Grossi y Gamba, figuras clave en la diplomacia global

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Rafael Mariano Grossi y Virginia Gamba Stonehouse, dos destacados expertos argentinos en seguridad internacional y desarme, se perfilan como candidatos de peso para suceder al portugués António Guterres en la Secretaría General de las Naciones Unidas. Ambos acumulan décadas de trayectoria en organismos multilaterales y han estado vinculados a iniciativas que recibieron el Premio Nobel de la Paz.
Grossi, actual titular del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), fue el nombre impulsado por el gobierno de Javier Milei para conducir la ONU. Gamba, en tanto, cuenta con el respaldo de distintos países y organizaciones que trabajan en temas de paz, desarme y protección de la niñez en contextos de conflicto armado.
Con 64 años, Grossi es un diplomático de carrera formado en Ciencias Políticas en la Universidad Católica Argentina, egresado del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN) y doctor en Historia y Política Internacional por el Instituto Universitario de Altos Estudios de la Universidad de Ginebra, Suiza. Su perfil se consolidó en los últimos años por su rol en las tensiones nucleares derivadas de la guerra en Ucrania, al negociar tanto con Vladimir Putin como con Volodymyr Zelensky para reducir el riesgo de una catástrofe atómica.
Virginia Gamba, de 71 años, se caracteriza por un bajo perfil y una sólida formación académica: tiene una maestría en Estudios Estratégicos por el University College of Wales y un B.A. en estudios españoles y americanos por la Universidad de Newcastle Upon Tyne. Su carrera estuvo marcada por el trabajo en desarme, control de armas químicas y la protección de niños en conflictos armados, ámbitos en los que debió dialogar con líderes de grandes potencias y también con jefes de grupos armados irregulares.
Trayectorias ligadas al desarme y al Premio Nobel de la Paz
Entre 2002 y 2007, Grossi fue jefe de gabinete del OIEA, con sede en Viena, y de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), en La Haya. Ambas instituciones recibieron el Premio Nobel de la Paz: el OIEA en 2005, cuando el argentino integraba su estructura, y la OPAQ en 2013, ya sin su presencia. A lo largo de su carrera, el diplomático fue blanco de amenazas, especialmente por parte del régimen iraní, debido a su papel en las inspecciones y controles nucleares.
Gamba, por su parte, integró el Consejo Ejecutivo de Pugwash entre 1985 y 1996. Fue precisamente en ese rol que, en 1995, recibió el Premio Nobel de la Paz junto al físico Joseph Rotblat, por su labor en favor del desarme nuclear. De esta manera, se suma a los argentinos distinguidos con ese galardón, junto a Carlos Saavedra Lamas (1936) y Adolfo Pérez Esquivel (1980), aunque en su caso dentro de una organización.
Ambos coinciden en la necesidad de que la ONU recupere centralidad en la prevención y resolución de conflictos, en un contexto marcado por más de 60 guerras activas en el mundo. Gamba sostiene que hubo un cambio de paradigma: tras tres décadas en las que se privilegiaron las soluciones pacíficas y de diálogo, hoy predominan la desconfianza, la pérdida de credibilidad y una mirada crecientemente militarizada de la política internacional.
Una ONU en crisis y el desafío del liderazgo
Según Gamba, es imprescindible “volver a ganar el espacio de diálogo” y reinstalar la búsqueda de soluciones no militares, en un escenario donde la industria armamentística mueve trillones de dólares y alimenta la escalada bélica. “Hay una mentalidad preponderante en este momento donde se valora más una salida militar que una pacífica. Y eso es lo que tenemos que traer a la mesa otra vez. Naciones Unidas tiene que ser el lugar donde eso pase”, remarca.
Grossi comparte la visión crítica sobre el presente de la organización que ambos consideran su casa profesional. A su juicio, la ONU enfrenta un momento crítico y requiere un liderazgo más presente en el terreno: “Se necesita un secretario general que se ponga las botas y vaya donde existe el problema, que cruce la línea del frente aunque haya una guerra; necesitamos eso porque esa credibilidad es la credibilidad inspiradora, que es la que, al fin y al cabo, justifica éticamente a todo el liderazgo”, sostuvo en una de sus intervenciones públicas.
Orgulloso de su nacionalidad, Grossi subraya que representa “una Argentina que defiende el multilateralismo”, aun cuando el escenario global se vuelve cada vez más riesgoso. En una conferencia en la Universidad Torcuato Di Tella, realizada a mediados de 2025, advirtió que el mundo se encuentra en un nivel de tensión en el que “se puede pasar de 1 a 10 en cuestión de segundos” rumbo a una eventual Tercera Guerra Mundial. Desde entonces, nuevos conflictos bélicos profundizaron esa preocupación y reavivaron el debate sobre el rol que debe jugar la ONU.
Dos especialistas formados en la Argentina, con carreras forjadas en el multilateralismo y el desarme, buscan ahora conducir una organización clave en el freno a las guerras.
En los próximos meses, mientras se aproxima el final del mandato de Guterres, se definirá si alguno de estos dos perfiles argentinos logra consenso suficiente entre las potencias y los distintos bloques regionales para encabezar la Secretaría General. Más allá del resultado, la sola presencia de Grossi y Gamba en la conversación global ratifica el peso que la diplomacia y la expertise técnica argentina mantienen en los debates sobre paz y seguridad internacional.

