, además, se adapta bien a la venta por delivery y plataformas de envío, lo que amplía su alcance fuera de los meses de verano.

El chipá, símbolo de la cocina guaraní y del Litoral argentino, encontró en la playa marplatense el escenario ideal para consolidarse como una nueva tradición de temporada.

Con precios competitivos, un fuerte anclaje en la tendencia “sin TACC” y una creciente oferta de locales especializados, el chipá se perfila para seguir ganando terreno en las playas y en la ciudad, y amenaza con disputar seriamente el histórico trono del churro en los veranos de la costa atlántica.

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