Crecen la desocupación y el trabajo en negro en la Argentina

NewsITe
La combinación de mayor desocupación y avance del empleo en negro ya afecta a unos 2 millones de personas en la Argentina, de acuerdo con los últimos datos oficiales del INDEC y estimaciones privadas. El deterioro se concentra en los últimos dos años, período en el cual el mercado laboral se volvió más precario y con menor cobertura de la seguridad social.
Según las cifras disponibles, la tasa de desocupación pasó del 5,7% al 7,5% de la población económicamente activa. Esto implica que actualmente hay alrededor de 1,7 millones de personas que buscan trabajo y no lo consiguen. En paralelo, el empleo total se reconfiguró hacia puestos más inestables, con salarios bajos y sin los beneficios propios de un trabajo registrado.
La tasa de empleo se redujo de 45,8% a 45%, lo que refleja que una porción menor de la población en edad de trabajar tiene hoy un puesto ocupado. Al mismo tiempo, la informalidad creció hasta representar cerca del 43% de las personas ocupadas. Proyectado a nivel país, esto se traduce en aproximadamente 13 millones de trabajadores registrados y unos 9 millones de empleados “en negro”, sin aportes jubilatorios ni cobertura de obra social.
Dentro del universo no registrado, algo más del 60% son asalariados sin registrar, mientras que el resto se compone de trabajadores por cuenta propia que facturan de manera irregular o trabajan sin encuadramiento legal. El fenómeno atraviesa tanto a sectores nuevos, vinculados a plataformas digitales, como a rubros tradicionales de la economía.
Sectores más afectados y pérdida de empleo registrado
Un informe de la consultora Invecq, elaborado sobre la base de datos del INDEC y citado por el diario Clarín, muestra que el incremento de la informalidad no se limita a las apps de reparto o transporte. El comercio sumó alrededor de 210.000 puestos informales, mientras que los empleos registrados privados en ese sector apenas crecieron en unos 4.000 puestos, lo que evidencia un corrimiento hacia formas de contratación más precarias.
La industria manufacturera también refleja esta tendencia: incorporó alrededor de 87.000 trabajadores no registrados, al mismo tiempo que perdió unos 63.000 empleos formales. Es decir, crece la actividad, pero sin que se traduzca en mayor trabajo de calidad. En el conjunto de la economía, los asalariados registrados del sector privado se redujeron en 182.000 puestos, mientras que en el sector público hubo una caída de 80.000 empleos registrados, lo que implica 262.000 puestos formales menos.
Calidad del empleo e impacto social
Economistas y especialistas en mercado laboral advierten que el problema ya no se limita únicamente a la falta de puestos, sino a la calidad de los empleos disponibles y a su capacidad para sostener ingresos suficientes frente a la inflación. La expansión del trabajo informal suele implicar jornadas extensas, menores salarios, inestabilidad y ausencia de protección frente a despidos o accidentes.
El ajuste en el mercado laboral, subrayan, se da así por dos vías: por cantidad, con más desocupación, y por calidad, con más precarización y pérdida de beneficios. Esta combinación agrava la situación social, aumenta la vulnerabilidad de los hogares y plantea un desafío mayúsculo para cualquier estrategia de reactivación económica que apunte a la creación de empleo genuino y registrado en los próximos años.
“El ajuste del mercado laboral no solo opera por la cantidad de empleo disponible, sino también por su calidad”, resumen los analistas, al advertir sobre el avance de la informalidad y la pérdida de puestos formales.
En este contexto, expertos coinciden en que serán clave las políticas de incentivo a la registración, la reducción de la brecha entre costos laborales y salarios de bolsillo, y el impulso a sectores con capacidad de generar empleos estables, con derechos y cobertura de la seguridad social.

