A la caída de la natalidad, se suma que desde 2021 las estadísticas demuestran un aumento en la maternidad de mujeres de entre 35-39 y 40-44 años, por diferentes factores: menos peso del mandato, falta de corresponsabilidad parental, retraso de la vida en pareja, búsqueda o necesidad de estabilidad económica y laboral, políticas públicas, acceso a información, métodos anticonceptivos y técnicas de reproducción asistida. También inciden factores económicos, sobre todo en el actual contexto en nuestro país.

De la Redacción de EL NORTE
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Argentina –al igual que otros países- muestra un crecimiento sostenido del número de mujeres que deciden ser madres a partir de los 35 o 40 años. Las estadísticas indican que a nivel mundial, el 40% de las mujeres tiene su primer hijo con más de 35 años. Esta tendencia responde a diversas cuestiones como el retraso de la vida en pareja, la búsqueda o necesidad de estabilidad económica y profesional, así como a políticas públicas, el acceso a información, métodos anticonceptivos y técnicas de reproducción asistida. También inciden factores económicos y educativos, sobre todo en el actual contexto en nuestro país.
Al mismo tiempo, cada vez surge en más investigaciones, la cuestión de que tener hijos pierde fuerza como mandato y ya no es un deseo universal ni una –o la única– forma de realización personal. Un estudio de Voices advierte que el 47% de las mujeres argentinas entre 18 y 24 años no contempla la maternidad en sus planes futuros, a la vez que el 16% del total de encuestadas no es madre ni planea serlo.
Cambio de paradigma
El doctor Agustín Pasqualini, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), consideró que “la sociedad actual está atravesando un cambio de paradigma en relación con la maternidad”. “Cada vez más mujeres sienten que no necesitan definir tempranamente si quieren o no ser madres. Hoy existe un proceso más reflexivo, en el que muchas eligen tomarse tiempo para decidir mientras desarrollan otros proyectos personales o profesionales”, indicó.
También es cierto que hay más gente que no quiere tener hijos, hay más gente que quiere tener menos hijos o los quiere tener un poco más tarde y que las mujeres avanzan en participación laboral, en más áreas de las que históricamente les fueron asignadas.
El deseo no lo es todo
En el análisis de porqué las mujeres que desean ser madres por primera vez o volver a serlo demoran la decisión, no se puede dejar de tener en cuenta la influencia que tienen en muchos casos las tareas de cuidado y de crianza, los hogares monomarentales y la violencia de género.
Los hogares monomarentales representan uno de cada diez en la provincia de Buenos Aires y han crecido sostenidamente entre 2010 y 2023. En contraste, los hogares nucleares y conyugales disminuyen.
El 84,3% de estos hogares tiene jefatura femenina. En la mayoría de los casos, las madres son las únicas responsables del sostenimiento económico y afectivo. El 61,4% tiene una sola persona aportante de ingresos y en casi todos los casos se trata de la jefa del hogar.
En términos de composición, la mitad de los hogares monomarentales tiene un solo hijo o hija, un tercio dos y casi un 18% tres o más. La proporción de madres solas aumenta significativamente en los sectores de menores ingresos, donde se combinan precariedad laboral, informalidad y falta de redes de apoyo.
La desigualdad se profundiza por la ausencia de corresponsabilidad de los progenitores: el 56 por ciento de los varones separados con hijos no cumple con la cuota alimentaria en nuestro país. La violencia económica y psicológica opera a veces en estas situaciones.
Menos nacimientos
Al mismo tiempo, cada vez nacen menos bebés en el mundo. Entre 2016 y 2022, el territorio nacional atravesó la caída de natalidad más profunda desde que existen registros oficiales. En apenas seis años, la cantidad anual de nacimientos se redujo un 37%, pasando de más de 770 mil a 495.295. Y en San Nicolás, entre 2015 y 2025, la natalidad se redujo un 42,3%. Fueron 2.654 los bebés nacidos vivos en 2015 y 1.530 en 2025. El punto más notable del descenso de la natalidad aparece en 2020, el año marcado por la pandemia.
Desde 2021, la tasa mayoritaria de nacimientos se produce en mujeres de 25 a 29 años y el segundo lugar lo ocupa la franja etaria de entre 30 y 34 años. También es posible observar un aumento en la maternidad de mujeres en el rango 35-39 y 40-44 años. En cambio, y afortunadamente, la maternidad en menores de 19 años va en claro descenso en los últimos 10 años.
La baja de la natalidad argentina es un fenómeno transversal, que se da en todas las clases sociales, aunque los sectores populares comenzaron el descenso desde índices de fecundidad históricamente más altos. El fenómeno también abarca a todo el territorio nacional.
Entre las madres con menor nivel educativo (hasta primaria completa), los nacimientos se redujeron un 77% desde 2005, mientras que en los niveles educativos superiores la disminución fue de solo un 7%. Estos datos reflejan que el cambio en las trayectorias reproductivas está estrechamente ligado al acceso a información, educación y posibilidades de autonomía económica.
Baja en adolescentes
Si bien la baja de la fecundidad se da en todas las franjas etáreas, hay un dato sobresaliente y alentador: la brusca disminución de la maternidad adolescente, explicada -entre otros motivos- por diferentes estrategias impulsadas tiempo atrás por los gobiernos como la inclusión en las aulas de la educación sexual integral, el reparto de métodos anticonceptivos gratuitos, la aprobación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y el Plan ENIA que fue desarticulado en el gobierno de Javier Milei.
En este punto se debe hacer un paréntesis para no dejar de mencionar que los abusos de menores no deberían ser naturalizados o invisibilizados en la estadística.
También las consejerías en salud sexual en hospitales y centros de atención primaria tuvieron su efecto en la mayor capacidad de decisión sobre los tiempos reproductivos producto de políticas de planificación familiar más activas. En términos sanitarios, esto implica la caída de la natalidad no refleja solamente menos nacimientos, sino embarazos más deseados y/o controlados.

