A 20 años de la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral, un relevamiento de Fundación Huésped y Pulsar.UBA mostró consenso en el ámbito escolar. El informe advirtió sobre violencias digitales, apuestas online y difusión de imágenes creadas con IA.

A dos décadas de la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI), el 86% de los estudiantes consultados considera que esta norma es importante y necesaria, según una encuesta nacional de Fundación Huésped y el Observatorio Pulsar.UBA. El estudio también ubica a la salud mental, las violencias en entornos digitales, las apuestas y el uso de inteligencia artificial entre los temas que jóvenes y docentes reclaman abordar con mayor profundidad en las escuelas.
El informe muestra que 6 de cada 10 (el 58%) estudiantes señalaron que los contenidos aprendidos les permitieron identificar situaciones injustas, violentas o incómodas. Entre el personal docente, el 99% afirmó conocer la ley y el 93% indicó que incorpora la ESI en sus clases.
La Ley Nacional 26.150, aprobada en 2006, establece el derecho de todos los estudiantes a recibir esta educación. Su enfoque articula dimensiones biológicas, psicológicas, afectivas, sociales y éticas, y se organiza en cinco ejes transversales: reconocer la perspectiva de género, respetar la diversidad, valorar la afectividad, ejercer derechos y cuidar el cuerpo y la salud.
La investigación se realizó entre el 2 y el 20 de septiembre de 2026 y recogió las respuestas de 518 jóvenes escolarizados de 13 a 23 años y de 629 docentes de los niveles inicial, primario y secundario. La muestra, de alcance nacional y diseño no probabilístico, combinó relevamientos en línea y presenciales en el caso de estudiantes.
El relevamiento fue elaborado por la Fundación Huésped junta a Pulsar.UBA, el observatorio de opinión pública de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Combina técnicas cuantitativas y cualitativas para analizar preferencias ciudadanas sobre temas de interés público.
Problemas cotidianos
El relevamiento expuso problemas que atraviesan la vida escolar y digital. El 36% de estudiantes afirmó que las redes sociales le generan malestar, angustia o ansiedad, mientras que el 48% reportó haber atravesado discriminación o acoso en esas plataformas. A su vez, el 40% informó situaciones de circulación de imágenes sin consentimiento.
Entre docentes de secundaria, el 55% registró episodios de acoso, amenazas o discriminación entre estudiantes a través de redes sociales. El 41% advirtió casos de exposición o difusión sin autorización de imágenes, datos personales o contenidos privados, y el 15% presenció la creación o circulación de imágenes, audios o videos falsos elaborados con inteligencia artificial que involucraron a alumnos.
También se registraron situaciones vinculadas con la salud mental: el 36% de estudiantes secundarios dijo que en su escuela hubo un intento de suicidio de un alumno. La proporción ascendió al 47% entre docentes del mismo nivel.
Demandas de más contenidos
La salud mental aparece como la principal preocupación para trabajar en la escuela: el 72% de estudiantes dijo que debería abordarse. Le siguen el maltrato en el hogar, mencionado por el 60%; la inclusión y el respeto hacia personas con autismo, con el 57%; y la discriminación por el cuerpo o el peso, con el 56%.
Los jóvenes señalaron más contenidos que esperan discutir en las aulas: el 47% mencionó los discursos de odio en internet, el 43% el funcionamiento de los algoritmos en redes sociales, el 42% las apuestas y el 41% el uso responsable de inteligencia artificial.
La encuesta también indagó en las experiencias de maternidad y paternidad dentro de las comunidades educativas. El 62% de estudiantes indicó que una alumna fue madre en su escuela y el 29% señaló que un alumno fue padre. Entre docentes, esas proporciones fueron del 51% y el 27%, respectivamente.
Las respuestas muestran trayectorias diversas. El 46% de estudiantes que conoció estas situaciones dijo que la persona continuó cursando con normalidad, y el 26% mencionó cambios o apoyos especiales de la institución. Al mismo tiempo, el 29% recordó un abandono escolar y el 23% una interrupción temporal seguida de un regreso. Las personas encuestadas podían elegir más de una respuesta, por lo que los datos describen situaciones conocidas y no tasas generales de abandono.

