Cuando los estereotipos de género moldean las actividades laborales de la población joven: la incidencia en Buenos Aires 

UN ESTUDIO DA CUENTA DE LAS RESTRICCIONES QUE CONLLEVA LA CARGA DEL TRABAJO DOMÉSTICO Y DE CUIDADOS NO REMUNERADOS

El trabajo titulado “Jóvenes bonaerenses en Foco” expone que el porcentaje de mujeres que no estudia ni trabaja casi duplica al de los varones (27,1% contra 17,6%,), mientras que ellas duplican a ellos en cuanto a tiempo diario dedicado a tareas de cuidado, no remuneradas: 5:46 horas contra 2:26. Esta situación, advierten, “limita las posibilidades de este grupo de acceder al mercado de trabajo, sobre todo en condiciones de formalidad”.

EPÍGRAFE. ILUSTRACIÓN. 

De la Redacción de EL NORTE
[email protected]

El trabajo, titulado “Jóvenes bonaerenses en Foco”, da cuenta de la persistencia de la brecha de género: el porcentaje de mujeres que no estudia ni trabaja casi duplica al de los varones (27,1% contra 17,6%,), mientras que ellas duplican a ellos en cuanto a tiempo diario dedicado a tareas de cuidado, no remuneradas: 5:46 horas contra 2:26. El documento,  elaborado por la Unidad de Género y Economía (UGE) del Ministerio de Economía provincial, analizó la situación de los 3.051.961 jóvenes que habitan los aglomerados urbanos de Buenos Aires, entre ellos el de San Nicolás – Villa Constitución.

El informe pone el foco en cómo los estereotipos de género moldean las actividades de los jóvenes. Mientras que el 49,8 por ciento de los varones se dedica exclusivamente a trabajar, solo el 35,3 por ciento de las mujeres se encuentra en esa situación. Por el contrario, la proporción de mujeres que no estudia ni trabaja de forma remunerada (27,1 por ciento) casi duplica a la de los varones.

Esta disparidad se explica por la carga del trabajo doméstico y de cuidados. En promedio, las mujeres jóvenes dedican 5:46 horas diarias a estas tareas, frente a las 2:26 horas de los varones, según el documento. Esta sobrecarga restringe el tiempo disponible para la formación y la inserción laboral, profundizando la vulnerabilidad en sectores de menores ingresos, donde el abandono escolar temprano se vincula, en las mujeres, con la necesidad de sostener las tareas reproductivas del hogar.

POLÍTICAS Y MERCADO 

El estudio destaca que “la atención sobre grupos particularmente vulnerables requiere atender a la cuestión de los cuidados”. “Entre las juventudes, el caso de las mujeres jóvenes que no estudian ni trabajan, en muchos casos debido a una amplia dedicación a tareas de cuidado, limita las posibilidades de este grupo de acceder al mercado de trabajo, sobre todo en condiciones de formalidad. Resulta clave, en este sentido, promover políticas públicas para una organización más justa de los cuidados, principalmente atendiendo al cuidado de niñeces y adultos/as mayores previendo la tendencia al envejecimiento de la población en el mediano plazo, y que contemplen la diversidad familiar (familias formadas por personas LGBTI, familias ensambladas, hogares monoma(pa)rentales enre otras). Esto incrementaría las posibilidades de que las personas jóvenes que realizan tareas de cuidado, sobre todo las mujeres, puedan disponer de más tiempo para la dedicación al trabajo remunerado o a su formación”, analiza.

DESDE NIÑAS Y ADOLESCENTES

La participación de las niñas en las actividades de cuidado comienza desde edades muy tempranas y se incrementa en su adolescencia, haciéndose más evidente en los hogares más pobres donde la brecha de cuidado en el hogar puede duplicarse, llegando a invertir al menos 14 horas más por semana a estas tareas que sus pares varones. Por su parte, los niños ocupan una mayor parte de su tiempo en actividades recreativas y de esparcimiento.  

En promedio, las niñas adolescentes dedican al menos una hora más diariamente, sumando siete a la semana, a trabajo doméstico y de cuidado, que sus pares varones, reveló un estudio realizado por UNICEF sobre el uso del tiempo entre los y las adolescentes en América Latina, que incluye a cinco países de la región: Argentina, Chile, Colombia, México y Uruguay. 

Entre los factores asociados al tiempo que le dedican los y las adolescentes a este tipo de trabajo se incluyen la presencia de niños o niñas menores de cinco años en el hogar, la falta de accesibilidad a servicios de cuidado infantil en la primera infancia, así como el grado de participación de sus padres o madres en el trabajo no remunerado, replicando patrones de desigualdad de género entre generaciones. 

“Desde muy pequeñas, muchas niñas y adolescentes de los hogares más vulnerables ya asumen de forma desproporcionada responsabilidades domésticas y de cuidado en el hogar que limitan su derecho a estudiar, jugar y desarrollarse plenamente. Estas desigualdades les quitan tiempo para ser niñas, y condicionan sus oportunidades en el presente y el futuro”, afirmó Roberto Benes, director regional de UNICEF para América Latina y el Caribe.

– Publicidad –
- Publicidad -
- Publicidad -
- Publicidad -