
Por Leonardo Mirenda
Las calles a las 6.15 hs. de la mañana estaban con un movimiento distinto en Ramallo y Villa Ramallo. Sólo algunos distraídos no apuran el paso hacia el destino. Hay de todo, jóvenes y adultos que hacia algún lado van. En algunos comercios hay filas y espera. Más allá que los alumnos podían ingresar después del partido los establecimientos educativos tenían que asegurar que los jóvenes que asistieran puedan ver el encuentro. Las panaderías desde temprano no paran a la hora de atender la demanda de facturas, bizcochos o libritos. Todos se fueron preparando desde el amanecer para ver a Messi y compañía. La selección nacional generó una ilusión en los jóvenes como pocas veces. En el acceso Maiztegui que une a Villa Ramallo con ruta 9 se puede observar a dos ciclistas pedaleando como si nada y también a dos runner que avanzan por la colectora. La mañana está fría. El movimiento es escaso en la ruta, todos quieren ver el debut de la Argentina. Las escuelas se vistieron de celeste y blanco.
Este cronista emprende viaje hacia el paraje El Cruce por la ruta 51. Allí en uno de los caminos rurales está la chacra de la familia Matkovich. Así comienza el día primero a recorrer la ruta 51 rumbo al campo de la familia para ver el partido de la selección argentina el medio de la zona productiva del país con una familia que decidió quedarse en el Paraje de Cruce como su lugar en el mundo. Los Matkovich hace más de 50 años que viven allí.
El sol salió hace más de una hora y alumbra fuerte en el campo, la ruta está despejada, el camino no tiene gran transportes. Los campos están secos con algo de trigo y no mucho más a la espera que llueva y que la situación cambie para los productores agropecuarios de la zona norte de la provincia de buenos Aires. El recorrido por la ruta 51 muestra un escaso tránsito. Pocos vehículos que se movilizan desde el oeste al este.
En la llegada al campo Pedro Matkovich nos recibe con una sonrisa. La bandera Argentina luce en la puerta de la casa. Juan, su hijo y su nieto Matías son quienes nos guían hasta el campo donde el matrimonio de Pedro y Lucía viven desde hace 50 años. Van a cumplir 60 años de casados. Tienen 78 años, tres hijos, 9 nietos y una bisnieta. Están felices. Trabajan la tierra desde jóvenes y no saben lo que es un feriado. Unos minutos más tarde llega Rosalía, su hija junto a Cristian su esposo y Genoveva una de las hijas del matrimonio.
La mesa tiene torta, facturas, mate y café. Las camisetas de la selección argentina también están presentes Genoveva y Matías la lucen con orgullo. Afuera las vacas. Matías se encargó de sacarlas del corral para que coman. Los perros son parte de la escenografía campera. Pegado a la casa se puede ver un lote verde de alfalfa para alimentar a los animales.
Gol de Messi, la ilusión en marcha
Arranca el partido y Messi sorprende con un disparo que desvía el arquero árabe, todos gritamos gol. Después el penal, que Messi transforma en gol. Explota el living de los Matkovich. El grito se pierde en la llanura pampeana. La Scaloneta invita a ilusionarse. Tres goles anulados por el VAR, los tres los gritamos, así se termina el primer tiempo.
La charla continua sobre la sequía histórica, Pedro contó que nunca vieron nada igual. Juan se tiene que ir a Urquiza, partido de Pergamino donde están cosechando un campo de cebada. Los rindes no son los esperados, y aclara que solo se salva los costos de la semilla. Hasta el campo se van con Matías donde se tienen instalada una casilla, allí pasaran un par de días hasta terminar la cosecha. Las últimas lluvias trajeron algo de alivio al campo.
Cosecha trigo y sembrar soja y maíz
Después se vendrá la cosecha de trigo con lotes que no auguran los rindes esperados. Los Matkovich son gente de campo, Juan espera que diciembre traiga más lluvias para avanzar con la siembra de maíz y soja. Arranca el segundo tiempo y llegan los goles de Arabia Saudita. La sorpresa invade a todos. Es un juego dice Pedro y todo puede pasar.
La escuela como espacio social
El regreso es rumbo a una de las escuelas, la Secundaria 1 de Villa Ramallo, allí los estudiantes que fueron al establecimiento educativo miran asombrados, con rostros incrédulos lo que está sucediendo.
Cuenta una de las preceptoras que el gol de Messi temprano los hizo estallar a los jóvenes en un solo grito: Argentina, Argentina, Argentina…pero las caras ya no son las mismas hay tristeza.
Algunos se paran y salen a tomar aire, la biblioteca de la secundaria 1 “Doctor José Antonio Nava” es un puñado de nervios. Todo hacen fuerza por los goles albiceleste que nunca van a llegar.
No hay reproches, hay una “empuje” de todos los sectores de la biblioteca. La Scaloneta no puede torcer el destino. Con el correr de los minutos, el empata parece un buen negocio, pero ni siquiera eso. Y encima después de eso se viene la prueba para algunos.
El final del encuentro mostró caras repletas de desilusión, lo que soñaban que iba a ser un día de fiesta en la patria futbolera no lo fue. Ahora, a esperar al sábado a las cuatro de la tarde cuando los jugadores salgan a cambiar la historia y a escribirla como la soñaron.

