El consumo muestra un tímido rebote, pero cambia la forma de comprar

NewsITe
El consumo masivo en la Argentina atraviesa una etapa de transición: después de varios meses de fuerte desaceleración, comienza a registrar un leve repunte, aunque acompañado por un cambio profundo en los hábitos de compra. Los supermercados continúan perdiendo terreno, mientras los hogares se vuelcan cada vez más a compras chicas y frecuentes en comercios de cercanía para poder administrar mejor un ingreso golpeado por la inflación y el aumento de tarifas.
El diagnóstico fue trazado por Damián Graziano, director comercial de Nielsen para Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay, quien definió el escenario como un momento de «brote verde» moderado. Según el ejecutivo, las mediciones de abril muestran que el canal supermercadista todavía no logra recuperarse y sigue exhibiendo caídas interanuales, en torno al 5% en el último bimestre.
En diálogo con el programa Economía 21, por Splendid AM 990, Graziano explicó que el leve rebote del consumo está impulsado principalmente por alimentos y bebidas. A diferencia de otros momentos, el movimiento no se concentra solo en golosinas o snacks, sino que empieza a abarcar productos básicos de la canasta, lo que indica una demanda algo más consolidada, aunque aún frágil.
Compras más chicas y más seguidas en el barrio
La recomposición parcial de las ventas convive con una fuerte reconfiguración del mapa comercial. Ante bolsillos ajustados, los consumidores abandonan la compra mensual grande en cadenas de supermercados y se orientan hacia almacenes de barrio, autoservicios y pequeños comercios. El objetivo es seguir de cerca el gasto, comparar precios y evitar grandes desembolsos de una sola vez.
De acuerdo con los datos relevados por Nielsen, los autoservicios muestran una dinámica de precios algo más moderada que la de los hipermercados y supermercados, lo que también contribuye a atraer clientes. Al mismo tiempo, el incremento de los gastos fijos —tarifas de luz, gas, transporte y otros servicios— deja menos margen para el consumo discrecional y empuja a una lógica de consumo «funcional», donde prima la necesidad por sobre el deseo.
Menos ingresos disponibles y reacomodamiento del comercio
Graziano remarcó que existe una correlación casi directa entre la suba de tarifas y la caída del consumo masivo: lo que antes se destinaba a productos en góndola ahora se canaliza hacia servicios básicos. Este corrimiento del gasto impacta en la actividad comercial y ya se traduce en cierres de puntos de venta: se estima que hay entre 600 y 700 tiendas menos en algunos rubros, como perfumerías, a nivel nacional.
La cautela no es exclusiva de los sectores medios y bajos. Incluso los segmentos de mayores ingresos, identificados como ABC1, no están impulsando el consumo cotidiano. En lugar de ampliar su gasto en bienes masivos, priorizan proyectos de mayor envergadura, como viajes, compra de vehículos o inversiones inmobiliarias, en un intento de preservar valor frente a la inestabilidad económica.
Tendencia regional y consumidor más sensible al precio
- El fenómeno de mayor sensibilidad al precio no es exclusivo de la Argentina, sino que se observa también en Brasil, Colombia, México y otros países de la región.
- Según datos del sector, alrededor del 35% de los consumidores tiene al precio como principal criterio de decisión, lo que desalienta la fidelidad a las marcas tradicionales.
- Esta conducta impulsa un proceso de «comoditización» del consumo: el producto importa más que la marca, y las promociones o precios de oportunidad ganan terreno.
“El consumidor se está yendo de la gran cadena, de la compra grande. Hoy el bolsillo está muy apretado y busca controlar el gasto”, resumió Graziano, al describir el avance de las compras de cercanía sobre el canal supermercadista.
En este contexto, el leve repunte del consumo convive con una estructura comercial en mutación, donde los supermercados siguen siendo el canal más golpeado y los comercios de barrio intentan capturar a un consumidor cada vez más racional, que mira el precio, fragmenta sus compras y prioriza llenar la alacena básica antes que sostener consumos aspiracionales.

