Descubrieron uno de los esqueletos de perro prehistórico más completos hallados en América del Norte

Un nuevo análisis confirmó que pertenece a una especie extinta de cánido que vivió hace 30 millones de años.

Huesos fosilizados de las extremidades delanteras de Mesocyon coryphaeus.

Un fósil de 30 millones de años que permaneció durante décadas sin ser identificado en una colección de museo fue reconocido como uno de los esqueletos de perro prehistórico más completos encontrados en América del Norte. El hallazgo, publicado en el Journal of Paleontology, aporta nuevos datos sobre la evolución temprana de los cánidos en el continente.

Según informó Infobae, cuando el espécimen fue hallado a fines de la década de 1980, los paleontólogos creyeron que pertenecía a un oreodonte, un grupo extinto de mamíferos cuyos fósiles son frecuentes en la región de Oregón. Sin embargo, un análisis realizado décadas después reveló que correspondía a Mesocyon coryphaeus, una especie de perro prehistórico identificada hasta ahora únicamente a partir de cráneos aislados.

La investigación fue encabezada por Anne Kort, paleontóloga postdoctoral del Museo de Paleontología de la Universidad de Michigan, y se publicó en una edición especial del Journal of Paleontology dedicada al 50° aniversario del Monumento Nacional John Day Fossil Beds.

El esqueleto está completo, excepto por la cola y partes de las manos y los pies. Ese estado de conservación permitió a los investigadores responder preguntas que no podían resolverse mediante restos fragmentarios.

“Este fue el proyecto más mágico y divertido que me pudieron entregar en bandeja de plata”, afirmó Anne Kort en un comunicado difundido por la Universidad de Michigan.

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Un fósil que permaneció décadas sin ser identificado

El recorrido del espécimen comenzó a fines de los años ochenta, cuando el paleontólogo Ted Fremd lo encontró en tierras administradas por la Oficina de Gestión de Tierras de Estados Unidos. Tras extraerlo cuidadosamente, lo protegió con una cubierta de yeso y lo trasladó al museo.

Durante los años noventa, los investigadores separaron el cráneo para exhibirlo y comprobaron que pertenecía a un perro. En 2011, Joshua Samuels encargó a Jennifer Cavin retirar el fósil de su cubierta protectora y, al año siguiente, la investigadora confirmó que el esqueleto estaba casi completo.

Más tarde, Nicholas Famoso, actual paleontólogo jefe del Monumento Nacional John Day Fossil Beds, propuso que Anne Kort liderara el análisis. El estudio también contó con la participación de Xiaoming Wang, del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles.

Para confirmar la identidad del animal, los investigadores compararon la forma del cráneo y de los dientes. Además, identificaron una formación ósea hereditaria en las muñecas denominada osteocondroma, presente en alrededor del 60 % de los fósiles de los perros más antiguos.

“Es un vínculo hereditario directo que normalmente no encontraríamos. Esta es otra línea de evidencia, y eso da una idea de este fósil”, señalaron los investigadores.

El fósil también conservó el báculo, un hueso presente en muchos mamíferos. “Eso significa que definitivamente sabemos que era macho”, explicó Kort.

Qué revela sobre la evolución de los perros

Los investigadores indicaron que los perros surgieron en América del Norte hace aproximadamente 40 millones de años a partir de un ancestro común llamado Hesperocyon. En ese período, los bosques densos favorecieron el desarrollo de habilidades para trepar.

Mesocyon, el género al que pertenece el fósil, apareció unos diez millones de años después, cuando el enfriamiento global transformó esos bosques en ambientes más abiertos.

Kort buscó determinar si Mesocyon coryphaeus ya presentaba características locomotoras similares a las de los perros modernos. “La respuesta es bastante definitivamente no”, afirmó. “Mesocyon también tiene huesos más robustos en general. Es más bajo y más compacto.”

El análisis del codo mostró que el animal podía rotar los antebrazos, una capacidad asociada a trepar y sujetarse. Además, conservaba el dedo gordo del pie, o espolón, lo que indica que apoyaba el talón al caminar, a diferencia de los perros actuales, que se desplazan sobre las puntas de los dedos.

Los investigadores concluyeron que la línea evolutiva de Mesocyon coryphaeus desapareció por completo y no dejó descendientes entre los perros modernos. “Este fósil no es el tío-bisabuelo de nuestros perros actuales, porque toda esta línea se extinguió por completo. Y con esa extinción, perdimos un tipo completo de ecología canina que ya no vemos más”, explicaron.

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