El aceite de oliva mendocino que conquista al mundo

Una olivícola mendocina que brilla en el mapa mundial

Olivícola Laur en Maipú, Mendoza, productora de aceite de oliva premiado

NewsITe

Entre viñedos, caminos rurales y olivares centenarios de Maipú, al pie de la Cordillera de los Andes, se esconde una verdadera joya de la gastronomía argentina: Olivícola Laur. Fundada en 1889, esta histórica empresa mendocina logró lo que durante décadas pareció un privilegio exclusivo de Europa: producir uno de los mejores aceites de oliva virgen extra del mundo.

Aunque el turismo en Mendoza suele asociarse casi de manera automática con bodegas y vinos de renombre, un número creciente de visitantes comienza a incluir en su recorrido una parada obligada entre olivos y montañas nevadas. Allí descubren que la provincia no solo compite con España, Italia o Grecia en enoturismo, sino también en la elaboración de aceites de oliva de altísima calidad.

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La historia de Laur comenzó con Francisco Laur, un inmigrante francés que llegó a fines del siglo XIX en busca de las mejores tierras para el cultivo del olivo. Su apuesta por la calidad artesanal y el cuidado del suelo sentó las bases de un proyecto que, más de 135 años después, continúa vigente y en pleno crecimiento. La incorporación posterior a Familia Millán permitió combinar tradición y tecnología de última generación, clave para dar el salto definitivo hacia la excelencia.

Premios internacionales y una trayectoria que rompe fronteras

Ese esfuerzo sostenido tuvo reconocimiento global. En 2021, 2022 y 2023, Olivícola Laur fue distinguida como la mejor olivícola del planeta por el EVOO World Ranking, uno de los sistemas de evaluación más respetados de la industria del aceite de oliva virgen extra. El logro fue histórico: la firma mendocina se convirtió en una de las primeras fuera de Europa en liderar este ranking, superando a productores tradicionales de países como España, Italia, Portugal, Grecia, Turquía y Túnez.

Según los organizadores del EVOO World Ranking, Laur se destacó por la calidad constante de sus productos en concursos internacionales de alto nivel, una consistencia difícil de sostener en una industria marcada por las variaciones climáticas y de cosecha. Hoy alcanza una producción anual superior a las 600 toneladas de aceite de oliva virgen extra, cerca de un millón de botellas, con parte de ese volumen destinado a la exportación hacia mercados como Estados Unidos, China, Corea del Sur, Uruguay, Paraguay, Costa Rica y Ecuador.

Entre las etiquetas que integran su portfolio se encuentran variedades y blends pensados para distintos paladares y usos culinarios, entre ellos Alto en Polifenoles, Gran Laur, Gran Mendoza, Blend de Terroir, Laur Virgen Extra, Altos Limpios, Arbequina, Cruz de Piedra y Medrano. Esa diversidad se tradujo en más de 624 premios internacionales en la última década, cifra que ubica a Laur entre las olivícolas más galardonadas del planeta.

Experiencias turísticas entre olivos y balsámicos

Ubicada sobre la calle Videla Aranda 2850, en Cruz de Piedra, Maipú, la olivícola se consolidó también como un polo de turismo gastronómico. Abre de lunes a sábado, de 10 a 18, y para visitarla es necesario realizar reserva previa online. Las visitas guiadas permiten recorrer los olivares, la acetaia —donde se elaboran los acetos balsámicos—, la planta de producción y conocer paso a paso el proceso que convierte la aceituna en aceite virgen extra.

Entre las propuestas se destaca la experiencia “Entre olivos y balsámicos”, un recorrido guiado de unos 45 minutos, pensado como puerta de entrada al universo del olivo. Para quienes buscan profundizar, “Sabores del Terroir” suma una degustación de aceites de oliva virgen extra y acetos balsámicos, acompañados por productos regionales y una copa de vino mendocino.

  • “El Arte de los Sentidos”: cata de cuatro aceites de oliva, cuatro acetos balsámicos, productos regionales y vinos seleccionados.
  • “Laur + La Picnicerie”: visita guiada, degustación y un almuerzo de tres pasos con platos típicos mendocinos.

Entre olivares centenarios, montañas andinas y aceites multipremiados, Laur se consolidó como un rincón mendocino que combina historia, turismo y alta gastronomía.

Mientras el vino sigue siendo la gran vidriera de Mendoza, el aceite de oliva virgen extra de Laur suma argumentos para que la provincia sea reconocida también como una potencia olivícola. Una experiencia que, para muchos viajeros, ya forma parte del itinerario imprescindible cuando se visita el oeste argentino.

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