El reclamo vasco que reabre el debate por el Guernica

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El Guernica de Pablo Picasso volvió a colocarse en el centro de la escena política y cultural de España. El Gobierno del País Vasco pidió formalmente que la célebre obra abandone de manera temporal el Museo Reina Sofía de Madrid para ser exhibida en Bilbao, lo que encendió una nueva disputa sobre memoria histórica, identidad territorial y preservación del patrimonio artístico.
El lehendakari Imanol Pradales solicitó que el mural viaje al Museo Guggenheim Bilbao entre octubre de 2026 y junio de 2027. El objetivo es vincular la muestra con los actos por un nuevo aniversario del bombardeo de la ciudad de Guernica, ocurrido en 1937 durante la Guerra Civil española, y con la conmemoración del primer Gobierno vasco. Según el mandatario, se trataría de un gesto de “reparación simbólica” hacia la sociedad vasca y de un fuerte mensaje internacional contra la barbarie bélica.
La dirección del Museo Reina Sofía respondió con un rechazo tajante. Argumenta que el lienzo, de grandes dimensiones y sometido a múltiples traslados a lo largo del siglo XX, se encuentra en un estado de fragilidad que desaconseja cualquier movimiento. El museo sostiene que existe un “alto riesgo” para la integridad de la pieza y que los criterios de conservación deben mantenerse al margen de disputas políticas o territoriales.
El gobierno de Pedro Sánchez respaldó la posición del Reina Sofía y enfatizó que las razones para negarse al préstamo son estrictamente técnicas. Sin embargo, el Ejecutivo vasco elevó el asunto a la categoría de cuestión de Estado. “Sería un grave error político cerrar la puerta a este tema”, advirtió Pradales tras reunirse con el presidente español en el Palacio de la Moncloa, insistiendo en que el Guernica está profundamente ligado a la memoria del pueblo vasco.
Un ícono del siglo XX entre la memoria y la conservación
La discusión actual contrasta con la historia itinerante de la obra. Picasso pintó el Guernica en 1937 para el Pabellón de la República Española en la Exposición Universal de París, como denuncia del bombardeo aéreo sobre la ciudad vasca. Con el avance del franquismo y el exilio del artista, el mural se convirtió en un símbolo antifascista internacional y recorrió museos y galerías de Europa y América.
Desde 1939, la obra quedó bajo custodia del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). A pedido del propio Picasso, no debía regresar a España mientras estuviera vigente la dictadura de Francisco Franco. Recién en 1981, ya en democracia, el Guernica fue trasladado a Madrid en una compleja operación de conservación, primero al Museo del Prado y desde 1992 al Reina Sofía, donde se exhibe de manera permanente y sin nuevos préstamos.
- Informes técnicos del Reina Sofía equiparan su relevancia simbólica a la de la Mona Lisa del Louvre.
- Los especialistas advierten que los traslados del pasado contribuyeron al actual estado de vulnerabilidad del lienzo.
- El Gobierno vasco busca un acuerdo con el Ministerio de Cultura para explorar alternativas, incluso exhibiciones complementarias o reproducciones de alta calidad.
“Más allá de su titularidad legal, el Guernica sigue atravesado por disputas sobre su significado, su pertenencia simbólica y los límites entre política y preservación artística”, señalan fuentes vinculadas al debate.
Las conversaciones con el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, quedaron postergadas hasta después de Semana Santa, pero el conflicto promete seguir abierto. Mientras el País Vasco reclama que el Guernica visite la tierra cuyo nombre lleva, Madrid defiende la idea de que la mejor forma de protegerlo es mantenerlo inmóvil. Entre memoria, identidad y conservación, el mural de Picasso vuelve a demostrar que sigue siendo una de las obras más políticas y sensibles del siglo XX.

