Washington avanza con un complejo diplomático definitivo en la ciudad disputada

NewsITe
Estados Unidos dio un nuevo paso en su estrategia en Medio Oriente al firmar un acuerdo para construir una embajada permanente en Jerusalén, decisión que Israel celebró como una confirmación de la “alianza inquebrantable” entre ambos países. El convenio fue rubricado en una ceremonia oficial en el Ministerio de Relaciones Exteriores israelí, en la que participaron el canciller Gideon Sa’ar, el embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, y el alcalde de Jerusalén, Moshe Lion.
El nuevo complejo diplomático se levantará en el denominado complejo Allenby, al sur de Jerusalén, y reemplazará la actual sede que funciona en el edificio del antiguo Consulado de Estados Unidos. Ese inmueble fue reconvertido en embajada en 2018, luego de que el entonces presidente Donald Trump reconociera a Jerusalén como capital de Israel y ordenara el traslado de la representación desde Tel Aviv, rompiendo con décadas de política exterior estadounidense.
Hasta ahora, los servicios consulares y administrativos de Washington estuvieron repartidos en distintas locaciones dentro de la ciudad, en un esquema considerado transitorio. La elección de una sede definitiva, acompañada por una inversión de largo plazo en infraestructura, es leída en Israel como una señal política de continuidad en el reconocimiento del estatus de Jerusalén por parte de Estados Unidos, más allá de los cambios de administración en la Casa Blanca.
Una decisión con fuerte peso simbólico y diplomático
La cuestión de Jerusalén se ubica desde hace décadas en el núcleo del conflicto israelí-palestino. Israel declaró a la ciudad como su capital “única e indivisible” tras la guerra árabe-israelí de 1967, cuando tomó el control de Jerusalén Este. Sin embargo, la mayoría de la comunidad internacional no ha reconocido plenamente esa reivindicación y, en línea con las resoluciones de la ONU, considera que el estatus final de la ciudad debe definirse en una negociación entre las partes.
Los palestinos reclaman precisamente Jerusalén Este como capital de un futuro Estado independiente y ven con preocupación cualquier movimiento que pueda consolidar el control israelí sobre toda la ciudad. Por este motivo, durante años la mayoría de los países optó por instalar sus embajadas ante Israel en Tel Aviv, para evitar pronunciarse sobre una cuestión considerada de “estatus permanente”.
La decisión de Trump en 2017 significó un quiebre con ese consenso diplomático y fue duramente criticada por el liderazgo palestino y por varios gobiernos de la región. Si bien otros países, como Guatemala o Honduras, siguieron luego los pasos de Washington, la gran mayoría de los Estados mantiene su representación en Tel Aviv. En ese contexto, la construcción de un complejo permanente estadounidense en Jerusalén refuerza el giro iniciado hace casi una década.
Reacciones y perspectivas regionales
- Para Israel, el futuro edificio consolida su reclamo sobre Jerusalén como capital y refuerza la relación estratégica con su principal aliado.
- Para la dirigencia palestina, la medida debilita la perspectiva de una solución negociada en dos Estados con Jerusalén compartida.
- Para otros actores internacionales, el proyecto vuelve a poner en primer plano la dificultad de reactivar un proceso de paz estancado.
“Marcamos otro hito en la alianza inquebrantable entre Israel y Estados Unidos”, sostuvo el canciller Gideon Sa’ar durante la ceremonia.
La construcción del nuevo complejo en el sur de Jerusalén demandará varios años y se inscribe en un escenario regional atravesado por tensiones recurrentes, violencia en los territorios palestinos y la ausencia de negociaciones de paz sustantivas. Mientras tanto, la ubicación de las embajadas y el reconocimiento de Jerusalén seguirán siendo un termómetro clave de las posiciones de la comunidad internacional frente al conflicto.

