En el aula Pablo VI, el Papa volvió a reclamar por la paz para Oriente, sosteniendo que así lo pide Cristo. Lo hizo frente a representantes de iglesias Greco-Melquita Católica, Greco-Católica Ucraniana y Greco-Católica Rumana.

En sus primeros días como Papa, León XIV esbozó su defensa por la paz mundial. “Para que esta paz se difunda, emplearé todos mis esfuerzos. La Santa Sede está disponible para que los enemigos se encuentren y se miren a los ojos. Con el corazón en la mano, digo a los responsables de los pueblos: ¡encontrémonos, dialoguemos, negociemos!”, dijo en medio del Jubileo de las Iglesias Orientales.
“Me alegra encontrarlos y dedicar a los fieles orientales uno de los primeros encuentros de mi pontificado”, expresó luego.
En su discurso, les pidió a los líderes de los países orientales que “callen las armar” y se refirió al trágico momento que están atravesando. “De Tierra Santa a Ucrania, del Líbano a Siria, de Oriente Medio a Tigray y el Cáucaso, ¡cuánta violencia!”, exclamó. Acto seguido les solicitó continuar “brillando por la fe, la esperanza y la caridad”, porque son “preciosos” para la Iglesia.
“¿Quién más que ustedes pueden cantar palabras de esperanza en el abismo de la violencia? ¿Quién más que ustedes, que conocen de cerca los horrores de la guerra, tanto que el Papa Francisco llamó ‘martiriales’ a sus Iglesias?”, se cuestionó. Y siguió analizando: “Pienso en la variedad de sus orígenes, en la historia gloriosa y en los amargos sufrimientos que han padecido o padecen muchas de sus comunidades”.
“Recemos por esta paz, que es reconciliación, perdón, valor para pasar página y volver a empezar. La paz de Cristo no es el silencio sepulcral tras el conflicto, no es el resultado de la opresión, sino que es un don que mira a las personas y reactiva sus vidas”, reiteró.
“La guerra nunca es inevitable, las armas pueden y deben ser silenciadas, porque no resuelven los problemas, sino que los aumentan; porque pasará a la historia quien sembrará la paz, no quien cosechará víctimas; porque los otros no son ante todo enemigos, sino seres humanos: no villanos a los que odiar, sino personas con las que hablar. Rechacemos las visiones maniqueas típicas de las narraciones violentas, que dividen el mundo en buenos y malos”, insistió León XIV.
“La Iglesia no se cansará de repetir: que callen las armas. Mi pensamiento para los cristianos -orientales y latinos- que, sobre todo en Oriente Medio, perseveran y resisten en sus tierras, más fuertes que la tentación de abandonarlas. Hay que dar a los cristianos la posibilidad, no solo de palabra, de permanecer en sus tierras con todos los derechos necesarios para una existencia segura. Por favor, ¡que se esfuercen por eso!”, resaltó.
Y finalizó su discurso agradeciendo a los presentes: “Gracias, queridos hermanos y hermanas de Oriente, de donde surgió Jesús, Sol de justicia, por ser ‘luces del mundo'”.

