Una investigación publicada en Nature Communications aportó pruebas de que Saxifraga candelabrum captura insectos, los digiere y absorbe sus nutrientes. El hallazgo respalda una sospecha planteada por Charles Darwin en el siglo XIX.

Una investigación publicada en la revista Nature Communications confirmó que Saxifraga candelabrum, una planta que crece en zonas alpinas de Asia, es capaz de atrapar, digerir y aprovechar los nutrientes de insectos. El hallazgo aporta evidencias que respaldan una hipótesis planteada por Charles Darwin hace 150 años, cuando sospechó que algunas especies del género Saxifraga podían presentar un comportamiento carnívoro, aunque no logró demostrarlo con los experimentos que realizó en el siglo XIX.
El estudio reunió experimentos de campo, análisis bioquímicos y estudios genéticos para demostrar que esta especie no solo captura pequeños insectos, sino que además obtiene de ellos nutrientes esenciales para sobrevivir en ambientes donde el suelo presenta una baja disponibilidad de recursos.
Saxifraga candelabrum crece en grietas de rocas y terrenos de montaña donde escasean los nutrientes. Sus hojas forman una roseta y sus tallos florales están cubiertos por pequeños pelos glandulares pegajosos capaces de retener insectos de reducido tamaño.
Las observaciones realizadas por los investigadores y el análisis de ejemplares conservados en herbarios permitieron comprobar que la planta captura principalmente pequeños mosquitos no picadores del grupo Chironomidae. En cambio, los insectos encargados de la polinización, como moscas verdes, moscas domésticas y abejas, casi nunca quedan atrapados, lo que permite que la reproducción de la especie continúe sin afectar la llegada de los polinizadores.
Experimentos confirmaron la digestión y absorción de nutrientes
Los científicos también evaluaron qué factores favorecen la captura de presas. Observaron que las plantas con mayor cantidad de ramas florales y una superficie pegajosa más extensa atrapaban más insectos. Además, realizaron pruebas cubriendo algunas plantas con vidrio para bloquear el aroma y otras con redes blancas para ocultar las flores. Los resultados mostraron que el olor floral desempeña un papel fundamental para atraer a las presas.
Para determinar si la planta únicamente retenía insectos o también los digería, el equipo utilizó una sustancia denominada ELF97, que reacciona ante determinadas enzimas. El análisis detectó actividad de fosfatasa en los pelos pegajosos de Saxifraga candelabrum, lo que indica que la planta puede descomponer los cuerpos de los insectos y aprovechar los nutrientes liberados, del mismo modo que otras plantas carnívoras.
La confirmación llegó con un segundo experimento. Los investigadores alimentaron ejemplares de la planta con insectos que contenían una versión marcada de nitrógeno. Tiempo después encontraron esa marca en distintos tejidos vegetales, especialmente en las flores, lo que confirmó que la especie absorbe realmente los nutrientes de las presas capturadas. En las plantas no carnívoras utilizadas como grupo de control esa marca nunca apareció.
La investigación también comparó ejemplares adultos, que poseen numerosas ramas florales y capturan una mayor cantidad de insectos, con plantas juveniles, que presentan pocas ramas y casi no retienen presas.
El análisis genético abre nuevas líneas de investigación
Además del trabajo de campo, el equipo secuenció y ensambló el genoma de Saxifraga candelabrum para compararlo con el de otras plantas carnívoras y especies no carnívoras.
El análisis permitió identificar familias de genes relacionadas con funciones esenciales para este tipo de alimentación, como la atracción de presas, la digestión y la absorción de nutrientes. Los investigadores también detectaron patrones de convergencia evolutiva en genes vinculados con la carnívoría vegetal.
Según el estudio, el hallazgo incorpora una nueva dimensión al conocimiento sobre la evolución de las plantas carnívoras. La confirmación de este comportamiento en una especie alpina, distinta de los ambientes húmedos donde suelen encontrarse otras plantas de este tipo, plantea la posibilidad de que la carnívoría esté más extendida entre las plantas con flores de lo que se creía hasta ahora.
La investigación también abre la puerta a revisar otras especies con características similares para profundizar el conocimiento sobre las estrategias evolutivas que permiten a las plantas adaptarse a ambientes con escasa disponibilidad de nutrientes.

