Abucheos y polémica por el discurso leído de Lisandro Almirón

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Durante la sesión de este jueves en la Cámara de Diputados, el debate por la reforma laboral tuvo uno de sus momentos más tensos cuando el diputado nacional de La Libertad Avanza (LLA) Lisandro Almirón, miembro informante del dictamen de mayoría, fue abucheado de manera constante por los bloques de la oposición mientras leía su discurso.
Almirón, representante por Corrientes, se mantuvo leyendo íntegramente su intervención sin despegar la vista de las hojas que llevaba impresas. Esa situación generó la inmediata reacción de legisladores de Unión por la Patria y otros espacios opositores, quienes comenzaron a cuestionar que el diputado oficialista no respetaba el reglamento interno de la Cámara.
En ese contexto, la diputada de Unión por la Patria Victoria Tolosa Paz pidió una interrupción para reclamarle al presidente de la Cámara, Martín Menem, que hiciera cumplir el reglamento. La legisladora sostuvo que Almirón estaba “leyendo todo derechito” y recordó que, para citar textos de manera textual, el orador debe solicitar autorización al pleno del recinto.
Menem aceptó el planteo formal pero elevó el tono para relativizar la queja. El riojano señaló que la lectura de discursos es una práctica extendida entre todas las bancadas y subrayó que “esto lo han hecho todos los bloques y nunca se ha sometido a consideración”, aludiendo a que la costumbre parlamentaria muchas veces se impone por encima de la letra fría del reglamento.
Defensa oficialista y ejes de la reforma laboral
Tras la breve discusión reglamentaria, Almirón retomó su intervención y defendió los lineamientos centrales de la reforma impulsada por el oficialismo. Aseguró que “el marco regulatorio actual no hace otra cosa que expulsar a las personas de la formalidad” y planteó que la legislación vigente dificulta la creación de empleo privado genuino.
“Hace décadas que nuestro país tiene un problema de fondo grave que es la incapacidad de crear empleo genuino”, afirmó el diputado libertario, al tiempo que buscó instalar la idea de que el proyecto oficial pretende actualizar normas que, según su mirada, quedaron desfasadas frente a la realidad del mercado laboral argentino.
En su exposición, Almirón remarcó además que “no podemos ignorar la realidad de la que partimos y la realidad es que hoy el 55% de las personas están en la informalidad”. De esta manera, vinculó el elevado nivel de empleo no registrado con los costos y rigideces del sistema laboral actual.
Informalidad y promesas de la «modernización laboral»
El legislador de La Libertad Avanza señaló que “millones de argentinos trabajan por afuera del encuadre de las leyes vigentes, sin aportes y sin obra social”, situación que, de acuerdo con el oficialismo, la reforma busca revertir mediante un esquema de reglas más flexibles para la contratación.
- Reducción de la informalidad laboral, que actualmente ronda a más de la mitad de la población ocupada según los datos mencionados en el recinto.
- Estímulo a la generación de nuevos puestos de trabajo registrados en el sector privado.
- Actualización del marco regulatorio para adaptarlo a nuevas formas de empleo y producción.
Almirón definió el paquete de cambios como un proyecto de “modernización laboral” que, según su argumento, vendría a “solucionar esos problemas” estructurales del mercado de trabajo. Sin embargo, los opositores cuestionan que, detrás de ese concepto, se esconde un retroceso en derechos conquistados y una transferencia de riesgos desde las empresas hacia los trabajadores.
“Este proyecto de modernización laboral viene a solucionar esos problemas”, sostuvo Almirón, en referencia a la elevada informalidad y a la falta de empleo genuino en la Argentina.
El cruce por la lectura del discurso y los abucheos que se escucharon de punta a punta del recinto reflejan el clima de confrontación política que rodea a la discusión de la reforma laboral, uno de los puntos más polémicos de la agenda económica y legislativa del Gobierno nacional.

