El Brent roza los US$100 por la tensión en el Estrecho de Ormuz

El crudo suma presión geopolítica y complica los costos de energía

Buque petrolero navegando en el Estrecho de Ormuz

NewsITe

El precio internacional del petróleo volvió a encender las alarmas en los mercados energéticos. El barril de Brent, referencia para Europa y buena parte de América Latina, se ubica en torno a los US$98,56 y se acerca peligrosamente a la barrera de los US$100, impulsado por la creciente tensión militar y política en Medio Oriente, particularmente en la estratégica zona del Estrecho de Ormuz.

El Brent mostraba este lunes una suba cercana al 2,2% en las operaciones intradiarias, reflejando la inquietud de los operadores ante el riesgo de nuevas interrupciones en el flujo de crudo. Para la Argentina, que importa parte de los combustibles que consume y fija sus precios locales con referencia internacional, este repunte refuerza las presiones sobre los costos de la energía y dificulta cualquier escenario de baja en los surtidores.

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El Estrecho de Ormuz es un punto neurálgico para la economía mundial: por allí circula cerca de una quinta parte del petróleo que se comercializa en el planeta. Cualquier amenaza de bloqueo o restricción en ese paso marítimo se traduce prácticamente de inmediato en movimientos bruscos de precios, ya que los mercados descuentan la posibilidad de menor oferta disponible.

Analistas del sector energético señalan que, más allá de la coyuntura bélica, el mercado del crudo ya venía operando con cierta tensión por decisiones de recorte de producción adoptadas por la OPEP+ y otros grandes productores. En este contexto ajustado, cada episodio de inestabilidad geopolítica magnifica su impacto sobre las cotizaciones.

Impacto potencial en Argentina y en la economía global

Si el Brent supera y se mantiene por encima de los US$100, los efectos podrían sentirse tanto en los países importadores como en los consumidores finales. En la Argentina, las petroleras suelen utilizar esta referencia para actualizar los valores de naftas y gasoil, por lo que se complica el escenario para una baja de combustibles y, a la inversa, crece la probabilidad de nuevos aumentos en caso de que la escalada se prolongue.

  • Más costos logísticos para sectores productivos que dependen del transporte por ruta.
  • Presión adicional sobre la inflación, vía combustibles y tarifas energéticas.
  • Mayor incertidumbre para las economías emergentes, vulnerables a shocks externos.

En el plano internacional, un petróleo caro tiende a encarecer el transporte marítimo y aéreo, eleva los costos de producción y puede desacelerar el crecimiento global. Organismos multilaterales y consultoras privadas siguen de cerca la evolución del conflicto en Medio Oriente y su impacto sobre la energía, en un contexto donde el mundo aún procesa las secuelas económicas de los últimos años de alta volatilidad.

El estrecho de Ormuz vuelve a ser un termómetro de la fragilidad del suministro energético mundial: cada tensión militar en la zona se traslada, casi sin filtro, a los precios que pagan países y consumidores.

Mientras persista la incertidumbre en la región y no haya garantías claras sobre la normalidad del tránsito de buques petroleros, los operadores descartan una corrección significativa a la baja. El mercado seguirá atento a cualquier novedad diplomática o militar que pueda moderar —o, por el contrario, profundizar— la escalada del precio del crudo en las próximas jornadas.

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