Cuánta plata necesita una familia para llegar a fin de mes

El costo de vida que enfrentan los hogares argentinos rumbo a 2026

Billetes de peso argentino y compras de supermercado

NewsITe

En un contexto de desaceleración inflacionaria pero con precios todavía en niveles históricos, la gran pregunta que se hacen millones de hogares es cuánta plata se necesita hoy para llegar a fin de mes en la Argentina y qué puede esperarse para 2026. Los últimos datos oficiales del INDEC y de la Dirección de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires permiten trazar una radiografía del costo de vida y de las exigencias económicas para no caer en la pobreza.

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Para una familia tipo integrada por dos adultos y dos chicos en edad escolar, el piso nacional para no ser considerada pobre se ubicó en $1.469.768, según la Canasta Básica Total (CBT) medida por el INDEC. Ese monto contempla alimentos, vestimenta, transporte, educación, salud y otros servicios esenciales. Cualquier ingreso por debajo de esa cifra ubica al hogar por debajo de la línea de pobreza.

Si se toman exclusivamente los alimentos indispensables para garantizar una nutrición mínima, la Canasta Básica Alimentaria trepó a $665.053 mensuales para ese mismo grupo familiar. Por debajo de ese umbral, la familia es considerada indigente. A esto hay que sumar un elemento clave: el INDEC no incluye el costo del alquiler, un gasto que, en las grandes ciudades, puede representar por sí solo una porción muy significativa del presupuesto mensual.

Qué significa ser “clase media” en la Ciudad de Buenos Aires

El panorama se complejiza aún más cuando se observan los datos de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, para que un hogar de cuatro personas sea considerado de clase media, sus ingresos debieron superar los $2.450.044 mensuales. Por debajo de ese monto, la estadística porteña diferencia varios escalones socioeconómicos con realidades bien distintas.

  • Menos de $844.146: hogares indigentes, que no logran cubrir la canasta alimentaria básica.
  • Entre $844.146 y $1.549.225: pobreza no indigente; alcanzan para comer, pero no para el resto de los servicios esenciales.
  • Entre $1.549.225 y $1.960.035: no pobres vulnerables; superan la canasta básica, pero un imprevisto puede empujarlos hacia abajo.
  • Entre $1.960.035 y $2.450.044: sector medio frágil; restringen consumos recreativos para sostener gastos corrientes.
  • De $2.450.044 a $7.840.142: clase media, con acceso a salud prepaga, educación privada y esparcimiento.

Este mapa de ingresos muestra que aun quienes se ubican técnicamente en la clase media muchas veces sienten un deterioro de su poder adquisitivo: llegan con lo justo, reducen vacaciones, postergan la compra de bienes durables y recortan consumos que hasta hace poco formaban parte de la vida cotidiana.

El peso de criar hijos y los gastos que no dan respiro

Otro indicador que gana relevancia es la Canasta de Crianza, que mide cuánto cuesta sostener a niños y adolescentes, incorporando tanto bienes materiales como el valor del tiempo de cuidado. Según el INDEC, el gasto mensual estimado por hijo alcanza cifras muy elevadas: $515.236 para menores de un año, $616.046 entre 1 y 3 años, $538.587 entre 4 y 5 años, y $676.431 para chicos de entre 6 y 12 años.

Mientras que en los más pequeños inciden sobre todo las horas de atención directa y los productos específicos (pañales, leche, medicamentos), en la infancia y la preadolescencia se suman con fuerza la indumentaria, los útiles, el transporte y las actividades escolares y extracurriculares. Todo esto se combina con otros rubros que concentran buena parte del presupuesto familiar.

  • Alimentos y bebidas, fuertemente impactados por la inflación de los últimos años.
  • Alquiler y gastos de vivienda, con subas por encima del promedio general.
  • Servicios públicos, transporte y conectividad (internet y telefonía).
  • Educación, salud e indumentaria, que completan el cuadro de gastos indispensables.

Para muchas familias, estos conceptos llegan a representar más del 80% de sus ingresos, dejando poco margen para el ahorro o el consumo discrecional.

Con la vista puesta en 2026, economistas y especialistas coinciden en que la gran incógnita pasa por la evolución de salarios, jubilaciones y prestaciones sociales frente a los aumentos de precios. Mientras no se consolide una mejora sostenida del poder adquisitivo, la planificación minuciosa de cada gasto seguirá siendo una práctica obligada para gran parte de la población, que pelea mes a mes por sostener su nivel de vida en una economía exigente.

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