Dos montañistas nicoleños en busca de la cima del Aconcagua

MÁS QUE UNA META, UNA TRANSFORMACIÓN PERSONAL

Luis De Ambrosio y Sebastián Tissera se enfrentarán al desafío de conquistar la montaña más alta de América en una expedición autónoma, reflejando el poder del esfuerzo personal y la conexión con la naturaleza.

Dos montañistas nicoleños en busca de la cima del Aconcagua
Ambos montañistas coinciden en que el éxito de esta travesía no se mide únicamente por alcanzar la cima, sino también lograr inspirar a otros a explorar caminos autónomos y sostenibles.

De la Redacción de EL NORTE
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Luis De Ambrosio y Sebastián Tissera, dos apasionados montañistas de San Nicolás, se encuentran en la recta final de los preparativos para una hazaña que promete marcar sus vidas. El próximo 2 de enero partirán hacia el Aconcagua, la montaña más alta de América con 6.962 metros sobre el nivel del mar, para intentar alcanzar su cumbre de manera autónoma. Sin porteadores, sin mulas y con un equipo especialmente diseñado, los nicoleños enfrentarán un desafío que pondrá a prueba su resistencia física, mental y emocional.

Ambos escaladores no son ajenos a las grandes alturas. Ya han sumado importantes logros en su carrera como montañistas, incluyendo el ascenso al Ojo del Salado, el volcán más alto del mundo. Sin embargo, el Aconcagua representa un desafío distinto, no solo por su altura, sino también por las condiciones climáticas extremas y la logística que implica una travesía autónoma.

“Venimos soñando con esta aventura desde el invierno pasado”, comentó Sebastián, quien junto a Luis ha dedicado meses a una preparación integral. El entrenamiento no solo es físico, sino también mental. “Nos venimos preparando tanto física como psicológicamente y también nuestros dispositivos”, agregó.

El viaje incluirá el uso de un carro especialmente diseñado para transportar su equipo, una innovación que ya probaron con éxito en expediciones previas. Los montañistas buscan mostrar que es posible desafiar a la montaña desde un enfoque “más puro y sostenible”, enfatizando la importancia de la autonomía en esta travesía.

La expedición seguirá la ruta “360”, conocida por rodear todo el Parque Provincial Aconcagua y ofrecer una aclimatación progresiva. Partirán desde Punta de Vacas y avanzarán por los cauces de ríos hasta llegar al campo base de Plaza Argentina. Desde allí, intentarán la cumbre, si el clima y las condiciones del terreno lo permiten.

Desafíos

“La ruta 360 es la ruta más emblemática del Aconcagua, porque recorre todo el Parque pasando por los dos ríos principales”, destacó Luis. La ruta combina lo técnico con lo físico, pero también permite disfrutar del paisaje y aclimatarse de manera más segura. A pesar de su experiencia, ambos son conscientes de los riesgos que conlleva la altura.

Además, contarán con el respaldo del sistema de seguridad del parque, que incluye controles médicos en puntos clave, patrullas de rescate y helicópteros en caso de emergencia. Sin embargo, confían en su capacidad para resolver contingencias. La experiencia previa “nos ha enseñado a ser autónomos”, señaló Luis y destacó que cada decisión en la montaña puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Para estos montañistas, la cumbre no es el único objetivo. La montaña siempre presenta desafíos y a la vez enseña. “Es un descubrimiento y un autoconocimiento. Es un camino en el que uno prepara el cuerpo, pero también su cabeza y no deja de ser además un enorme recorrido espiritual”, compartió Sebastián. En ese sentido, el Aconcagua representa tanto un desafío personal como una conexión más profunda con la naturaleza. Ambos coinciden en que el éxito de esta travesía no se mide únicamente por alcanzar la cima. Lograr inspirar a otros montañistas a explorar caminos autónomos y sostenibles marcará un objetivo cumplido.

El proyecto ha generado gran expectativa en San Nicolás, donde amigos, familiares y vecinos siguen de cerca cada paso de los preparativos. Se espera que Luis y Sebastián alcancen la cumbre entre el 10 y el 12 de enero, aunque son conscientes de que el clima puede cambiar sus planes.

Mientras tanto, ambos montañistas se concentran en los últimos detalles y en el valor simbólico de esta travesía. “Cada cumbre es muy personal, porque llegar es un esfuerzo enorme; es como un desahogo”, concluyó Luis. Mientras que para Sebastián “cada cumbre es una experiencia de ese momento, en ese lugar. Ni la montaña es la misma, ni nosotros somos lo mismo”, señaló.

La historia de Luis De Ambrosio y Sebastián Tissera no solo inspira a la comunidad local, sino que también destaca la importancia de conectar con la naturaleza y desafiarse a uno mismo. Una travesía que, sin importar el resultado, dejará una huella imborrable en sus vidas.

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