Un día para visibilizar la brecha de género en la ciencia

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El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, establecido por la Asamblea General de la ONU en 2015, se conmemora cada 11 de febrero con el objetivo de promover la participación plena y equitativa de mujeres y niñas en el ámbito científico y tecnológico. Lejos de tratarse de una fecha simbólica, la jornada busca poner en primer plano las desigualdades que todavía persisten en el acceso, la formación, el desarrollo profesional y el reconocimiento dentro de la ciencia.
La conmemoración de este año se realiza bajo el lema “Aprovechar las sinergias entre la inteligencia artificial, las ciencias sociales, las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y el sistema financiero: construir un futuro inclusivo para las mujeres y las niñas”. El enfoque apunta a la intersección entre tecnología, economía y sociedad, y advierte que la falta de perspectiva de género en esas áreas estratégicas puede profundizar las brechas ya existentes.
Especialistas consultadas remarcan que la desigualdad no se limita a los cargos jerárquicos, los salarios o las condiciones laborales. También atraviesa la propia producción de conocimiento: qué temas se investigan, qué preguntas se formulan, desde qué marcos teóricos y qué experiencias quedan representadas o, por el contrario, invisibilizadas. La ausencia de mujeres y de miradas de género en el diseño de estudios, en la elección de muestras y en la interpretación de resultados tiene consecuencias concretas en la salud y en la vida cotidiana.
Sesgos en la investigación y sus efectos en la salud
Un ejemplo reciente lo constituyen los reportes de cambios en el ciclo menstrual tras la vacunación contra el COVID-19. Muchas personas menstruantes señalaron alteraciones que, sin embargo, no encontraron respuestas claras en la literatura científica. Tal como explica Vilda Discacciati, coordinadora del Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Salud de la Universidad Hospital Italiano, durante años no se incorporó de manera sistemática la variable de salud menstrual en los ensayos y seguimientos, lo que dejó un vacío de evidencia frente a un fenómeno extendido.
La falta de enfoque de género se observa también en la elección de prioridades de investigación. Enfermedades que afectan mayoritariamente a mujeres continúan subestudiadas; la infertilidad masculina fue históricamente relegada; y gran parte del desarrollo de métodos anticonceptivos se concentró sobre cuerpos gestantes, reproduciendo una distribución desigual de la carga física y emocional. A esto se suman las tareas de cuidado, que siguen teniendo escaso peso en las políticas públicas de salud, pese a su impacto en el bienestar y en el tiempo disponible para la formación y el trabajo científico.
Discacciati advierte que incrementar la presencia de mujeres en equipos de investigación es una condición necesaria, pero no suficiente. La perspectiva de género no depende únicamente del sexo o la identidad de quienes investigan, sino de la capacidad de cuestionar supuestos arraigados, revisar criterios de selección de muestras, incluir variables habitualmente desestimadas y construir agendas de trabajo más inclusivas. El sesgo, subraya, es estructural y puede reproducirse incluso en grupos diversos si no se lo señala de manera explícita.
Brecha salarial, reconocimiento y el “efecto Matilda”
Las disparidades también se reflejan en los ingresos. En áreas vinculadas a STEM, las mujeres perciben, en promedio, salarios inferiores a los de sus colegas varones y encuentran mayores obstáculos para acceder a becas, subsidios y cargos de conducción. A esto se suma la menor visibilidad de sus logros, fenómeno conocido como “efecto Matilda”, que describe cómo los aportes de investigadoras son subvalorados, atribuidos a sus pares masculinos o directamente omitidos en publicaciones y reconocimientos.
- Brechas en cargos jerárquicos y en el acceso a la toma de decisiones.
- Diferencias salariales persistentes en áreas científicas y tecnológicas.
- Menor visibilidad y citación de trabajos realizados por mujeres.
- Carga desigual de tareas domésticas y de cuidado, que limita la carrera científica.
“Aumentar la participación de mujeres en la ciencia es necesario, pero insuficiente si no se revisan los enfoques de investigación. El sesgo es estructural y puede reproducirse incluso en equipos diversos”, señala la médica e investigadora Vilda Discacciati.
En ese contexto, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia se presenta como una oportunidad para impulsar políticas específicas: desde programas de mentoría y estímulo a vocaciones tempranas hasta criterios de financiamiento que contemplen licencias, cuidados y trayectorias interrumpidas. La construcción de un futuro inclusivo exige no solo abrir las puertas de laboratorios y universidades, sino también transformar la manera en que se define qué ciencia es relevante y para quiénes.

