Dietas especiales: el impacto en el presupuesto familiar

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Alimentarse según requerimientos específicos de salud o por elección ética tiene hoy un costo mucho más elevado que seguir una dieta omnívora tradicional. Un relevamiento de la consultora Focus Market para el blog de educación financiera Hablemos de Plata, de Naranja X, muestra que las canastas sin gluten, vegetariana y vegana implican fuertes sobrecostos para los hogares argentinos.
De acuerdo con el informe, el valor mensual de una canasta omnívora estándar asciende a $206.137,28 por persona, tomando como referencia las necesidades energéticas de un adulto promedio definidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sobre esa base, una canasta sin TACC cuesta un 12% más, la opción lactoovovegetariana suma un 14% extra y la dieta vegana se encarece nada menos que un 55% por encima.
En números concretos, un individuo con celiaquía o intolerancia al gluten necesita alrededor de $231.479,27 mensuales para cubrir su alimentación, mientras que un consumidor vegetariano requiere $234.129,09. En el caso de quienes siguen una dieta vegana, el gasto estimado trepa hasta $320.095,85 por mes, muy por encima de la canasta tradicional.
Cómo se compone la canasta alimentaria
La canasta omnívora de referencia contempla unos 7,9 kilos de cereales, 6,9 kilos de proteínas de origen animal, 16,2 kilos o litros de lácteos, 13,8 kilos de frutas y verduras, además de 540 cc de aceite y 520 gramos de snacks. A partir de esta estructura se comparan las variantes especiales, que deben respetar los mismos requerimientos calóricos pero con restricciones o reemplazos de ciertos productos.
El estudio también advierte que la dinámica de precios modificó las brechas en lo que va del año. La carne, por ejemplo, aumentó alrededor de 20%, casi cinco veces más que el índice general de inflación, y acumula un alza interanual del 73,4%, lo que reconfigura parte de la relación de costos entre dietas con y sin proteína animal.
Canastas diferenciadas y sobrecostos
Las principales diferencias de precio se concentran en categorías puntuales. En la canasta sin TACC, los cereales libres de gluten son en promedio 42% más caros que los tradicionales, pero la brecha se dispara en snacks certificados, donde el sobreprecio ronda el 230%. La menor escala de producción, los mayores costos de industrialización y las exigencias de certificación explican gran parte de esa diferencia.
En la opción vegetariana, el relevamiento detecta aumentos de 30% en cereales sin grasa animal y de 21% en proteínas alternativas a la carne. Para la dieta vegana, los incrementos son todavía más marcados: los cereales sin derivados animales cuestan cerca de 75% más, las proteínas vegetales un 55%, los lácteos de origen vegetal alrededor de 68% y los snacks específicos hasta 230% por encima de los convencionales.
El costo extra de la vitamina B12 y las barreras de acceso
En el caso de las personas veganas, el informe incorpora además el costo de la suplementación de vitamina B12, nutriente que no se encuentra disponible de forma biodisponible en alimentos exclusivamente vegetales. La compra mensual de este suplemento agrega un desembolso estimado en $17.250, que se suma al precio ya elevado de la canasta vegana.
Para Damián Di Pace, director de Focus Market, las canastas con requerimientos específicos —sin TACC, vegetariana y vegana— muestran en promedio un precio superior a la canasta básica tradicional debido a una combinación de factores estructurales del mercado y limitaciones de oferta.
“Las canastas con requerimientos específicos presentan, en promedio, un precio superior respecto de la canasta básica alimentaria tradicional. Esta brecha responde principalmente a la menor escala de producción, mayores costos de industrialización y certificación, y a una oferta todavía limitada en algunos segmentos”, señaló Di Pace. “El resultado es un sobrecosto que impacta directamente en el poder adquisitivo de los hogares, planteando un desafío en términos de accesibilidad y equidad”, agregó.
Supermercados, tiendas especializadas y herramientas digitales
Otro elemento que encarece las dietas especiales es la disponibilidad de productos. Muchos alimentos sin TACC, vegetarianos o veganos no se consiguen en supermercados de cercanía y deben comprarse en locales especializados, con menor competencia y pocos puntos de venta. Esto implica mayores traslados, más tiempo invertido y precios finales más altos, especialmente para hogares de ingresos medios y bajos.
En este contexto, el uso de herramientas digitales de gestión financiera y promociones aparece como un recurso clave para aliviar el impacto en el bolsillo. Aplicaciones que permiten separar el presupuesto por categorías, acceder a reintegros y monitorear el consumo mensual ayudan a ordenar las cuentas y a planificar mejor la compra de productos específicos.
Aunque las elecciones alimentarias puedan responder a indicaciones médicas, a convicciones personales o a tendencias culturales, el estudio confirma que su impacto económico no es homogéneo. En un escenario de inflación persistente y pérdida de poder adquisitivo, la accesibilidad a dietas especiales se vuelve un punto central del debate sobre consumo, salud y desigualdad en la Argentina.

