Cómo se desinflaron UCR, Coalición Cívica y Socialismo

Crisis de los partidos tradicionales: radiografía del derrumbe

Dirigentes de la UCR, la Coalición Cívica y el Socialismo en debate

NewsITe

La Unión Cívica Radical (UCR), la Coalición Cívica (CC) y el Partido Socialista (PS), fuerzas que durante años articularon la oposición al peronismo y llegaron a conformar experiencias como el Frente Amplio UNEN, atraviesan hoy una crisis profunda. La pérdida de competitividad electoral, el retroceso en el Congreso y la fuga de dirigentes hacia otros espacios son algunos de los síntomas más visibles de ese deterioro.

En el caso del radicalismo, el declive se aceleró tras su participación en Cambiemos, la coalición que llevó a Mauricio Macri a la presidencia en 2015. Desde entonces, la UCR fue cediendo protagonismo hasta quedar, a partir del 10 de diciembre de 2025, con apenas 6 diputados nacionales —frente a los 14 que tenía previamente— y 10 senadores bajo la conducción de Eduardo Vischi. Un volumen parlamentario muy lejano al peso histórico del partido centenario.

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Para la politóloga y docente universitaria Eugenia Soler, la crisis del radicalismo responde a una combinación de factores. Por un lado, menciona la creciente polarización del sistema político, que licúa las opciones de centro y empuja al electorado hacia propuestas más nítidas e ideológicamente marcadas. Por otro, señala la pérdida de una identidad clara, atravesada por internas con posiciones cada vez más difíciles de sintetizar en un proyecto común, lo que debilita su relato nacional.

La UCR, de polo antiperonista a socio menor

Históricamente, la UCR ocupó el lugar de principal alternativa al peronismo. Sin embargo, ese rol comenzó a erosionarse a partir de la crisis de 2001 y se profundizó con la irrupción de nuevas fuerzas como el PRO y, más recientemente, La Libertad Avanza (LLA). Estos espacios disputaron el voto antiperonista con mensajes más contundentes, dejando al radicalismo con estructura territorial y presencia institucional, pero con menor centralidad electoral y dificultades para ofrecer una propuesta diferenciada.

Desde FEED Consultora interpretan que este proceso es la fase actual de un desgaste prolongado. A su juicio, la UCR se transformó en un socio menor de coaliciones ajenas —como la Alianza y luego Cambiemos—, lo que le permitió mantener territorialidad a costa de vaciar su identidad. Cuando el electorado antiperonista encontró, entre 2023 y 2025, opciones más definidas, ya no vio razones para seguir eligiendo al partido como intermediario.

Coalición Cívica: decisiones estratégicas y aislamiento

La Coalición Cívica, cuyo eje histórico sigue orbitando alrededor de la figura de Elisa Carrió, también acusa el impacto de decisiones estratégicas fallidas. Dirigentes internos señalan como punto de inflexión el año 2022, cuando el espacio apostó en la Ciudad de Buenos Aires al entonces ministro de Salud Fernán Quirós, impulsado por Horacio Rodríguez Larreta, en lugar de promover una candidatura propia como la de Paula Oliveto.

La apuesta terminó mal: Quirós se bajó, el partido porteño cerró a regañadientes con Jorge Macri —ya criticado por la propia CC— y, según fuentes internas, “prácticamente no nos dejó lugares”. Las miradas se posan sobre el presidente del partido en la Ciudad, Claudio Cingolani, acusado de desoír a la militancia y de negociar acuerdos alejados de las banderas fundacionales, aunque la conducción real se sigue atribuyendo a Carrió y a sus decisiones personales.

En 2025, la CC profundizó su aislamiento al competir en soledad, sin tejer alianzas con partidos afines como la UCR de Martín Lousteau, el espacio de Larreta o Confianza Pública de Graciela Ocaña. De acuerdo con voces del lilismo, la negativa a negociar respondió, en parte, a diferencias personales de Carrió con Lousteau. El resultado fue contundente: alrededor del 2% de los votos tanto a nivel nacional como en la Ciudad, apenas 2 diputados nacionales hasta 2027 y un solo legislador porteño.

El retroceso del Socialismo y el impacto del nuevo clima político

El Partido Socialista también vive un repliegue significativo. Tras gobernar la provincia de Santa Fe de la mano de Hermes Binner y Miguel Lifschitz hasta 2019, hoy conserva espacios de poder básicamente por el acuerdo sellado con la UCR local que lidera el gobernador Maximiliano Pullaro. Aquella etapa de protagonismo nacional —con Binner como candidato presidencial en 2011, cuando quedó segundo detrás de Cristina Kirchner— contrasta con el presente de menor visibilidad.

Actualmente, el Socialismo intenta reconstruir una proyección nacional, con Esteban Paulón como una de sus figuras más relevantes. Sin embargo, su capacidad de incidir en la escena política argentina luce limitada y subordinada a alianzas provinciales antes que a un proyecto propio y competitivo en el plano nacional.

Desde FEED Consultora subrayan que la crisis de la UCR, la CC y el PS no se explica solo por malos resultados electorales, sino por un cambio estructural en el modo de representación política. En un escenario cada vez más polarizado, nacionalizado y personalista, estos partidos ofrecen una propuesta de “gradualismo institucional” que se vuelve difícil de leer para un electorado que ordena su voto más por identidades afectivas y liderazgos fuertes que por trayectorias partidarias clásicas.

Un votante moderado huérfano y el futuro de los partidos

Los analistas remarcan que el votante moderado no desapareció, pero dejó de encontrar en estos sellos un vehículo eficaz para canalizar sus demandas. Como graficó alguna vez Ernesto Sanz, se trata de una “mayoría huérfana” que no se siente representada ni por las opciones más radicalizadas ni por partidos tradicionales que perdieron densidad programática y capacidad de influencia.

El achicamiento de la UCR, la Coalición Cívica y el Socialismo puede leerse, entonces, menos como una derrota puntual y más como el agotamiento de una forma de hacer política: la del partido de masas del siglo XX, con estructuras rígidas y mediación programática, frente a nuevas maquinarias flexibles, de armado rápido y liderazgo directo. El gran interrogante hacia adelante es si estas fuerzas lograrán reconfigurarse y ofrecer un proyecto nítido para ese electorado desorientado, o si seguirán cediendo terreno en un tablero en permanente mutación.

“El achicamiento nos habla del agotamiento de una forma de hacer política frente a maquinarias de armado dinámico y liderazgo directo”, evaluaron desde FEED Consultora.

En un país acostumbrado a reconfigurar su sistema de partidos en ciclos de crisis, el desenlace de este proceso será clave para entender cómo se ordenará la oposición al peronismo y a las nuevas derechas en los próximos años.

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