CRECEN LAS ESTAFAS Y HACKEOS A NICOLEÑOS A TRAVÉS DE WHATSAPP Y REDES SOCIALES

La oferta de dólares a precios irrisorios aparece como el anzuelo perfecto para estafadores que se escudan en las metodologías online. La usurpación de redes sociales y líneas de WhatsApp ponen en estado de alerta a nicoleños que encuentran mensajes sospechosos o posteos que nunca realizaron, en los que los ciberdelincuentes entablan conversaciones para buscar más víctimas. Cáritas San Nicolás fue afectada por esta modalidad.

Desde Cáritas inmediatamente advirtieron a sus seguidores para que no avance la estafa.

Carolina Mitriani
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Con metodologías cada vez más aceitadas, el «cuento del tío» se adapta a nuevas formas de comunicación. Los delincuentes se presentan en todos los escenarios posibles para resguardar su identidad y consumar las estafas.



Una vecina nicoleña padeció en horas pasadas una implantación de identidad de su cuenta de WhatsApp, cuando un sujeto desconocido se apropió de su imagen y nombre para delinquir. “Era un número de Buenos Aires; no robaron mi número original. Tomaron la foto de perfil de mi Facebook y se hicieron pasar por mí”, contó la damnificada a EL NORTE.

La nicoleña explicó: “Les escribieron a mis contactos diciendo «Hola, acá escribe ****. Este es mi nuevo número, agendalo»”. Ante el llamativo mensaje y una línea que no pertenecía a San Nicolás, personas de confianza advirtieron que algo sucedía. “A una amiga le pareció raro, así que preguntó cómo andaba. Ante una respuesta poco cálida, se dio cuenta inmediatamente de que no era yo. Con el que hablo a menudo, y me conoce mejor, se da cuenta. Pero lamentablemente hay gente que cae”, retrató.



Inmediatamente, quien padeció esta situación dio aviso a sus contactos de que no había modificado su número e instó a advertir si recibían algún mensaje que pudiera resultar sospechoso. Como primera impresión, la mujer notó que en “la forma de escribir se nota que es diferente”.

Cáritas, otra víctima

A través de redes sociales, puntualmente en Instagram, también sucedió un hecho que afectó a una institución local. Cáritas, en su diócesis de San Nicolás, encontró hace algunas horas a un intruso utilizando su canal de comunicación con la comunidad.

El posteo, que se mantuvo por unos 36 minutos, comunicaba en su intento de estafa a través de las historias “Buenas, necesito vender 400 Dolares urgente!! A 180 pesos.. interesados enviarme al privado!!”.



Cuando los administradores notaron que este mensaje estaba presente, quisieron ingresar a la cuenta y no lo lograron. Por lo tanto, realizaron el proceso de reseteo de contraseña vía mail para poder reingresar y cerrar la sesión que habían abierto los hackeadores.

Al término de este proceso, los encargados de redes de la institución hicieron un posteo aclaratorio, para evitar que quienes lo hayan visto caigan ante la estafa. “Atención ¡¡No somos nosotros, nos hackearon la cuenta!! Por favor, si vuelven a ver este tipo de publicaciones, no entren”, postearon de manera inmediata. Durante diciembre habían encontrado en la casilla de mensajes del mail mensajes de intentos de reseteo de claves; lo que da a suponer que los estafadores llevaban varios días en búsqueda del objetivo.

Desde Cáritas cuentan que, una vez restablecida la contraseña, pudieron continuar trabajando con total normalidad. Por tal motivo, invitan a que los vecinos persistan en contacto a través de sus habituales redes.



El equipo damnificado explicó a EL NORTE que el recurso es notoriamente precario, sobre todo por la modalidad de “charla” que los estafadores intentan entablar, donde se nota una expresión muy genérica y forzada.

Pishing

La metodología que arribó a San Nicolás y ya venía esparciéndose por todo el país es replicada a través de un proceso denominado como «pishing». Esto supone una suplantación de identidad, a través de la cual los estafadores cibernéticos captan de manera fraudulenta ciertos datos online de la persona para acceder a sus contactos y/o redes sociales.

En los pasos que no pudieron avanzar en el caso local, por el afortunado accionar del equipo de Cáritas, se llega a ofrecer una CBU a quien se muestre interesado en la oferta o ayuda. Claramente esta cuenta bancaria presenta los datos personales de otra persona, por lo que es preciso prestar atención a este detalle en caso de haber caído en la primera instancia.



Otras metodologías incluyen el envío de links (enlaces) de dudosa procedencia, anuncios que dan cuenta de haber ganado algún premio o pedidos urgentes de dinero ante un supuesto accidente o problema de salud, entre otros. También es constante la aparición, sobre todo a través del mail, de mensajes que hablan en nombre de empresas o entidades bancarias pidiendo datos personales. Es pertinente recordar que las instituciones, comercios y delegaciones gubernamentales no suelen solicitar información confidencial en vías informales. Frente a cualquier duda, lo ideal es acercarse a la sucursal más cercana e informar sobre el contacto.

Vías de denuncia

Existen diferentes vías de canalización de las denuncias. Una de ellas es a través de la oficina de cibercrimen, que trabaja en la fiscalía local. La Secretaría Especializada en Cibercrimen y Evidencia Digital del Departamento Judicial tiene su sede en Alem 114. Los damnificados, o quienes sospechen de la existencia de un delito de esta índole, también pueden acercarse a solicitar asistencia a cualquier comisaría de San Nicolás como puntapié para trazar las investigaciones correspondientes. Es importante poder aportar material de lo sucedido, por ejemplo, a través de capturas de pantalla y los datos telefónicos o bancarios que brinda el potencial estafador.



La creación de esta área específica se dio en el mes de marzo del 2021, ante la cantidad de alertas que recibía el Ministerio Público y Fiscal por parte de los nicoleños. Desde la oficina de cibercrimen han logrado colaborar con distintas UFI para –en equipo– dar con redes de grooming (acoso de menores de edad), casos de «sextorsión» (extorsiones bajo amenazas de viralización de contenido íntimo) y distribución de contenido de explotación sexual de menores (la mal denominada pornografía infantil), dentro del abanico de modalidades en las que tienen intervención para colaborar en la búsqueda de los responsables, que se escudan tras las metodologías online.

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