Las nuevas acciones militares estadounidenses en el sur de Irán volvieron a elevar la tensión en Medio Oriente. Aunque Washington y Teherán reconocieron avances hacia un posible acuerdo, las diferencias por el programa nuclear, las sanciones y el estrecho de Ormuz mantienen bloqueadas las negociaciones.

La guerra entre Irán y Estados Unidos volvió a escalar este martes tras una nueva serie de ataques estadounidenses sobre objetivos ubicados en el sur iraní, en un escenario marcado por negociaciones diplomáticas que todavía no logran consolidar un cese definitivo de las hostilidades.
Las operaciones militares fueron confirmadas por Washington como acciones de carácter defensivo, mientras delegaciones iraníes aterrizaron en Qatar para continuar conversaciones destinadas a frenar un conflicto que ya lleva cerca de tres meses y mantiene en alerta a toda la región.
Desde el gobierno estadounidense, el secretario de Estado Marco Rubio moderó las expectativas sobre un entendimiento inmediato y advirtió que un eventual acuerdo aún podría demorar varios días. Según explicó, las partes todavía discuten aspectos sensibles del texto final y persisten diferencias importantes.
Cruce de acusaciones y amenazas
La nueva ofensiva provocó una inmediata reacción de Teherán. El Ministerio de Relaciones Exteriores iraní denunció que los bombardeos constituyeron una “grave violación del alto el fuego” y responsabilizó a Estados Unidos por las consecuencias derivadas de esas acciones militares. Medios iraníes reportaron además explosiones en Bandar Abbas, en la provincia de Hormozgan.
En paralelo, la Guardia Revolucionaria afirmó haber derribado un dron estadounidense MQ-9 Reaper luego de detectar aeronaves consideradas hostiles en el Golfo. El organismo militar iraní sostuvo también que conserva el derecho “legítimo y definitivo” de responder ante cualquier violación del cese de hostilidades.
El líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, endureció aún más el tono al advertir que Estados Unidos “ya no tendrá un refugio seguro” en la región del Golfo y señaló que los países vecinos no podrán continuar funcionando como escudo para las bases norteamericanas.
Las negociaciones y los puntos de conflicto
Pese al deterioro militar, Washington y Teherán mantienen conversaciones indirectas sobre un memorando de entendimiento que permitiría detener la guerra y abrir un plazo de 60 días para negociar un acuerdo más amplio. Entre los avances mencionados por ambas partes aparece la posibilidad de reabrir el tránsito por el estrecho de Ormuz y aliviar determinadas restricciones navales.
Sin embargo, persisten diferencias profundas. Estados Unidos insiste en limitar el alcance de los misiles balísticos iraníes y avanzar sobre el programa nuclear de Teherán, especialmente respecto al enriquecimiento de uranio. Irán, por su parte, reclama el levantamiento de sanciones económicas, la liberación de activos congelados y compensaciones por daños vinculados a la guerra.
El conflicto también mantiene bloqueado parcialmente el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por donde normalmente circula cerca de una quinta parte del petróleo y gas natural licuado del planeta. Rubio sostuvo que ese corredor marítimo debe permanecer abierto “de una forma u otra”, mientras el tránsito naval continúa muy por debajo de los niveles habituales.
La situación regional continúa agravándose además por la expansión de operaciones israelíes en el sur del Líbano y la amenaza de nuevos ataques sobre posiciones vinculadas a Hezbolá, un frente que amplía la incertidumbre sobre la posibilidad de una desescalada inmediata en Medio Oriente.

