El caso Rangraz: el femicida serial que horrorizó a Irán

El asesino serial que reveló su historial de crímenes

Esmail Rangraz, asesino serial iraní ejecutado en 2017

NewsITe

Esmail Jafarzadeh, conocido públicamente como Esmail Rangraz, se convirtió en uno de los criminales más impactantes de Irán tras ser detenido por la violación y el asesinato de una niña de 7 años. Lo que inicialmente parecía un caso aislado derivó luego en la confesión de otros dos homicidios previos, lo que lo ubicó en la categoría de asesino serial.

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Nacido en 1975, Rangraz ya registraba antecedentes inquietantes. Años antes de los crímenes que salieron a la luz, había sido denunciado por intentar llevarse a una menor a la casa de su padre. La niña logró escapar al gritar y pedir ayuda, lo que derivó en un informe policial. Sin embargo, la familia decidió no presentar cargos formales, una decisión que, con el tiempo, quedó marcada por la tragedia. Tras ese episodio, su primera esposa se separó de él.

El caso que destapó su historial criminal ocurrió el 28 de junio de 2017 en Parsabad. Ese día, Atena Aslani, una niña de 7 años, salió por unos instantes de la tintorería de su padre para dirigirse a un local cercano. El comerciante que la recibió era, precisamente, Rangraz. Según su propia confesión, llevaba varios días sintiendo “la tentación” de acercarse a la niña.

En su declaración, reconstruyó el momento del ataque: se aproximó con la excusa de pedirle ayuda, pero ante los gritos de la menor le tapó la boca con la mano. Luego afirmó haber “recuperado la consciencia” cuando la niña ya no respiraba. Asustado, ocultó el cuerpo en un barril en un estacionamiento y se retiró a su habitación, creyendo que el crimen quedaría impune.

La investigación que destapó a un asesino serial

Tras la desaparición de Atena, los investigadores analizaron las cámaras de seguridad de la zona y establecieron que el principal sospechoso había sido visto en las inmediaciones, sin que hubiese registros claros de su salida. Con estos elementos, Rangraz fue detenido e interrogado, mientras la Policía avanzaba con allanamientos y reconstrucciones.

Durante ese período, los efectivos aún desconocían el paradero del cuerpo. El giro clave en la causa llegó por un error del propio asesino: desde la cárcel, llamó a su esposa y le pidió que fuera al estacionamiento a retirar un barril. El hermano de Rangraz relató este episodio, y la mujer, al acudir al lugar, encontró el contenedor con el cadáver de la niña, información que comunicó de inmediato a las autoridades.

Ante la evidencia, Rangraz no solo admitió el crimen de Atena, sino que también reconoció haber asesinado a otras dos mujeres años antes. En 2012, una mujer había desaparecido y luego fue hallada muerta. Él fue detenido en ese momento bajo sospecha de secuestro, pero solo permaneció dos semanas preso por falta de pruebas concluyentes sobre el motivo del asesinato.

En 2014, otro cuerpo fue hallado sin que se lograra identificar al responsable. Tras la confesión de Rangraz, la Justicia revisó pruebas previas y su automóvil, donde se encontraron elementos que lo vinculaban directamente con ese homicidio. De este modo, se consolidó el perfil de un asesino serial que había logrado evadir condenas firmes durante años.

Condena y ejecución en Irán

Con los tres crímenes acreditados —el de la niña Atena Aslani y los de las dos mujeres asesinadas en 2012 y 2014—, la Justicia iraní avanzó con un juicio acelerado. La conmoción social en Parsabad y en distintas regiones de Irán fue inmediata, con una fuerte presión pública para que se aplicara la pena máxima.

Esmail Rangraz fue finalmente condenado a muerte y ejecutado en la horca el 19 de septiembre de 2017 en Parsabad. Su caso reabrió el debate en Irán sobre la actuación de las fuerzas de seguridad y del sistema judicial en investigaciones previas donde ya había aparecido como sospechoso, así como sobre la importancia de dar curso judicial efectivo a las denuncias de abuso y tentativa de secuestro.

El expediente de Rangraz evidenció cómo episodios previos no perseguidos con firmeza pueden anticipar tragedias mayores y poner en riesgo a víctimas vulnerables.

El nombre de Atena Aslani quedó asociado, en Irán, a una serie de reclamos sociales vinculados a la protección de la niñez y a la necesidad de fortalecer los mecanismos de prevención y respuesta frente a delitos sexuales y femicidios.

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