El estudio realizado por la Fundación Mutua Madrileña y Fad Juventud en España encuestó a 1.511 jóvenes de 15 a 29 años y reveló que más de la mitad atravesó algún problema psicológico o de salud mental durante el último año.

Más de la mitad de los jóvenes de entre 15 y 29 años manifestó haber atravesado algún problema psicológico, psiquiátrico o de salud mental durante el último año. Aunque el indicador mostró una leve mejora frente a mediciones anteriores, todavía se mantiene muy por encima de los registros previos a la pandemia.
El dato surge del Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025, elaborado en España por la Fundación Mutua Madrileña y Fad Juventud. El estudio consultó de manera online a 1.511 personas y analizó diferentes aspectos vinculados con la salud física, el bienestar emocional, los hábitos cotidianos y las conductas de riesgo.
Según el relevamiento, el 54,7% de los encuestados afirmó que experimentó algún problema de salud mental durante los últimos 12 meses. Sin embargo, el síntoma más extendido no fue la ansiedad, sino el cansancio y la falta de energía, mencionados por el 52,3%.
La falta de concentración apareció en segundo lugar, con el 47,6%, mientras que la tristeza alcanzó al 45% y la pérdida de interés en las actividades habituales, al 44,4%. La incertidumbre y los problemas para dormir también afectaron a más del 40% de los participantes.
Los diagnósticos más frecuentes entre los jóvenes
El informe determinó que el 42,8% de los jóvenes recibió alguna vez un diagnóstico profesional relacionado con su salud mental. Los cuadros de ansiedad, pánico o fobias encabezaron la lista, con el 17,9%, seguidos por la depresión, con el 15,7%, y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, con el 9,2%.
Los trastornos de ansiedad fueron los únicos que aumentaron respecto de 2023, cuando representaban el 15,9%. En cambio, la proporción de diagnósticos de depresión registró una reducción moderada frente al 17,7% contabilizado dos años antes.
Pese a la mayor visibilidad que alcanzaron los problemas de salud mental, solo uno de cada cuatro jóvenes buscó atención profesional. El 31% de quienes no recurrieron a especialistas señaló el costo económico como principal impedimento, mientras que el 22% sostuvo que podía resolver el problema por sus propios medios.
Las diferencias también quedaron expuestas según el género. Las mujeres presentaron mayores niveles de ansiedad y tristeza, además de una preocupación más elevada por su salud y su imagen. Los hombres, por su parte, mostraron una menor disposición a solicitar ayuda y una participación más frecuente en conductas de riesgo.
La soledad no deseada alcanzó a casi nueve de cada diez jóvenes
La soledad se consolidó como una de las principales señales de malestar emocional. El 87,5% de los encuestados aseguró que experimentó esa sensación durante el último año, frente al 81,6% registrado en 2023. Además, el 26,5% indicó que la sintió de manera frecuente.
Aunque el 79,7% aseguró disponer de redes de contención suficientes, solamente el 67% recurrió a ellas cuando tuvo algún problema. Las mujeres mostraron una mayor tendencia a compartir sus dificultades, pero también expresaron sentirse más juzgadas al hacerlo.
El relevamiento también encendió una señal de alarma sobre las ideas suicidas y las autolesiones. El 43% de los jóvenes manifestó que tuvo pensamientos suicidas alguna vez, mientras que el 7,6% reconoció que los experimentó con frecuencia.
A su vez, el 34,7% declaró haberse autolesionado en algún momento y el 6,8% afirmó que incurrió en esas prácticas de manera frecuente o continua. El estudio detectó una mayor incidencia entre los sectores con menor nivel educativo y mayores carencias materiales.
Una mejora que todavía no alcanza los niveles anteriores a la pandemia
El informe también encontró algunos indicadores favorables. El 64,9% de los jóvenes calificó su estado general de salud como bueno o muy bueno, diez puntos porcentuales más que en 2023. Además, el 68,1% consideró que mantiene un estilo de vida saludable y el 42,6% aseguró que realiza actividad física todos o casi todos los días.
No obstante, los responsables del estudio advirtieron que la recuperación no resulta uniforme. La soledad, la incertidumbre económica, las desigualdades y las dificultades para acceder a la atención profesional continúan condicionando el bienestar emocional de la población joven.
Los resultados muestran así una aparente contradicción: mientras mejora la percepción general sobre la salud y crecen los hábitos de cuidado, más de la mitad de los integrantes de la Generación Z todavía atraviesa problemas psicológicos. El cansancio, la falta de concentración y la tristeza aparecen como las expresiones más habituales de un malestar que no siempre deriva en una consulta profesional.

