Un Belgrano menos de bronce y más intelectual

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Manuel Belgrano suele ocupar en el imaginario colectivo el lugar del héroe de bronce: creador de la bandera, general de las guerras de la Independencia y figura central de la Revolución de Mayo. Sin embargo, el historiador y dirigente político Diego Valenzuela propone correr el foco de esa imagen épica para revisitar a un Belgrano intelectual, economista, periodista y educador en su nuevo libro “El primer liberal”.
En diálogo con Radio Rivadavia, Valenzuela explicó que su investigación se apoya en documentos históricos y archivos nacionales para rescatar la dimensión menos difundida del prócer: la del pensador que se animó a cuestionar el modelo económico colonial y a debatir el rol del Estado, la educación y la ética pública en la construcción de una Nación moderna.
Formado en España, Belgrano fue uno de los primeros dirigentes del Río de la Plata en entrar en contacto con las ideas de la Ilustración europea. Según relata Valenzuela, pidió incluso autorización al Papa para leer obras prohibidas por la Inquisición, de autores como Voltaire y Adam Smith. Ese contacto con las corrientes económicas y filosóficas de su tiempo moldeó una visión adelantada para el contexto colonial.
Libertad de comercio, trabajo y competencia
Para Valenzuela, el pensamiento económico de Belgrano se organizaba en torno a tres ejes: la libertad de comercio, la competencia y la centralidad del trabajo como motor del desarrollo. Su gran adversario era el sistema mercantilista del monopolio español y los privilegios concentrados en determinados grupos de comerciantes.
El prócer proponía que cada productor pudiera trabajar y vender en libertad, fijando precios de acuerdo con las condiciones del mercado. Creía que el interés individual, lejos de ser un problema en sí mismo, podía convertirse en un motor de progreso cuando interactuaba en un marco de competencia abierta.
Educación, Estado limitado y ética pública
Otro aspecto clave de la mirada belgraniana, que Valenzuela rescata, es el lugar de la educación. Tras la victoria en la Batalla de Salta, Belgrano recibió una importante recompensa económica que decidió donar para la construcción de cuatro escuelas. No se limitó a aportar los fondos: también redactó el reglamento de funcionamiento, convencido de que la instrucción popular era condición indispensable para el progreso.
- Defendía un Estado con funciones acotadas pero firmes en áreas estratégicas como infraestructura y educación.
- Impulsaba la creación de caminos y obras que facilitaran el movimiento de la producción.
- Veía en la escuela una herramienta central para igualar oportunidades y formar ciudadanos.
Valenzuela vincula estas ideas con los debates contemporáneos sobre liberalismo, aunque aclara que el término no existía como tal en tiempos de Belgrano. Sin embargo, sostiene que el prócer defendió principios que luego serían pilares del liberalismo clásico: libertad económica, competencia, valorización del trabajo y apuesta por la educación.
“Fue una persona profundamente austera, honesta, altruista. Murió en la pobreza siendo de una familia muy rica. Hoy sería un militante tajante de la transparencia y la honestidad en la función pública”, resume Valenzuela.
Desde esa perspectiva, el autor invita a releer los escritos de Belgrano no solo como documentos históricos, sino como insumo vigente para pensar los desafíos actuales de la Argentina. La organización económica, el rol del Estado, la lucha contra los privilegios y la inversión en educación siguen siendo, más de dos siglos después, temas abiertos al debate público.

