Washington analiza flexibilizar medidas para destrabar el flujo de crudo venezolano
NewsITe
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, adelantó que la administración de Donald Trump evalúa levantar nuevas sanciones económicas contra Venezuela, con el objetivo de reactivar las exportaciones de petróleo y destrabar fondos clave para la economía del país caribeño. Según confirmó en una entrevista con la agencia Reuters, las primeras medidas podrían concretarse tan pronto como la próxima semana.
De acuerdo con Bessent, el plan contempla la liberación de alrededor de USD 5.000 millones en activos venezolanos congelados en el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esos recursos, hoy bloqueados, podrían destinarse a apuntalar la reconstrucción económica y a financiar al gobierno de transición, los servicios de seguridad y programas orientados a la población.
El Tesoro estadounidense también estudia mecanismos para acelerar el retorno de ingresos generados por petróleo venezolano almacenado en barcos y actualmente sujeto a restricciones financieras. La intención oficial es permitir que esos fondos regresen a Venezuela bajo supervisión, en un intento por estabilizar la situación interna y, al mismo tiempo, facilitar el regreso de empresas estadounidenses al negocio petrolero local.
Protección de activos y rol de las petroleras
En ese marco, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que impide a tribunales y acreedores embargar los ingresos por exportaciones de crudo venezolano depositados en cuentas del Tesoro de Estados Unidos. La medida busca evitar que esos fondos terminen en manos de bonistas o litigantes, y preservar recursos para la futura reestructuración de deuda y la recuperación económica.
Durante la firma de la orden, Trump mantuvo reuniones con ejecutivos de ExxonMobil, ConocoPhillips y Chevron, a quienes alentó a preparar inversiones que, según estimaciones oficiales, podrían alcanzar los USD 100.000 millones en la industria petrolera venezolana. Sin embargo, el retorno de las grandes multinacionales no aparece inmediato: ExxonMobil y ConocoPhillips mantienen demandas millonarias por la nacionalización de sus activos en el país.
En contraste, Chevron se mantiene como la única compañía estadounidense con autorización para operar actualmente en Venezuela, lo que le otorga una posición privilegiada para ampliar su presencia si se concreta una flexibilización del régimen de sanciones. Bessent incluso mencionó la posible intervención del Banco de Exportación e Importación de Estados Unidos para garantizar financiamiento de proyectos energéticos, en línea con declaraciones previas del secretario de Energía, Chris Wright.
Fondos bloqueados en el FMI y desafíos de seguridad
Según datos citados por Reuters, Venezuela dispone de unos 3.590 millones de Derechos Especiales de Giro (DEG) en el FMI, equivalentes a aproximadamente USD 4.900 millones, a los que hoy no puede acceder por las sanciones y el cuestionamiento internacional a la representación oficial del país. La eventual liberación de esos recursos forma parte del paquete de medidas que evalúa Washington para respaldar al gobierno de transición y encaminar la reestructuración de una deuda externa estimada en cerca de USD 150.000 millones.
No obstante, la discusión económica convive con fuertes preocupaciones en materia de seguridad. El gobierno estadounidense mantiene advertencias vigentes para sus ciudadanos en territorio venezolano, ante la presencia de milicias armadas que buscarían identificar a estadounidenses o a personas con presunto apoyo a Estados Unidos. En sus últimas comunicaciones oficiales, Washington instó a sus nacionales a abandonar el país de inmediato debido al aumento de los riesgos.
“Las sanciones han limitado la capacidad del gobierno de transición venezolano para reestructurar su deuda y atraer capital privado. Lo que buscamos ahora es crear las condiciones para una recuperación ordenada”, señaló Bessent en diálogo con Reuters.
Mientras la Casa Blanca define el alcance de la flexibilización y las condiciones políticas que la acompañarán, el futuro del vínculo energético entre Washington y Caracas vuelve a situarse en el centro de la escena. El resultado de estas decisiones será clave no solo para la economía venezolana, sino también para el mapa energético global y la presencia de empresas estadounidenses en la región.

