De Louise Brown a la inteligencia artificial: 46 años de revolución en reproducción asistida

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Cuando Louise Joy Brown nació en Inglaterra el 25 de julio de 1978, su historia dio la vuelta al mundo: era la primera persona concebida mediante fertilización in vitro (FIV). Casi medio siglo después, su vida sigue ligada a los avances en medicina reproductiva y esta semana fue la invitada de honor del XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, realizado en Buenos Aires.
Organizado por la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), el encuentro reunió a unos 1.500 especialistas de distintas disciplinas vinculadas con la salud reproductiva. La presencia de Brown aportó una dimensión humana a una historia que pasó de técnica experimental a herramienta habitual en los consultorios de fertilidad de todo el mundo.
“Mi nacimiento fue posible porque hubo científicos y médicos que se animaron a buscar una respuesta nueva frente a un problema que afectaba a muchas familias. Cuando nací, nadie podía saber hasta dónde llegaría aquella técnica”, señaló Brown en conferencia de prensa. Hoy, además de ser un símbolo de la FIV, impulsa la desestigmatización de la infertilidad y reclama un acceso más amplio a los tratamientos.
De laboratorio pionero a disciplina de alta complejidad
Desde aquel 1978, la reproducción asistida cambió por completo. Mejoraron los protocolos de estimulación ovárica, se perfeccionaron las técnicas de laboratorio, evolucionaron los medios de cultivo de embriones y se consolidaron la criopreservación y la vitrificación de óvulos y embriones.
En paralelo, se sumaron herramientas genéticas para indicaciones específicas y comenzaron a incorporarse sistemas de análisis de imágenes, automatización e inteligencia artificial (IA). Durante el Congreso se debatió sobre tecnologías time-lapse para observar el desarrollo embrionario, estimulación ovárica personalizada, genética reproductiva, preservación de la fertilidad, endometriosis, factor masculino y el alcance real de los llamados add-ons, es decir, procedimientos complementarios cuya utilidad aún se evalúa.
Pese al salto tecnológico, la edad sigue siendo un condicionante central. La tasa de nacimiento por transferencia de un embrión fresco con óvulos propios supera el 30% entre los 18 y 34 años, pero desciende a alrededor del 5% o menos entre los 43 y 44 años. Por eso, los especialistas insisten en que la fertilidad debe ser un tema de conversación antes de los 40.
Preservación de la fertilidad y decisiones informadas
“Durante décadas se asoció la consulta reproductiva exclusivamente con el momento en que una pareja llevaba tiempo buscando un embarazo y no lo conseguía. Hoy necesitamos ampliar esa mirada”, advirtió el Dr. Agustín Pasqualini, presidente de SAMeR.
El médico remarcó que consultar no significa iniciar un tratamiento de inmediato, sino conocer la situación reproductiva, entender cómo impacta la edad y analizar alternativas futuras. En ese marco cobra relevancia la vitrificación de óvulos, que permite criopreservar ovocitos a una edad determinada para intentar utilizarlos más adelante. No es un “seguro” de maternidad, pero puede mejorar las chances, siempre condicionadas por la edad al momento de la congelación y la cantidad de óvulos obtenidos.
Para el Dr. Gabriel Fiszbajn, presidente del Comité Científico del Congreso, el verdadero cambio no radica en una técnica milagrosa sino en la suma de conocimientos: cómo estimular a cada paciente, cómo optimizar el trabajo en el laboratorio, cómo conservar óvulos y embriones y qué estrategias elegir según cada caso, sin sobredimensionar el rol de la tecnología.
Hábitos saludables y el límite de la tecnología
- No fumar ni exponerse al humo de tabaco y evitar drogas recreativas.
- Reducir o evitar el consumo de alcohol y no abusar de la cafeína.
- Mantener una alimentación equilibrada, peso saludable y actividad física moderada.
- Dormir adecuadamente y no automedicarse sin control médico.
“Llegar a los 40 años pensando que la reproducción asistida puede resolver cualquier dificultad es una expectativa que la medicina no puede garantizar. Cuanto antes exista información, mayor será la capacidad de tomar decisiones”, concluyó el Dr. Pasqualini.
En un contexto de natalidad en descenso en la Argentina y el mundo, marcado por la situación económica, los proyectos personales y laborales y el envejecimiento reproductivo, la experiencia de Louise Brown y las discusiones del Congreso argentino resumen un mensaje clave: la tecnología avanza, pero la información a tiempo y las decisiones libres y responsables siguen siendo el eje de toda planificación reproductiva.

