Avances en la identificación de víctimas del terrorismo de Estado

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El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) confirmó la identificación de seis personas desaparecidas cuyos restos fueron hallados en el predio militar conocido como La Perla, uno de los mayores centros clandestinos de detención de la última dictadura cívico-militar. El lugar, ubicado en la zona de La Calera, a unos 20 kilómetros de la ciudad de Córdoba, fue escenario de secuestros, torturas y desapariciones durante los años más oscuros del terrorismo de Estado.
En las últimas horas, el EAAF informó que logró poner nombre a restos que pertenecen a Eduardo Valverde y a una de las mellizas Carranza, identificada en los registros como Adriana o Cecilia. Debido a que eran mellizas, comparten un ADN prácticamente idéntico, por lo que aún no es posible determinar con exactitud a cuál de las dos corresponden las muestras óseas halladas. El caso revela la complejidad técnica y emocional que implica el trabajo de identificación de las víctimas.
Durante la misma semana se habían confirmado las identidades de Mario Nívoli, Raúl Ceballos, Ramiro Bustillo y Oscar Omar Reyes. De esta manera ya son seis las personas identificadas entre los doce cuerpos recuperados en ese ex centro clandestino de detención. Los estudios genéticos forman parte de una investigación judicial que encabeza el Juzgado Federal N° 3 de Córdoba, a cargo del magistrado Hugo Vaca Narvaja, en el marco de las causas por delitos de lesa humanidad.
Quiénes eran las víctimas recientemente identificadas
Eduardo Valverde era oriundo de Mendoza y estudiaba Derecho en la Universidad Nacional de Córdoba. Fue referente estudiantil, delegado de distintas federaciones universitarias y se destacó por su compromiso en la defensa de presos políticos. De acuerdo con la organización HIJOS, Valverde fue capturado el 24 de marzo de 1976, cuando se presentó a responder una intimación. Estaba casado y era padre de dos hijos varones, cuya búsqueda de verdad y justicia se extiende hasta hoy.
En el caso de las mellizas Carranza, ambas fueron secuestradas el 15 de mayo de 1976, cuando tenían apenas 18 años. De acuerdo al comunicado de HIJOS, el hallazgo de restos permitió identificar un diente perteneciente a una de ellas, aunque sin poder establecer con total precisión si corresponde a Adriana o a Cecilia. “Encontraron un diente, que pertenece a una de ustedes; no podemos saber a cuál. La vida nos da hoy una certeza importante, pero también una duda gigante”, expresó la organización, reflejando el impacto humano que acompañan estos avances científicos.
La Perla, de centro clandestino a espacio de memoria
La Perla funcionó como uno de los más grandes centros clandestinos de detención, tortura y exterminio del país. Estuvo bajo el mando del general Luciano Benjamín Menéndez y comenzó a operar en 1976, poco después del golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. Se estima que pasaron por allí alrededor de 2.500 personas, la mayoría de ellas desaparecidas.
- Se ubicaba en el kilómetro 12,5 de la Ruta 20, camino a Carlos Paz.
- Operó como engranaje central del circuito represivo en Córdoba y la región centro del país.
- Las víctimas eran mantenidas en condiciones clandestinas, sin registro legal de su detención.
- En su mayoría continúan desaparecidas, lo que vuelve clave la tarea del EAAF.
Hoy el predio se ha transformado en un sitio de memoria y promoción de los derechos humanos, con muestras permanentes, recorridos guiados y actividades educativas. El objetivo es preservar la memoria histórica, fortalecer las políticas de verdad y justicia y garantizar que los crímenes de lesa humanidad no vuelvan a repetirse.
Los nuevos avances en identificación genética constituyen un paso más en el largo camino de reparación para familiares y sobrevivientes, y consolidan el compromiso del Estado argentino con la memoria, la verdad y la justicia.
Las tareas del EAAF, sumadas a los juicios por delitos de lesa humanidad y a la labor de organismos de derechos humanos, permiten reconstruir historias truncas y dar respuestas, aunque parciales, a quienes durante décadas buscaron a sus seres queridos. Cada identificación no solo repara una biografía, sino que también refuerza la dimensión colectiva de la memoria sobre lo ocurrido en la última dictadura.

