Israel entre la supervivencia y el riesgo de una guerra regional

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En un contexto internacional atravesado por guerras activas, tensiones geopolíticas y disputas de poder entre potencias, el exembajador argentino Diego Guelar advirtió que el mundo vive una fase de fuerte incertidumbre, en la que la política vuelve a ubicarse por encima de la economía a la hora de ordenar la diplomacia y los conflictos armados.
Al analizar el escenario en Medio Oriente, Guelar sostuvo que la lógica que guía a Israel frente a sus adversarios es la defensa de su propia existencia como Estado. Recordó que, desde su creación en 1948, y de manera más marcada tras la revolución islámica de 1979 en Irán, la percepción de amenaza es constante para la dirigencia israelí, lo que condiciona cada decisión militar y diplomática.
“El objetivo de Israel es supervivencia”, remarcó en diálogo con Splendid AM 990, al señalar que el país se enfrenta a enemigos que, según su visión, han declarado abiertamente que buscan su destrucción. En ese marco, subrayó que la principal obsesión estratégica de Jerusalén es impedir que Irán acceda al arma nuclear, un hecho que, a su entender, trastocaría por completo el equilibrio de poder regional y pondría en jaque la seguridad israelí.
Potencias en tensión y el lugar de Rusia
El exembajador también se refirió al rol de las grandes potencias en los conflictos actuales y relativizó el peso efectivo de Rusia en el sistema internacional. Si bien reconoció la capacidad de cálculo político del presidente Vladimir Putin, afirmó que Moscú atraviesa un proceso de redefinición de su lugar en el mundo, muy lejos de la influencia que supo tener la Unión Soviética durante la Guerra Fría.
En esa línea, describió a Rusia como un “actor de reparto” que conserva un vasto arsenal nuclear, pero con una economía de tamaño comparable a la de Brasil, lo que limita su margen de maniobra global. Según Guelar, esa brecha entre poder militar y fortaleza económica condiciona la posibilidad de que el Kremlin proyecte influencia sostenida en múltiples regiones.
El eje Estados Unidos–China y la contención del conflicto
Para Guelar, el verdadero eje de la política internacional del siglo XXI pasa por la relación entre Estados Unidos y China, las dos potencias que concentran la mayor parte del poder económico, tecnológico y militar. Consideró que, pese a la rivalidad estratégica, ninguno de los dos países está dispuesto a escalar a un enfrentamiento directo, consciente de las consecuencias globales que tendría un conflicto abierto.
En ese sentido, señaló que muchas de las tensiones que se observan en puntos sensibles del mapa, como rutas comerciales marítimas y estrechos estratégicos, responden a una lógica de demostración de fuerza pero con límites claros. “Uno hace una declaración, pero no pasa de ahí y los buques siguen transitando”, graficó, aludiendo a episodios recientes en corredores clave como el estrecho de Ormuz y otras zonas de fricción.
La guerra, la información y la posición de la Argentina
Guelar también hizo hincapié en el rol de la información como herramienta de disputa en tiempos de guerra. Señaló que los partes militares y la propaganda se convierten en un arma más del conflicto, donde cada bando busca instalar su propia versión de los hechos. “La guerra es mentira de las dos partes”, advirtió, reforzando la necesidad de una mirada crítica frente al flujo informativo que circula a nivel global.
Desde una perspectiva histórica, el diplomático interpretó los conflictos actuales como parte de una continuidad de larga duración. “La historia es una sucesión ininterrumpida de guerras”, resumió, vinculando la disputa permanente por el poder con rasgos profundos de la condición humana y con la competencia entre Estados por recursos, seguridad e influencia.
Finalmente, reflexionó sobre el lugar de la Argentina en el mundo y reivindicó su pertenencia a la tradición occidental, aunque advirtió sobre los riesgos de traducir esa identidad cultural en alineamientos automáticos. “Nosotros somos Occidente, no estamos alineados con Occidente. Formamos parte de esa cultura”, sostuvo. Y añadió que la identidad occidental del país debe construirse desde la propia experiencia argentina, sin necesidad de buscar legitimación en las grandes capitales. “Nuestra identidad occidental la saco de la Argentina, no tengo que buscarla en Washington”, concluyó.

