La crisis económica pone en jaque a los salones infantiles

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El clásico festejo de cumpleaños en peloteros y salones infantiles, un ritual que se popularizó en el Área Metropolitana de Buenos Aires desde los años 90, hoy se convirtió en un lujo al alcance de cada vez menos familias. Según referentes del sector, las reservas cayeron en torno al 40% respecto del año pasado y muchos comercios de barrio ya bajaron la persiana de forma definitiva.
La combinación de alquileres comerciales por las nubes, fuertes subas en tarifas de luz, gas y agua, y el encarecimiento de alimentos e insumos básicos impactó de lleno en una actividad que venía golpeada desde la pandemia. Dueños de peloteros consultados coinciden en que atraviesan “el peor momento en años” y que, en muchos casos, sostienen sus locales casi a pérdida.
Luciano, propietario de un espacio infantil en el barrio porteño de Almagro, asegura que hace más de un año mantiene congeladas sus tarifas, pero aun así la demanda no se recupera. “Es muy probable que en diciembre cerremos, estoy cansado de remarla”, confiesa. Según explica, muchas familias optan por alternativas más económicas: juntarse en una plaza, organizar juegos al aire libre o ir al cine en grupo.
Cuánto sale hoy festejar en un pelotero del AMBA
En la Ciudad de Buenos Aires los precios muestran una fuerte dispersión, pero todos coinciden en algo: quedaron lejos de los bolsillos promedio. En zonas como Caballito, Palermo o Belgrano, un cumpleaños estándar —con uso del pelotero, coordinación de juegos y catering básico para los chicos— se ubica entre los $450.000 y los $690.000, según el día y el horario elegidos.
Algunos salones intentan resistir con promociones agresivas. Un establecimiento ofrece un servicio integral por $489.000, con márgenes mínimos de rentabilidad. Aun así, los dueños admiten que cuesta llenar las agendas y que el nivel de reservas está muy por debajo de otros años.
- Eventos estándar desde $450.000 en días de semana.
- Valores cercanos a $690.000 en horarios pico de sábado.
- Servicios “full” alrededor de $489.000, casi sin margen de ganancia.
Cumpleaños compartidos, menos extras y plazas llenas
Para no desaparecer, muchos salones flexibilizaron condiciones históricas. Se impuso la modalidad de “cumpleaños compartido”, en la que tres o cuatro compañeros de escuela celebran juntos y dividen los costos. Si bien algunos locales aplican un recargo por esta opción, se volvió una de las pocas vías para sostener la demanda.
También se recortaron servicios que antes sumaban valor al festejo, como cafetería libre y lunch para adultos. Hoy es frecuente que los padres lleven sus propios termos y que las gaseosas de primeras marcas sean reemplazadas por dispensers de jugos o sistemas en los que cada invitado paga lo que consume en la barra.
Fuera de los salones, la postal se traslada a los espacios públicos. Cada fin de semana, plazas y parques se llenan de mantas, mesas plegables, tortas caseras y juegos organizados por las propias familias. Muchos contratan animadores independientes por una fracción de lo que costaría un pelotero, marcando un cambio de hábitos forzado por la crisis pero que, según advierten los dueños de salones, amenaza la supervivencia de todo el sector.
“Este lugar fue el ingreso principal de mi familia durante muchos años, pero con la grave situación económica lo dejamos como algo secundario”, resume Gonzalo, administrador de un pelotero en Parque Chacabuco.
En medio de la caída del consumo y la migración hacia festejos más austeros, los peloteros quedaron en el centro de una discusión más amplia: cómo impacta la inflación en los rituales de la infancia y en la posibilidad de sostener pequeñas economías barriales que dependen del entretenimiento familiar.

