Construir o importar: cuánto cuesta una casa modular china frente a una vivienda tradicional

MERCADO INMOBILIARIO

Las unidades que comenzaron a ofrecerse en San Nicolás prometen reducir drásticamente los tiempos de ejecución, aunque el precio por metro cuadrado no necesariamente queda por debajo de una obra convencional. Con alternativas que van desde USD 35.000 hasta USD 138.000, la comparación obliga a considerar qué incluye cada sistema antes de determinar cuál resulta más conveniente.

De la Redacción de EL NORTE
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La llegada de viviendas modulares fabricadas en China abrió en San Nicolás una nueva comparación para quienes disponen de un terreno y evalúan construir. Frente al esquema tradicional de levantar una vivienda durante varios meses, contratar distintos rubros y comprar materiales a medida que avanza la obra, la alternativa importada propone adquirir una unidad prácticamente terminada y montarla sobre bases previamente preparadas.

La primera diferencia aparece en los tiempos, pero no necesariamente en el precio. Actualmente existen alternativas importadas cuyos valores parten de unos USD 35.000 y llegan hasta USD 138.000, dependiendo principalmente de la superficie, configuración y nivel de terminación. Todavía no existen antecedentes suficientes en San Nicolás para evaluar su desempeño a largo plazo como vivienda permanente.

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El costo por metro cuadrado permite una primera aproximación. Una unidad de 38 metros cuadrados valuada en USD 66.000 representa alrededor de USD 1737 por metro cuadrado. Esa cifra muestra que importar una vivienda modular no significa automáticamente acceder a una casa más económica.

Como referencia, Apymeco estimó en agosto un costo próximo a USD 1553 por metro cuadrado para una vivienda tradicional. Sin embargo, ese cálculo corresponde al costo directo de construcción y puede incrementarse al incorporar honorarios profesionales, permisos, impuestos, conexiones de servicios y otras terminaciones necesarias para dejar la propiedad completamente habitable.

La comparación, por eso, no puede limitarse a enfrentar ambos valores por metro cuadrado. En las viviendas modulares, una parte importante de las instalaciones, revestimientos, sanitarios, climatización y terminaciones forma parte del precio inicial, mientras que en la construcción tradicional varios de esos gastos aparecen progresivamente durante el desarrollo de la obra.

Tiempo vs. flexibilidad

Una de las mayores diferencias aparece en el plazo necesario para disponer de la vivienda. Desde el pedido de una unidad importada hasta su llegada pueden transcurrir aproximadamente cuatro meses y, una vez ubicada sobre el terreno, el montaje de la estructura puede completarse en pocas horas.

Eso no significa que pueda instalarse directamente sobre cualquier lote. Antes deben construirse las bases, prepararse las conexiones de electricidad, agua y desagües y realizarse las tareas necesarias para recibir la estructura. Esos trabajos representan costos adicionales que también deben incorporarse al presupuesto final.

La obra convencional demanda generalmente más tiempo y requiere coordinar albañiles, electricistas, plomeros y otros oficios. Además, cuando se extiende durante varios meses queda expuesta a modificaciones en los precios de materiales y mano de obra, una variable particularmente importante en períodos de inestabilidad económica.

A cambio, construir desde cero permite definir con mayor libertad la superficie, distribución de los ambientes, materiales y terminaciones. Las viviendas modulares parten de diseños industrializados y, aunque pueden ofrecer variantes, poseen límites mayores para realizar modificaciones estructurales.

Qué incluir en la cuenta

El precio publicado de una vivienda, sea modular o tradicional, no alcanza para establecer cuánto terminará costando vivir en ella. En ambos casos deben considerarse el terreno, las conexiones de servicios, permisos, trabajos exteriores y eventuales adaptaciones exigidas por las características del lote.

En las unidades importadas también adquiere importancia la demanda eléctrica. Los modelos disponibles pueden requerir niveles elevados de potencia debido a que buena parte de sus sistemas de climatización y funcionamiento depende de la electricidad. Esa característica obliga a comprobar previamente si la infraestructura disponible en el terreno resulta suficiente.

La vivienda convencional presenta otra ventaja vinculada con el mantenimiento. En San Nicolás existe una amplia disponibilidad de profesionales y trabajadores habituados a reparar instalaciones y estructuras tradicionales. En un sistema importado e industrializado, en cambio, determinadas piezas, aberturas o componentes pueden requerir soluciones específicas.

También permanece abierta una incógnita respecto de la conservación del valor de estas unidades. Mientras las viviendas de construcción tradicional poseen un mercado inmobiliario consolidado y referencias conocidas para tasaciones y reventa, la escasa presencia de módulos importados todavía no permite determinar cómo responderán en el mercado local después de varios años de uso.

¿Qué conviene?

Si el criterio principal es obtener el menor costo posible por metro cuadrado, las viviendas modulares que comenzaron a ofrecerse en San Nicolás no presentan por ahora una ventaja automática. El ejemplo de 38 metros cuadrados por USD 66.000 alcanza aproximadamente USD 1737 por metro cuadrado, por encima de algunas referencias de construcción tradicional antes de incorporar gastos adicionales.

La ecuación puede cambiar cuando se consideran otras variables. Una vivienda modular permite reducir considerablemente los tiempos de ejecución, conocer desde el comienzo una proporción importante del desembolso total y recibir una unidad con numerosas terminaciones ya realizadas. Para determinados compradores, esa previsibilidad puede compensar un precio por metro cuadrado similar o incluso superior.

Construir de manera convencional conserva ventajas diferentes. Permite adaptar completamente la vivienda al terreno y las necesidades familiares, realizar modificaciones durante la obra, elegir materiales y recurrir posteriormente a proveedores y trabajadores locales para mantenimiento o reformas.

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